La ciudad parecía distinta esa noche.
Las calles alrededor del Teatro Nacional estaban iluminadas con luces doradas que reflejaban en el pavimento húmedo. Autos negros llegaban uno tras otro dejando a invitados vestidos de gala frente a la alfombra roja.
El ambiente tenía algo de ceremonia.
Algo de espectáculo.
Algo de mundo al que Ramé no pertenecía.
Ella estaba parada a media cuadra del teatro con el cuello de su abrigo levantado y las manos en los bolsillos.
No había planeado venir.
Ni siquiera sabía exactamente por qué estaba ahí.
Pero después de leer la noticia sobre Elias Takahashi, algo dentro de ella no había dejado de inquietarla.
La duda.
La curiosidad.
Y, en algún lugar más profundo… el deseo de entender a Meraki.
Ramé miró el cartel gigante sobre la entrada del teatro.
El rostro de Elias dominaba la imagen.
Elegante.
Sereno.
Casi perfecto.
El nombre TAKAHASHI brillaba en letras doradas.
Ramé respiró profundamente.
Luego cruzó la calle.
El teatro
El interior del teatro era impresionante.
El techo alto estaba cubierto de frescos antiguos.
Las lámparas de cristal proyectaban luz cálida sobre los pasillos de mármol.
El murmullo del público llenaba el aire.
Personas de traje.
Vestidos largos.
Críticos de arte.
Periodistas.
Ramé se sentía fuera de lugar con su abrigo sencillo.
Pero nadie parecía prestarle demasiada atención.
Compró el boleto más económico disponible.
Asiento en el balcón superior.
Desde allí podía ver todo el escenario.
La sala se fue llenando lentamente.
La orquesta afinaba instrumentos en el foso.
El sonido de violines y chelos creando pequeñas notas sueltas que flotaban en el aire.
Ramé apoyó las manos en la barandilla del balcón.
Su corazón latía más rápido de lo que esperaba.
No sabía exactamente qué estaba buscando.
Pero algo en su intuición le decía que esa noche…
podría encontrar respuestas.
Las luces se apagaron lentamente.
El teatro quedó en silencio.
El telón comenzó a elevarse.
Elias
La música comenzó.
Suave.
Elegante.
Los primeros bailarines aparecieron en escena.
Movimientos precisos.
Coreografía impecable.
Ramé observaba con atención.
Era hermoso.
Pero entonces…
él apareció.
Elias Takahashi.
El público reaccionó inmediatamente.
Un murmullo de admiración recorrió el teatro.
Ramé entendió por qué en cuanto lo vio moverse.
Elias tenía algo especial.
No era solo técnica.
Era presencia.
Cada movimiento parecía cargar una historia.
Cada giro parecía detener el tiempo por un segundo.
Su cuerpo se movía con una elegancia natural.
Pero había algo más.
Algo en su mirada.
Una seguridad absoluta.
Como alguien que sabía exactamente quién era y qué lugar ocupaba en el mundo.
Ramé lo observaba sin parpadear.
Entonces ocurrió algo extraño.
Durante una secuencia particularmente intensa…
Elias ejecutó un giro largo.
Su mirada se elevó hacia el público.
Por una fracción de segundo…
sus ojos parecieron detenerse exactamente en el balcón donde estaba Ramé.
Fue solo un instante.
Pero Ramé sintió un escalofrío recorrer su espalda.
La coreografía continuó.
Saltos.
Elevaciones.
Transiciones perfectas.
Cuando terminó el acto…
el teatro estalló en aplausos.
El público se puso de pie.
Ovación.
Ramé también aplaudía.
Pero su mente estaba en otro lugar.
Porque mientras observaba los movimientos de Elias…
había notado algo.
Algo que la dejó inquieta.
Algunas secuencias.
Algunos gestos.
Algunas transiciones…
eran extrañamente familiares.
Exactamente iguales a movimientos que había visto en Meraki.
No similares.
Idénticos.
Tras bambalinas
Cuando terminó la función, Ramé salió del teatro con el resto del público.
Pero no se dirigió a la calle.
Siguió caminando hacia el lado del edificio donde estaba la entrada de artistas.
No sabía muy bien por qué.
Tal vez quería confirmar algo.
Tal vez solo quería irse.
Pero entonces vio algo.
Una puerta abierta.
Un pasillo iluminado.
Y dentro…
periodistas.
Cámaras.
Entrevistas.
Elias estaba allí.
De pie frente a los reporteros.
Su traje negro ahora reemplazaba el vestuario del escenario.
Seguía siendo elegante.
Seguro.
Un periodista habló.
—Elias, ¿cómo se siente volver a presentarse en esta ciudad?
Elias sonrió ligeramente.
—Es un honor.
Otra periodista levantó la mano.
—Tu carrera ha sido impresionante desde tu debut internacional.
—¿Alguna vez pensaste en dejar el ballet después de los problemas familiares que viviste en tu juventud?
Un silencio breve cayó en el grupo.
Ramé se quedó quieta en la sombra del pasillo.
Elias bajó ligeramente la mirada.
Cuando volvió a levantarla…
su expresión era perfectamente serena.
—El pasado es pasado.
Los periodistas asentían.
—Prefiero concentrarme en el arte.
Otro reportero intervino.
—¿Sigues en contacto con tu hermano?
Un segundo de silencio.
Elias sonrió.
Pero algo en esa sonrisa era distinto.
Más frío.
—No.
La respuesta fue breve.
—No tenemos relación.
Los periodistas siguieron con otras preguntas.
Pero Ramé ya no escuchaba.
Algo en su estómago se retorcía.
Porque mientras observaba a Elias…
algo no encajaba.