Maemuki

Capitulo 23 Lo que el hielo no puede ocultar

La pregunta de Meraki quedó suspendida entre ellos.

El hielo crujía suavemente bajo sus patines mientras el silencio crecía alrededor.

Ramé no respondió de inmediato.

No porque no quisiera.

Sino porque la respuesta que quería dar… y la respuesta que realmente sentía… no eran exactamente la misma.

Meraki la observaba.

Esperando.

Ramé finalmente habló.

—Quiero escucharlo de ti.

Meraki bajó la mirada hacia el hielo.

Por un momento pareció debatirse internamente.

Luego se impulsó lentamente hacia el centro de la pista.

—Patina.

Ramé frunció el ceño.

—¿Qué?

Meraki habló sin mirarla.

—Si vamos a hablar de esto…

se detuvo en el centro.

—prefiero hacerlo en el hielo.

Ramé dudó un segundo.

Luego se impulsó hacia él.

El hielo estaba completamente vacío.

Solo ellos.

Y el sonido suave de sus cuchillas deslizándose.

La historia que nadie escuchó

Meraki comenzó a patinar lentamente mientras hablaba.

Movimientos suaves.

Casi automáticos.

—Elias y yo entrenábamos en la misma academia en Tokio.

Ramé lo seguía a unos metros.

—Era la mejor academia del país.

Meraki continuó.

—Nuestro padre nos entrenaba personalmente.

Ramé levantó la mirada.

—¿Tu padre?

Meraki asintió.

—Era coreógrafo.

Sus movimientos se volvieron un poco más rápidos.

—Y quería que uno de nosotros fuera perfecto.

Ramé sintió un nudo en el estómago.

—¿Uno?

Meraki ejecutó un giro corto.

—No creía que dos hijos pudieran ser los mejores al mismo tiempo.

Ramé lo miró con atención.

—Entonces… ¿los hacía competir?

Meraki respondió con calma.

—Desde que teníamos seis años.

El silencio volvió.

Ramé sintió algo pesado en el pecho.

—Eso es cruel.

Meraki se encogió ligeramente de hombros.

—Era normal para nosotros.

Continuó patinando.

—Durante años… yo era el mejor.

Ramé no se sorprendió.

Podía imaginarlo.

Meraki tenía esa precisión.

Esa disciplina.

—Elias lo odiaba.

Ramé frunció el ceño.

—Pero anoche dijiste que él dijo que tú eras mejor.

Meraki soltó una pequeña risa amarga.

—Lo era.

Se detuvo.

Miró el hielo.

—Hasta que dejó de serlo.

Ramé esperó.

Meraki respiró lentamente.

—Había una audición importante.

Su voz era tranquila.

Pero había algo tenso debajo.

—Una compañía internacional estaba buscando nuevos bailarines.

Ramé escuchaba con atención.

—Elias estaba desesperado por conseguir ese lugar.

Meraki levantó la mirada.

—Nuestro padre también.

Ramé sintió un mal presentimiento.

—¿Qué pasó?

Meraki respondió sin emoción.

—La noche antes de la audición…

hizo una pausa.

—alguien dañó los zapatos de Elias.

Ramé se quedó quieta.

—¿Dañó?

Meraki asintió.

—La suela estaba cortada.

Ramé ya sabía lo que venía.

—Y te culparon a ti.

Meraki no respondió de inmediato.

—Elias dijo que me vio hacerlo.

El silencio cayó como una piedra.

Ramé sintió el corazón apretarse.

—¿Era mentira?

Meraki la miró.

Sus ojos estaban completamente serenos.

—Sí.

Ramé respiró profundamente.

—Entonces ¿por qué le creyeron?

Meraki respondió con la misma calma.

—Porque él lloró.

Ramé frunció el ceño.

—¿Qué?

Meraki continuó.

—Porque nuestro padre necesitaba creerle.

Hizo una pausa.

—Porque yo nunca supe defenderme.

Ramé sintió un nudo en la garganta.

—Meraki…

Pero él continuó.

—Me expulsaron.

Su voz no cambió.

—De la academia.

—De la compañía.

—De mi casa.

Ramé lo miraba sin poder decir nada.

—Mi familia dejó de hablarme.

Meraki ejecutó un pequeño giro.

—Elias consiguió el papel principal.

Ramé sintió rabia subir por su pecho.

—Eso es horrible.

Meraki respondió con tranquilidad.

—Es la vida.

Ramé negó con fuerza.

—No.

Sus ojos brillaban con emoción.

—Eso no es la vida.

Meraki se detuvo frente a ella.

—Entonces dime qué es.

Ramé lo miró directamente.

—Una injusticia.

Meraki la observó durante unos segundos.

Luego dijo algo que la sorprendió.

—Por eso dejé el ballet.

Ramé frunció el ceño.

—No.

Meraki negó.

—No lo dejé por la expulsión.

Ramé lo miró confundida.

—Entonces ¿por qué?

Meraki respiró profundamente.

—Porque el ballet me recordaba quién era antes.

El silencio volvió.

Ramé entendió.

El dolor.

La traición.

Todo lo que había perdido.

—Y el patinaje…

Meraki terminó la frase.

—Era un lugar donde nadie sabía quién era.

Ramé lo miró.

Y por primera vez entendió completamente algo.

Meraki no patinaba solo para ganar.

Patinaba para sobrevivir.

Algo cambia

Ramé dio un paso hacia él.

—Te creo.

Meraki levantó una ceja.

—¿Sí?

Ramé asintió.

—Sí.

Meraki la observó con atención.

—No deberías.

Ramé frunció el ceño.

—¿Por qué?

Meraki respondió con calma.

—Porque creer en las personas…

hizo una pausa.

—te vuelve vulnerable.

Ramé lo miró durante varios segundos.

Luego dijo algo que lo tomó por sorpresa.

—Tal vez.

Se encogió ligeramente de hombros.

—Pero también te hace humano.

Meraki no respondió.

Ramé dio otro pequeño paso hacia él.

—Meraki.

Él levantó la mirada.

Ramé habló con suavidad.

—No eres lo que dicen de ti.

El silencio entre ellos cambió.

Ya no era frío.

Ya no era tenso.

Era algo más profundo.

Más frágil.

Meraki finalmente habló.




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