Maemuki

Capitulo 24 Un lugar donde respirar

Los días después de la conversación en la pista fueron extraños.

No incómodos.

Pero tampoco simples.

Algo había cambiado entre Ramé y Meraki.

La rivalidad seguía ahí.

El campeonato se acercaba.

La presión del entrenador Duvall aumentaba cada día.

Pero ahora existía algo más debajo de todo eso.

Una comprensión silenciosa.

Un vínculo que ninguno de los dos mencionaba.

Una invitación inesperada

Era sábado por la mañana cuando Ramé se acercó a Meraki al final del entrenamiento.

El hielo estaba casi vacío.

La mayoría de los atletas ya se habían ido.

Meraki estaba quitándose los patines cuando Ramé habló.

—Tengo una pregunta.

Meraki levantó la mirada.

—Depende.

Ramé levantó una ceja.

—¿Depende de qué?

Meraki respondió con tranquilidad.

—De si va a complicar mi entrenamiento.

Ramé sonrió ligeramente.

—Tal vez.

Meraki suspiró.

—Entonces probablemente no.

Ramé se apoyó contra la barandilla.

—Quiero que vengas conmigo hoy.

Meraki frunció el ceño.

—¿A dónde?

Ramé respondió con naturalidad.

—Al viñedo.

Meraki se quedó quieto.

No esperaba eso.

—¿Por qué?

Ramé lo miró.

—Porque creo que necesitas respirar.

Meraki respondió inmediatamente.

—No lo necesito.

Ramé inclinó la cabeza.

—Sí lo necesitas.

Meraki guardó silencio.

Ramé continuó.

—Además…

hizo una pequeña pausa.

—mis tíos preguntaron por ti.

Meraki levantó una ceja.

—Eso es sospechoso.

Ramé rió suavemente.

—Les caíste bien.

Meraki no respondió.

Pero Ramé podía ver que estaba considerando la idea.

—Solo un día.

Meraki finalmente preguntó:

—¿Y el entrenamiento?

Ramé se encogió de hombros.

—Podemos entrenar mañana.

Meraki la observó unos segundos más.

Luego cerró su bolsa.

—Está bien.

Ramé sonrió.

—Perfecto.

El regreso al viñedo

El viaje fue más tranquilo que la primera vez.

La carretera se extendía entre colinas verdes y campos abiertos.

Ramé conducía con una tranquilidad natural.

El viento movía ligeramente su cabello mientras el sol de la tarde iluminaba el paisaje.

Meraki observaba por la ventana.

Había olvidado lo silencioso que podía ser el mundo fuera de la ciudad.

Durante varios kilómetros ninguno habló.

Luego Ramé rompió el silencio.

—¿Estás nervioso?

Meraki la miró.

—¿Por qué estaría nervioso?

Ramé sonrió ligeramente.

—Porque mis tíos pueden ser… intensos.

Meraki levantó una ceja.

—Ya lo noté.

Ramé rió.

—Eso significa que te gustaron.

Meraki no respondió.

Pero no lo negó.

La casa

La casa del viñedo apareció entre los árboles como un refugio antiguo.

Las paredes de piedra clara reflejaban la luz cálida de la tarde.

Las hileras de vides se extendían alrededor como un mar verde.

Cuando el coche se detuvo frente a la casa, la puerta principal se abrió.

Laurent apareció primero.

Su sonrisa era amplia.

—¡Ramé!

Ramé salió del coche.

—Hola, tío.

Laurent la abrazó con fuerza.

Luego miró hacia Meraki.

—Y el invitado misterioso.

Meraki salió del coche con cierta rigidez.

Laurent caminó hacia él.

—Meraki Takahashi.

Extendió la mano.

Meraki la estrechó.

—Gracias por recibirme otra vez.

Laurent sonrió.

—Esta casa siempre tiene espacio para quien lo necesite.

Detrás de él apareció Adrien.

Más tranquilo.

Pero con la misma mirada cálida.

—Pensamos que tal vez no volverías.

Meraki respondió con sinceridad.

—Yo también lo pensé.

Adrien sonrió.

—Entonces nos alegra que hayas cambiado de opinión.

Ramé observaba la escena con una pequeña sonrisa.

La tarde

Pasaron la tarde entre el viñedo y la casa.

Laurent les mostró una nueva sección de vides que estaban cultivando.

Adrien explicó el proceso de fermentación del vino.

Ramé ayudaba en pequeñas tareas como si fuera lo más natural del mundo.

Meraki observaba todo con atención.

Había algo profundamente tranquilo en ese lugar.

Algo que no existía en la ciudad.

Cuando el sol comenzó a bajar, los cuatro se sentaron en una mesa larga en el patio trasero.

La luz dorada iluminaba el campo.

Laurent sirvió vino en las copas.

—Solo un poco para celebrar la visita.

Ramé levantó su copa.

—¿Celebrar qué?

Laurent sonrió.

—Que Meraki volvió.

Meraki bajó la mirada ligeramente.

No estaba acostumbrado a ese tipo de gestos.

Adrien lo observó con calma.

—Ramé nos contó sobre el campeonato.

Meraki levantó la mirada.

—Sí.

Adrien apoyó los brazos sobre la mesa.

—La competencia puede ser brutal.

Meraki asintió.

—Lo es.

Laurent intervino.

—Pero no olvides algo importante.

Meraki lo miró.

—¿Qué?

Laurent sonrió.

—Tu valor no depende de ganar.

Meraki permaneció en silencio.

Esa idea le resultaba extraña.

Adrien continuó.

—Nosotros lo aprendimos de la manera difícil.

Ramé bajó la mirada por un segundo.

Meraki recordó lo que ella había dicho sobre ellos.

Su carrera en el ballet.

La cancelación.

La pérdida.

Laurent levantó su copa.

—A veces perder algo te lleva exactamente al lugar donde debes estar.

Meraki miró el paisaje.

El viñedo.

La casa.

Las risas suaves de Ramé mientras hablaba con Adrien.

Y por un momento…

sintió algo que no había sentido en muchos años.

Paz.

La noche

Más tarde, después de la cena, Ramé salió al patio.




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