El beso no se repitió esa noche.
Ni al día siguiente.
Ni siquiera se mencionó.
Pero estaba ahí.
Entre Ramé y Meraki.
Invisible.
Pero imposible de ignorar.
El día después
El complejo de entrenamiento estaba lleno desde temprano.
Atletas.
Entrenadores.
Periodistas ocasionales que buscaban alguna declaración sobre el campeonato internacional que se acercaba.
Ramé llegó primero.
Su bolso colgaba de un hombro mientras caminaba por el pasillo que conducía a los vestidores.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
Pero su mente no lo estaba.
Lo besé.
La frase volvía una y otra vez.
Besé a Meraki.
Ramé se detuvo frente a su casillero.
Intentó concentrarse en lo cotidiano.
Abrir la mochila.
Guardar la chaqueta.
Amarrar sus patines.
Pero cada pequeño gesto se sentía extraño.
Porque una parte de su mente seguía en la pista de hielo de la noche anterior.
Recordando.
La forma en que Meraki la había mirado.
La forma en que su voz había cambiado.
La sensación cálida de sus labios.
Ramé cerró los ojos por un segundo.
Concéntrate.
Hay una competencia en tres semanas.
Esto no puede distraerte.
Pero entonces otro pensamiento apareció.
¿Y si no quiero que sea una distracción?
Ramé abrió los ojos inmediatamente.
No.
Eso sería un desastre.
En ese momento la puerta del vestidor se abrió.
Ramé levantó la mirada.
Meraki entró.
Por un segundo ambos se quedaron quietos.
Sus miradas se encontraron.
El recuerdo del beso regresó con una intensidad casi incómoda.
Meraki fue el primero en apartar la mirada.
—Buenos días.
Ramé respondió con naturalidad forzada.
—Buenos días.
Ambos comenzaron a prepararse en silencio.
Meraki pensaba exactamente lo mismo que ella.
No debería haber pasado.
No porque hubiera sido un error.
Sino porque lo complicaba todo.
Ramé Laurent.
La única persona que realmente lo entendía.
La única que había visto su lado más vulnerable.
Y ahora…
también la persona contra la que tendría que competir.
Esto va a ser un problema.
Pero antes de que pudiera pensar más…
la puerta del vestidor se abrió de golpe.
Un asistente del complejo apareció.
—Ramé.
Ella levantó la mirada.
—¿Sí?
—Te están buscando.
Ramé frunció el ceño.
—¿Quién?
El asistente dudó.
—La prensa.
Ramé se quedó quieta.
—¿La prensa?
Meraki también levantó la mirada.
Algo no estaba bien.
La noticia
El pasillo principal estaba lleno de periodistas.
Cámaras.
Micrófonos.
Luces.
Ramé se detuvo en seco.
—¿Qué está pasando?
Un reportero se acercó inmediatamente.
—Ramé Laurent, ¿es cierto que tienes una relación con Meraki Takahashi?
Ramé sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué?
Otro periodista habló.
—¿El romance entre rivales es real?
Meraki apareció detrás de ella.
Los flashes de las cámaras se multiplicaron.
—Meraki, ¿puedes confirmar la relación?
—¿El beso ocurrió después del entrenamiento de anoche?
El corazón de Ramé se aceleró.
¿Cómo saben eso?
Meraki también parecía sorprendido.
Pero su rostro permanecía controlado.
—No vamos a responder preguntas.
Un reportero levantó una tableta.
—Entonces ¿pueden explicar esto?
En la pantalla había una imagen.
Ramé sintió un golpe en el pecho.
Era una fotografía.
Tomada desde la grada oscura de la pista.
Ella y Meraki.
Besándose.
El silencio en el pasillo se volvió absoluto.
Ramé sintió un calor incómodo subirle por el cuello.
Alguien nos vio.
Meraki apretó ligeramente la mandíbula.
Maldita sea.
Un periodista habló.
—La imagen ya está circulando en redes deportivas.
Otro añadió.
—Muchos analistas dicen que esto podría afectar la competencia.
Ramé respiró profundamente.
Esto es exactamente lo que no necesitaba.
Meraki dio un paso adelante.
Su voz fue firme.
—No vamos a comentar nada.
Tomó el brazo de Ramé suavemente.
—Permiso.
La guió lejos de los periodistas.
Pero las cámaras siguieron capturando cada movimiento.
La intervención de Duvall
Cuando llegaron al interior del complejo, Duvall ya los esperaba.
Su expresión era dura.
—Mi oficina.
No fue una invitación.
Ramé y Meraki lo siguieron en silencio.
Cuando la puerta se cerró, Duvall dejó un periódico deportivo sobre la mesa.
La foto del beso ocupaba media portada.
El titular decía:
“Rivales en el hielo, amantes fuera de él.”
Ramé sintió una mezcla de vergüenza y frustración.
Duvall habló con calma peligrosa.
—¿Quieren explicarme esto?
Meraki respondió primero.
—No hay nada que explicar.
Duvall levantó una ceja.
—Claro que lo hay.
Miró a Ramé.
—Están a semanas de una competencia internacional.
—Y deciden comenzar una relación.
Ramé respondió con firmeza.
—Nuestra vida personal no afecta nuestro entrenamiento.
Duvall la miró directamente.
—Te equivocas.
Señaló el periódico.
—Esto ya lo afectó.
El silencio cayó en la habitación.
Duvall suspiró.
—A partir de hoy…
hizo una pausa.
—no entrenarán juntos.
Ramé frunció el ceño.
—¿Qué?
Duvall fue claro.
—Horarios separados.