El complejo de entrenamiento estaba completamente vacío.
Las luces principales ya estaban apagadas y solo quedaban encendidas algunas lámparas laterales que iluminaban la pista con una luz suave, casi azulada.
Era pasada la medianoche.
La mayoría de los atletas dormían.
Los entrenadores no regresarían hasta la mañana.
Y el reglamento impuesto por Duvall era claro:
Ramé y Meraki no podían entrenar juntos.
Pero aun así…
la puerta lateral del complejo se abrió con cuidado.
Ramé entró primero.
Llevaba una sudadera oscura y una mochila pequeña al hombro.
Sus pasos resonaban suavemente en el pasillo vacío.
Su corazón latía rápido.
Esto es una pésima idea.
Pero no se detuvo.
Porque había algo que le resultaba todavía peor.
Entrenar sola.
Pensar en Meraki todo el tiempo.
Y fingir que lo que había pasado entre ellos no existía.
Ramé llegó a la pista y se detuvo frente al hielo.
Durante un momento pensó que tal vez Meraki no vendría.
Tal vez fue mejor así.
Pero entonces escuchó pasos detrás de ella.
Se dio la vuelta.
Meraki estaba ahí.
Su expresión era tranquila.
Pero sus ojos tenían esa intensidad silenciosa que ella conocía tan bien.
—Pensé que no vendrías.
Ramé levantó una ceja.
—Tú tampoco deberías estar aquí.
Meraki dejó su mochila en la banca.
—Y sin embargo estamos.
Ramé soltó una pequeña risa.
—Supongo que somos malos siguiendo reglas.
Meraki respondió con una calma irónica.
—Solo las reglas inútiles.
El entrenamiento secreto
El hielo estaba completamente liso.
Perfecto.
Ramé se puso los patines lentamente.
Meraki ya estaba en el hielo cuando ella terminó.
Se movía con suavidad.
Sin música.
Sin coreografía.
Solo patinando.
Ramé lo observó.
Había algo hipnótico en la forma en que se movía.
Como si el hielo fuera una extensión natural de su cuerpo.
¿Cómo puede alguien patinar así incluso cuando no está entrenando?
Meraki notó su mirada.
—¿Vas a quedarte ahí o vas a patinar?
Ramé entró al hielo.
—Relájate, Takahashi.
—Solo estaba admirando a mi rival.
Meraki levantó una ceja.
—Eso suena sospechoso.
Ramé sonrió.
—Tal vez lo es.
Durante la siguiente hora entrenaron juntos.
Pero no era un entrenamiento normal.
No había entrenador corrigiendo.
No había presión externa.
Solo ellos.
Saltos.
Giros.
Risas ocasionales cuando alguno cometía un error absurdo.
En un momento Ramé falló un aterrizaje y casi cayó.
Meraki la sostuvo antes de que tocara el hielo.
Sus manos quedaron en su cintura.
Ambos se quedaron quietos.
El recuerdo del beso regresó como una chispa silenciosa.
No hagas esto otra vez.
Pensó Meraki.
Pero tampoco se apartó inmediatamente.
Ramé sintió el calor de sus manos incluso a través de la tela de su sudadera.
Esto no ayuda a la concentración.
Finalmente ella se separó.
—Gracias.
Meraki respondió con tranquilidad.
—De nada.
Pero el momento quedó flotando entre ellos.
La provocación pública
A la mañana siguiente el complejo estaba lleno de periodistas otra vez.
Las noticias del beso no se habían calmado.
Al contrario.
La historia se estaba volviendo más grande.
“Romance en el hielo.”
“Rivales enamorados antes del campeonato.”
Ramé intentaba ignorarlo.
Pero era imposible.
Mientras caminaba hacia la pista para su horario de entrenamiento…
escuchó una voz detrás de ella.
—Ramé Laurent.
Se detuvo.
Sabía quién era antes de girarse.
Elias Takahashi.
Estaba rodeado de periodistas.
Su sonrisa era perfecta.
Demasiado perfecta.
—Buenos días.
Ramé cruzó los brazos.
—¿Necesitas algo?
Elias inclinó ligeramente la cabeza.
—Solo quería felicitarte.
Ramé frunció el ceño.
—¿Por qué?
Elias sonrió más.
—Por tu excelente estrategia.
Los periodistas levantaron sus micrófonos inmediatamente.
Ramé sintió que algo no estaba bien.
—¿Estrategia?
Elias respondió con voz suave.
—Claro.
Miró a las cámaras.
—Acercarte a mi hermano justo antes del campeonato.
Hizo una pausa.
—Es inteligente.
El murmullo de los periodistas aumentó.
Ramé sintió la ira subirle por el pecho.
Este hombre es increíble.
—No tengo estrategias.
Elias levantó las cejas con una expresión inocente.
—¿No?
Miró nuevamente a los periodistas.
—Entonces supongo que el beso fue un accidente.
Ramé apretó los dientes.
—No te metas en mi vida.
Elias respondió con tranquilidad peligrosa.
—Ya está en las noticias.
El silencio se volvió tenso.
Elias dio un paso más cerca.
—Solo espero que no estés distrayendo a Meraki.
Sus ojos eran fríos ahora.
—Porque él ya tiene suficiente dificultad concentrándose.
Ramé dio un paso hacia él.
—Escúchame bien.
Su voz era firme.
—Tu problema es con él.
—No conmigo.
Elias sonrió lentamente.
—Oh, Ramé.
Su tono cambió.
—Ahora también es contigo.
El llamado del viñedo
Esa noche Ramé recibió una llamada.
Era Laurent, su tío.
—Ramé.
Su voz sonaba preocupada.
—Vimos las noticias.
Ramé suspiró.
—Tío…
—No pasa nada.
Laurent habló con calma.
—Solo queremos verte.
Hubo una pausa.
—Y también queremos hablar con Meraki.