Maemuki

Capitulo 30 La verdad que corta más que el hielo

El aire frente al complejo deportivo estaba cargado de tensión.

No era solo por la competencia internacional que se acercaba.

Era por algo más.

Algo que ya había dejado de ser un simple rumor deportivo.

Ahora era un escándalo.

Cámaras.

Micrófonos.

Periodistas de deportes, espectáculos y hasta medios internacionales se habían reunido frente al edificio principal.

Los titulares seguían creciendo:

“El triángulo del hielo.”
“Rivales enamorados antes del campeonato.”
“Los hermanos Takahashi enfrentados.”

Pero la mayoría de las personas aún no sabía que la historia estaba a punto de volverse mucho más oscura.

El encuentro inevitable

Meraki llegó temprano al complejo.

Había dormido poco.

Muy poco.

La conversación en el viñedo seguía repitiéndose en su mente.

La foto.

El asistente de Elias.

La manipulación.

Pero lo que más le molestaba no era la prensa.

Era el recuerdo de la sonrisa de su hermano.

Esa sonrisa que siempre aparecía cuando sabía que tenía el control.

Meraki caminó por el pasillo principal.

Su mente estaba concentrada en una sola cosa.

Entrenar.

Competir.

Ganar.

No pienses en él.

Pero cuando dobló la esquina hacia la pista principal…

se detuvo.

Porque Elias Takahashi estaba ahí.

De pie frente al hielo.

Esperándolo.

El complejo estaba casi vacío aún.

Solo algunos empleados organizaban el lugar.

Pero el silencio se volvió pesado de inmediato.

Elias sonrió lentamente.

—Buenos días, hermano.

Meraki no respondió.

Sus manos se tensaron ligeramente.

—No somos hermanos.

Elias soltó una pequeña risa.

—Eso es dramático.

Meraki dio un paso hacia adelante.

—¿Qué quieres?

Elias inclinó la cabeza.

—Hablar.

Meraki negó.

—No tenemos nada que decirnos.

Elias suspiró.

—Siempre fuiste así.

Sus ojos se volvieron fríos.

—Evitas las conversaciones difíciles.

Meraki sintió la ira subir por su pecho.

—¿Como la conversación sobre la mentira que dijiste cuando éramos niños?

El silencio se volvió más pesado.

Elias no pareció afectado.

—Ah.

—Eso.

Meraki dio otro paso.

—¿Por qué lo hiciste?

Por primera vez en años…

Meraki estaba diciendo en voz alta lo que lo había perseguido durante tanto tiempo.

Elias lo miró con calma.

—Porque funcionó.

La respuesta fue tan fría que por un momento Meraki no supo qué decir.

Elias continuó.

—Yo necesitaba ganar.

—Tú estabas en mi camino.

Meraki sintió algo romperse dentro de su pecho.

—Entonces admites que mentiste.

Elias levantó ligeramente los hombros.

—No importa ahora.

Ese fue el momento.

El momento en que Meraki perdió el control.

Sus manos se cerraron en puños.

Y antes de que su mente pudiera detenerlo…

lo empujó.

El golpe no fue fuerte.

Pero fue suficiente para romper la calma.

Elias retrocedió un paso.

Los dos hombres se quedaron frente a frente.

La tensión era eléctrica.

—¿Eso te hace sentir mejor?

Preguntó Elias con una sonrisa pequeña.

Meraki habló con voz baja.

—No vuelvas a acercarte a Ramé.

Elias rió suavemente.

—Ah.

—Así que ese es el problema.

Sus ojos brillaron con algo cruel.

—La chica.

Meraki apretó los dientes.

—No la uses en tu juego.

Elias dio un paso hacia él.

—Todo es un juego.

Y entonces ocurrió.

Meraki lo golpeó.

Un puñetazo directo.

Elias cayó contra la barandilla del hielo.

El sonido resonó en la pista vacía.

Durante un segundo todo quedó en silencio.

Luego Elias se limpió la sangre del labio.

Y sonrió.

—Ahora sí empezamos a hablar.

La llegada de la prensa

Lo que ninguno de los dos sabía…

era que afuera del complejo había periodistas esperando.

Y uno de ellos había visto parte del enfrentamiento a través de la puerta de vidrio.

En minutos…

las cámaras comenzaron a moverse.

Cuando Meraki salió del edificio…

los flashes explotaron a su alrededor.

—¡Meraki!
—¿Golpeaste a tu hermano?
—¿Es cierto que la rivalidad es personal?

Meraki no dijo nada.

Pero entonces la puerta se abrió detrás de él.

Y Ramé apareció.

Había escuchado todo.

Había visto parte del enfrentamiento.

Y cuando vio la expresión de Meraki rodeado por periodistas…

algo dentro de ella decidió actuar.

Un reportero habló inmediatamente.

—Ramé, ¿qué opinas del comportamiento violento de Meraki?

Ramé caminó hacia adelante.

Directo hacia las cámaras.

—Opino que están haciendo las preguntas equivocadas.

El silencio cayó sobre el grupo de periodistas.

Ramé continuó.

—¿Por qué nadie pregunta qué provocó esta situación?

Un periodista levantó su micrófono.

—¿Estás defendiendo a Meraki?

Ramé respondió sin dudar.

—Sí.

Los murmullos comenzaron inmediatamente.

—¿Incluso después de lo que pasó?

Ramé sostuvo la mirada de la cámara principal.

—Especialmente después de lo que pasó.

Meraki la miró sorprendido.

Ramé continuó.

—Meraki no es una persona violenta.

Su voz era firme.

—Pero todos tienen un límite.

Un periodista preguntó:

—¿Estás diciendo que Elias provocó el conflicto?

Ramé no apartó la mirada.

—Estoy diciendo que la historia que conocen no es completa.

Elias apareció en la puerta en ese momento.

Su labio aún tenía un pequeño corte.

Pero su sonrisa seguía intacta.

—Oh.




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