Maemuki

Capitulo 32 Bajo las luces del mundo el hielo no olvida

El estadio parecía un universo propio.

Las luces colgaban del techo como un cielo artificial, blancas, intensas, proyectando reflejos que hacían que la superficie del hielo brillara como si fuera cristal recién pulido.

Miles de personas ocupaban las gradas.

Banderas.

Cámaras.

Pantallas gigantes.

El murmullo colectivo de la multitud tenía una energía particular, una mezcla de emoción y expectativa que vibraba en el aire.

Era el Campeonato Mundial de Patinaje.

El momento que cada atleta había estado esperando durante años.

Pero para Ramé Laurent y Meraki Takahashi, esa noche significaba algo todavía más profundo.

No era solo una competencia.

Era el final de una historia que había comenzado mucho antes.

Una historia de rivalidad, de heridas, de orgullo… y de verdades que finalmente habían salido a la luz.

El túnel hacia el hielo

Los competidores esperaban en el túnel que conducía a la pista principal.

El aire era frío.

Silencioso.

Solo se escuchaba el roce ocasional de las cuchillas contra el suelo y las respiraciones controladas de los atletas.

Ramé estaba sentada en una banca, inclinada hacia adelante mientras ajustaba los últimos detalles de sus patines.

Sus dedos se movían con precisión automática.

Había hecho ese mismo gesto miles de veces.

Pero esa noche sentía algo diferente.

No era miedo.

Era una tensión eléctrica que recorría su cuerpo.

Levantó la mirada.

Meraki estaba de pie a unos metros.

Su expresión era tranquila.

Pero Ramé ya había aprendido a leerlo.

Sabía que esa calma escondía un océano entero de pensamientos.

Se levantó y caminó hacia él.

—Oye.

Meraki giró ligeramente la cabeza.

—¿Sí?

Ramé cruzó los brazos.

—Quiero decir algo antes de salir.

Meraki arqueó una ceja.

—Eso suena serio.

Ramé respiró profundamente.

—No importa quién gane esta noche.

Hizo una pausa breve.

—Pero quiero que sepas que patinar contra ti es lo más difícil que he hecho.

Meraki la observó en silencio.

Ramé continuó:

—Y también lo mejor.

Meraki sonrió ligeramente.

No era una sonrisa arrogante ni competitiva.

Era algo más sincero.

—Podría decir exactamente lo mismo.

Ramé rodó los ojos con una pequeña risa.

—Eso suena como si estuvieras copiando mi discurso.

Meraki respondió:

—Tal vez.

Luego su tono cambió apenas un poco.

—Pero también significa que tenemos que dar lo mejor.

Ramé asintió.

—Exactamente.

Durante un segundo se miraron en silencio.

Había respeto.

Desafío.

Y algo más que ninguno de los dos mencionaba en voz alta.

En otra parte del estadio

En un palco privado, Elias Takahashi observaba la pista.

A su lado había varios patrocinadores y miembros del comité deportivo internacional.

Todos hablaban entre sí, comentando el escándalo reciente que había rodeado a los hermanos.

Pero Elias apenas escuchaba.

Su mirada estaba fija en la pantalla donde aparecía la lista de competidores.

Meraki Takahashi.

Durante un momento su expresión se volvió más fría.

La revelación de Akira había complicado las cosas.

La narrativa que había construido durante años se había fracturado frente a los medios.

Pero Elias no era una persona que aceptara derrotas fácilmente.

De hecho…

en su mente, esto apenas era el comienzo.

Uno de los ejecutivos a su lado habló:

—Tu hermano sigue siendo uno de los favoritos.

Elias sonrió.

—Sí.

Su tono era tranquilo.

—Pero las competencias no siempre las gana el favorito.

El primer programa

El anuncio del altavoz resonó en todo el estadio.

—Damas y caballeros, damos inicio al programa corto masculino.

Los aplausos comenzaron de inmediato.

Los primeros competidores salieron al hielo.

La música llenó el estadio.

Saltos.

Giros.

Coreografías elegantes.

El público reaccionaba con entusiasmo ante cada ejecución exitosa.

Pero entre bastidores la tensión seguía creciendo.

Meraki estaba en silencio mientras observaba desde la entrada del túnel.

Ramé estaba sentada a su lado.

—Estás analizando a todos.

Meraki respondió sin apartar la mirada del hielo.

—Es un hábito.

Ramé sonrió ligeramente.

—Yo intento no hacerlo.

Meraki la miró.

—¿Por qué?

Ramé encogió los hombros.

—Porque si pienso demasiado en los demás, empiezo a olvidar por qué estoy aquí.

Meraki frunció el ceño ligeramente.

—¿Y por qué estás aquí?

Ramé respondió sin dudar.

—Porque amo patinar.

Meraki la observó unos segundos.

Luego volvió a mirar el hielo.

—Eso es una buena razón.

El turno de Ramé

Horas después llegó el momento.

—La siguiente competidora: Ramé Laurent.

El estadio estalló en aplausos.

Ramé se levantó.

Respiró profundamente.

Miró a Meraki.

—Nos vemos ahí fuera.

Meraki respondió:

—Buena suerte.

Ramé caminó hacia el hielo.

Cuando sus patines tocaron la superficie fría…

el mundo cambió.

El ruido de la multitud se convirtió en una ola distante.

La pista se abrió frente a ella como un escenario infinito.

La música comenzó.

Un piano suave.

Melancólico.

Ramé cerró los ojos un segundo.

Esto es mío.

Comenzó a moverse.

Su primer salto fue limpio.

Un triple lutz perfecto que hizo que el público estallara en aplausos.

Luego vino la secuencia de giros.

Elegante.

Precisa.

Pero lo que hacía que su actuación fuera especial no era solo la técnica.




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