Maemuki

Capitulo 33 La noche donde todo se decide

La mañana del programa libre comenzó mucho antes de que el sol terminara de levantarse.

El estadio aún estaba medio vacío cuando los primeros atletas llegaron para el calentamiento.

El hielo recién pulido reflejaba las luces del techo como si fuera una superficie de agua congelada en medio de una ciudad silenciosa.

Para muchos patinadores aquella jornada representaba el momento más importante de sus carreras.

Pero para Ramé Laurent y Meraki Takahashi, esa noche tenía un peso que iba más allá de una medalla.

Era el final de una historia larga.

Una historia que había comenzado años atrás, cuando ambos todavía eran atletas jóvenes que soñaban con llegar a la cima.

Una historia que había sido atravesada por rivalidades, mentiras, traiciones… y encuentros que ninguno de los dos había planeado.

Y ahora todo se decidiría en una sola noche.

El amanecer antes de la batalla

Ramé despertó antes de que sonara su alarma.

Durante unos segundos permaneció mirando el techo de su habitación en el hotel del campeonato.

Había dormido poco.

Pero su mente estaba clara.

Había pasado años entrenando para momentos como ese.

Respiró profundamente.

Se levantó de la cama y caminó hacia la ventana.

Desde el piso alto podía ver la ciudad despertando.

Autos moviéndose lentamente.

Las primeras personas caminando por las calles.

Todo parecía normal.

Pero para ella no lo era.

Hoy podía convertirse en campeona mundial.

O quedarse a un paso de lograrlo.

Ambas posibilidades convivían dentro de su mente con la misma intensidad.

Su teléfono vibró sobre la mesa.

Un mensaje.

Meraki.

No entrenes demasiado esta mañana.

Ramé sonrió apenas.

Respondió:

¿Eso es un consejo o una estrategia para debilitarme?

La respuesta llegó rápido.

Las dos cosas.

Ramé soltó una pequeña risa.

Ese tipo de intercambio había comenzado casi sin que se dieran cuenta.

Primero durante los entrenamientos.

Luego después del escándalo mediático.

Y ahora se había vuelto algo natural.

Una forma silenciosa de recordarse que, a pesar de la rivalidad, existía algo más entre ellos.

El entrenamiento matutino

Horas después, el hielo del estadio estaba lleno de atletas.

Cada uno ocupaba un pequeño espacio para practicar elementos específicos.

Saltos.

Secuencias de pasos.

Pequeñas correcciones técnicas.

Ramé estaba trabajando en su combinación final de saltos cuando escuchó una voz familiar.

—Sigues aterrizando demasiado cerca de la barandilla.

Meraki estaba observando desde unos metros.

Ramé se detuvo.

—Estoy midiendo el espacio.

Meraki cruzó los brazos.

—Eso no es medir.

—Eso es arriesgar.

Ramé levantó una ceja.

—¿Te preocupa mi seguridad?

Meraki respondió con calma.

—Me preocupa que pierdas puntos por un error tonto.

Ramé sonrió.

—Qué considerado.

Meraki no respondió.

Pero sus ojos permanecieron atentos a cada movimiento.

Ramé volvió a intentar la combinación.

Triple flip.

Triple toe.

Aterrizaje limpio.

Meraki asintió ligeramente.

—Mejor.

Ramé levantó los brazos en señal de victoria.

—Gracias, entrenador.

Meraki negó con una sonrisa.

—No te acostumbres.

La sombra en las gradas

Mientras los atletas entrenaban, una figura observaba desde la parte alta del estadio.

Elias Takahashi.

Había llegado temprano.

Demasiado temprano.

Pero no estaba ahí para animar a su hermano.

Su mirada se movía entre la pista y la pantalla del teléfono que sostenía.

Había estado haciendo llamadas desde la noche anterior.

Contactos.

Periodistas.

Personas con influencia dentro del comité deportivo.

Elias sabía que ya no podía controlar la narrativa como antes.

La revelación de Akira había dañado su reputación.

Pero aún tenía algo a su favor.

Tiempo.

Porque incluso una pequeña duda podía destruir una carrera deportiva.

Y el programa libre era el momento perfecto para sembrarla.

El anuncio del evento

Por la tarde el estadio estaba completamente lleno.

Más de veinte mil personas ocupaban las gradas.

Las cámaras de televisión transmitían el evento a decenas de países.

El ambiente era eléctrico.

El programa libre comenzaría en pocos minutos.

En el área de preparación, los atletas esperaban su turno.

Ramé estaba sentada con los ojos cerrados.

Respirando lentamente.

Su música.

Su coreografía.

Cada movimiento estaba grabado en su mente.

Meraki estaba apoyado contra la pared cercana.

Observándola.

—¿Nerviosa?

Ramé abrió un ojo.

—Siempre.

Meraki asintió.

—Eso significa que importa.

Ramé lo miró.

—¿Y tú?

Meraki respondió con una calma casi absoluta.

—Estoy listo.

La actuación de Ramé

El anuncio resonó en el estadio.

—La siguiente competidora: Ramé Laurent.

El público aplaudió con entusiasmo.

Ramé caminó hacia el hielo.

Su traje brillaba bajo las luces.

Cuando sus patines tocaron la pista, todo el ruido del estadio se volvió distante.

La música comenzó.

Una orquesta poderosa.

El primer salto fue un triple axel.

Perfecto.

El público reaccionó inmediatamente.

Luego vino una secuencia compleja de pasos que atravesaba toda la pista.

Ramé parecía flotar.

Cada giro tenía precisión.

Cada transición era fluida.

Pero lo que realmente capturaba al público era la emoción.

Su rutina contaba una historia de lucha y renacimiento.




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