Maemuki

Capitulo 34 Después del oro

La ciudad aún seguía despierta cuando el estadio finalmente quedó en silencio.

Habían pasado varias horas desde que terminó el campeonato, pero las calles cercanas seguían llenas de aficionados que hablaban emocionados sobre las actuaciones de la noche.

En las pantallas gigantes de algunos bares deportivos todavía repetían los momentos más espectaculares del evento.

El triple axel de Ramé Laurent.

El cuádruple lutz de Meraki Takahashi.

La diferencia mínima de puntos que había decidido el campeonato.

Pero dentro del estadio la historia era distinta.

Ahora el lugar estaba casi vacío.

Los empleados desmontaban cámaras.

Los técnicos recogían cables.

El hielo comenzaba a ser limpiado lentamente por las máquinas que recorrían la pista.

Y en medio de todo ese silencio, Ramé caminaba sola por el pasillo que llevaba hacia los vestidores.

La medalla de oro colgaba de su cuello.

Era pesada.

Más de lo que había imaginado.

No por el metal.

Sino por lo que representaba.

Había soñado con ese momento durante años.

Desde que era una niña que entrenaba en una pista pequeña donde el hielo siempre tenía grietas y las luces parpadeaban.

Había caído cientos de veces.

Había entrenado hasta que sus músculos temblaban.

Había renunciado a fiestas, viajes y momentos que otras personas de su edad consideraban normales.

Y ahora…

había ganado.

Se detuvo frente a una puerta de vidrio.

Su reflejo apareció en la superficie.

Cabello ligeramente despeinado.

Maquillaje ya un poco corrido.

La medalla brillando sobre su pecho.

Ramé apoyó una mano contra el vidrio.

—Lo logré…

La frase salió en un susurro casi incrédulo.

Pero en ese mismo instante pensó en algo más.

Pensó en Meraki.

Pensó en lo cerca que había estado de ganarle.

Pensó en cómo había patinado esa noche.

Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.

—Ese idiota casi me gana.

El silencio de Meraki

En otra parte del estadio, Meraki estaba sentado en las gradas.

Las luces principales ya estaban apagadas.

Solo quedaban algunas lámparas encendidas que proyectaban sombras largas sobre el hielo.

La pista estaba vacía.

Pero él seguía ahí.

Había dejado la medalla de plata sobre el asiento junto a él.

Durante años había imaginado ganar el campeonato mundial.

Había entrenado con esa imagen clara en su mente.

El momento de escuchar su nombre en primer lugar.

El sonido del himno.

La sensación de victoria absoluta.

Pero ahora que estaba sentado en el estadio vacío…

no sentía el tipo de derrota que había esperado.

En realidad, sentía algo muy distinto.

Una calma profunda.

Recordó el momento exacto en que había terminado su rutina.

Recordó el error pequeño en la combinación.

Recordó ver el marcador.

197.92.

Suficiente para el segundo lugar.

Pero no para ganar.

Meraki apoyó los codos sobre las rodillas.

—Tan cerca…

Pero luego recordó la actuación de Ramé.

La energía.

La emoción.

La precisión.

Y sonrió.

—Se lo ganó.

La medalla de plata reflejaba la luz tenue.

Meraki la tomó en sus manos.

No era el resultado que había perseguido durante tanto tiempo.

Pero tampoco era una derrota vacía.

Porque por primera vez en años…

había patinado sin miedo.

Sin culpa.

Sin el peso de la mentira que había marcado su pasado.

Había patinado simplemente porque amaba hacerlo.

Y eso cambiaba todo.

Un encuentro inevitable

Los pasos resonaron en el pasillo detrás de Ramé.

Ella se giró.

Meraki apareció caminando hacia ella con las manos en los bolsillos.

Ramé levantó una ceja.

—Pensé que ya te habías ido.

Meraki negó con la cabeza.

—Todavía no.

Ramé cruzó los brazos.

—¿Vienes a felicitar a la campeona?

Meraki la miró directamente.

—Sí.

Se detuvo frente a ella.

—Felicidades.

Ramé sostuvo su mirada unos segundos.

Luego bajó la vista hacia la medalla de plata que él llevaba en la mano.

—Tú también patinaste increíble.

Meraki encogió ligeramente los hombros.

—Pero no lo suficiente.

Ramé negó inmediatamente.

—No digas eso.

Meraki levantó una ceja.

—¿Ahora vas a darme discursos motivacionales?

Ramé sonrió.

—Tal vez.

Meraki la observó en silencio.

Luego dijo algo que la tomó por sorpresa.

—Si no hubieras ganado tú, habría estado realmente molesto.

Ramé frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Meraki respondió con una sonrisa leve.

—Significa que perder contra alguien que lo merece no es tan terrible.

Ramé rodó los ojos.

—Eso suena demasiado noble.

Meraki respondió con calma.

—No te acostumbres.

El eco del pasado

Mientras conversaban en el pasillo, en otro extremo del estadio alguien los observaba.

Elias Takahashi.

Había permanecido en el edificio incluso después de que la mayoría de las personas se marcharan.

Su expresión era tranquila.

Pero sus ojos seguían cada movimiento de Meraki con atención.

Durante años había creído que su hermano necesitaba derrotarlo para sentirse completo.

Había creído que su mayor arma era la culpa que había plantado en él.

Pero ahora veía algo diferente.

Meraki no parecía destruido por la derrota.

No parecía desesperado por demostrar nada.

Parecía…

liberado.

Elias apretó ligeramente la mandíbula.

Esa no era la reacción que esperaba.

Porque si Meraki ya no estaba atado al pasado…

entonces muchas de las estrategias que había usado durante años dejaban de tener efecto.




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