Maemuki

Capitulo 35 Las grietas del hielo

La mañana después del campeonato llegó más silenciosa de lo que Ramé había imaginado.

Durante años había pensado que despertar como campeona mundial sería una experiencia explosiva, llena de emoción inmediata, llamadas interminables, mensajes y celebraciones que se extenderían durante días.

Pero cuando abrió los ojos en la habitación del hotel, lo primero que sintió fue algo mucho más simple.

Silencio.

El sol apenas comenzaba a entrar por las cortinas. La ciudad aún estaba despertando.

Por un momento permaneció acostada, mirando el techo.

La medalla de oro estaba sobre la mesa de noche.

El metal reflejaba un rayo de luz.

Ramé giró la cabeza hacia ella.

Durante unos segundos solo la observó.

Así que esto es real.

Se incorporó lentamente.

Sus músculos todavía recordaban el esfuerzo de la noche anterior.

Cada salto.

Cada giro.

Cada segundo sobre el hielo.

El teléfono vibró sobre la mesa.

Ramé lo tomó.

Tenía decenas de notificaciones.

Mensajes.

Llamadas perdidas.

Titulares de noticias.

Abrió el primero.

“RAMÉ LAURENT SE CORONA CAMPEONA MUNDIAL.”

El segundo:

“DUELLO HISTÓRICO ENTRE RAMÉ LAURENT Y MERAKI TAKAHASHI.”

El tercero:

“EL ESCÁNDALO FAMILIAR DE LOS TAKAHASHI MARCA EL CAMPEONATO.”

Ramé suspiró.

Claro… eso también.

La historia de Meraki y Elias seguía apareciendo en todos los medios.

Y ahora ella estaba inevitablemente conectada a esa historia.

El teléfono vibró otra vez.

Un mensaje nuevo.

Meraki.

¿Sigues dormida, campeona?

Ramé sonrió.

Respondió:

Pensé que los subcampeones se levantaban más temprano para entrenar.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Cruel.

Ramé dejó el teléfono sobre la cama.

Se levantó y caminó hacia la ventana.

La ciudad brillaba bajo el sol de la mañana.

Pero dentro de ella había una sensación extraña.

Una mezcla de satisfacción y anticipación.

Porque sabía algo que el resto del mundo todavía no entendía.

El campeonato había sido solo el comienzo.

El día después del campeonato

El lobby del hotel estaba lleno de periodistas.

Cámaras.

Micrófonos.

Luces.

Cuando Ramé bajó del ascensor, todos giraron hacia ella al mismo tiempo.

—¡Ramé!

—¡Aquí!

—¿Cómo se siente ser campeona mundial?

Las preguntas comenzaron inmediatamente.

Ramé mantuvo una sonrisa profesional mientras caminaba hacia la zona designada para entrevistas.

Había aprendido a manejar ese tipo de atención durante los últimos años.

Pero ahora la intensidad era mayor.

Mucho mayor.

Un periodista levantó su micrófono.

—Ramé, ¿esperabas una competencia tan cerrada con Meraki Takahashi?

Ramé respondió con calma.

—Sabía que sería difícil.

—Meraki es uno de los mejores patinadores del mundo.

Otra pregunta llegó inmediatamente.

—¿Crees que la rivalidad entre ustedes continuará en los próximos campeonatos?

Ramé inclinó ligeramente la cabeza.

—Espero que sí.

Algunos periodistas rieron.

Pero ella hablaba en serio.

La competencia con Meraki había cambiado algo dentro de ella.

Había elevado su nivel.

La había empujado a patinar mejor de lo que creía posible.

Otra voz se levantó entre la multitud.

—¿Qué opinas de la situación entre Meraki y su hermano Elias?

La sonrisa de Ramé se volvió más neutral.

—Creo que eso es algo que Meraki debería responder.

El periodista insistió.

—Pero ahora que ustedes parecen cercanos—

Ramé lo interrumpió suavemente.

—Meraki es mi rival.

Hizo una pausa breve.

—Y también mi amigo.

El murmullo entre los periodistas creció.

Pero Ramé no añadió nada más.

Meraki y el hielo vacío

Mientras Ramé atendía a la prensa, Meraki estaba en el estadio.

El hielo estaba vacío.

Las gradas completamente silenciosas.

Solo algunos empleados preparaban la pista para las prácticas del día.

Meraki se puso los patines lentamente.

El metal frío contra el hielo producía un sonido familiar.

Durante años ese sonido había sido su refugio.

Entró a la pista.

Deslizó suavemente.

No estaba entrenando realmente.

Solo patinando.

Dejando que su cuerpo recordara el movimiento natural.

El campeonato había terminado.

Pero el hielo seguía siendo el mismo.

Meraki ejecutó un salto simple.

Aterrizó con facilidad.

Luego otro.

Sus músculos respondían con precisión automática.

Pero su mente estaba en otra parte.

Pensaba en la actuación de Ramé.

En la forma en que el público había reaccionado.

En la emoción que había transmitido en el hielo.

Se lo ganó.

La puerta del estadio se abrió.

Meraki giró la cabeza.

Ramé entró caminando con una bolsa deportiva al hombro.

—Sabía que estarías aquí.

Meraki se deslizó hacia la barandilla.

—¿Escapaste de la prensa?

Ramé dejó la bolsa en el banco.

—Apenas.

Meraki sonrió ligeramente.

—La fama.

Ramé se apoyó en la barandilla.

—Es temporal.

Meraki la observó durante unos segundos.

—¿Vas a entrenar hoy?

Ramé encogió los hombros.

—Tal vez un poco.

Meraki levantó una ceja.

—Pensé que los campeones se tomaban vacaciones.

Ramé respondió con una sonrisa desafiante.

—Pensé que los subcampeones entrenaban más duro.

Meraki rió suavemente.

—Eso también es verdad.

Una presencia inesperada

En las gradas superiores del estadio, una figura observaba la escena.

Elias Takahashi.

Había llegado sin que nadie lo notara.




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