Maemuki

Capitulo 37 Fantasmas que vuelven

La mañana del entrenamiento oficial del campeonato internacional comenzó con una tensión palpable en todo el estadio.

Las gradas todavía estaban casi vacías, pero el aire ya estaba cargado de expectativa.

Los patinadores entraban y salían de la pista en turnos cronometrados.

Cuchillas sobre hielo.

Música de fondo.

Voces de entrenadores en distintos idiomas.

Pero entre todos los atletas presentes, dos nombres dominaban cada conversación.

Ramé Laurent.

Meraki Takahashi.

Y, por supuesto, el tercer nombre que los medios repetían constantemente:

Elias Takahashi.

Un entrenamiento diferente

Ramé estaba sola en la pista cuando Meraki llegó.

Su programa sonaba a volumen bajo por los altavoces.

No era el que usaría en la competencia.

Era una pieza de piano suave que ella utilizaba cuando quería concentrarse.

Meraki se quedó apoyado contra la barandilla observándola.

Había algo casi hipnótico en su manera de patinar.

Ramé no era la más técnica del circuito.

Eso era algo que incluso ella misma reconocía.

Pero lo que tenía era algo que no podía entrenarse.

Presencia.

Cada movimiento parecía natural.

Como si el hielo hubiera sido creado para ella.

Meraki cruzó los brazos.

¿Cómo puede hacerlo parecer tan fácil…?

Ramé realizó un giro elegante.

Luego otro.

Y entonces algo que él reconoció inmediatamente.

Un movimiento que no pertenecía al patinaje artístico.

Era ballet.

Un arabesque limpio.

Un giro que recordaba a una variación clásica.

Meraki sintió algo extraño en el pecho.

Ese movimiento le pertenecía a su pasado.

A una vida que había perdido.

Ramé terminó la secuencia.

Solo entonces notó su presencia.

Se detuvo.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí?

Meraki respondió con tranquilidad.

—Lo suficiente.

Ramé suspiró.

—Genial.

—Ahora sabes mi secreto vergonzoso.

Meraki frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué secreto?

Ramé bajó la mirada.

—Que realmente no soy tan buena patinadora.

Meraki la miró como si hubiera dicho algo absurdo.

—Eso es ridículo.

Ramé se encogió de hombros.

—Mi técnica nunca ha sido perfecta.

—Mi entrenador siempre dice que patino demasiado “libre”.

Meraki apoyó los codos en la barandilla.

—Tu problema no es la técnica.

Ramé lo miró.

—¿Entonces qué?

Meraki respondió con calma.

—Que no te das cuenta de lo buena que eres.

Ramé soltó una pequeña risa.

—Claro.

—Y tú eres un optimista.

Meraki negó suavemente.

—No.

—Solo soy honesto.

Hubo un silencio breve.

Ramé se acercó a la barandilla.

—¿Por qué me observas cuando entreno?

Meraki respondió sin rodeos.

—Porque me recuerdas algo que perdí.

Ramé lo miró con curiosidad.

—¿El ballet?

Meraki asintió.

—La libertad.

El regreso del pasado

El entrenamiento terminó.

Los patinadores comenzaron a salir de la pista.

Ramé se dirigía hacia los vestidores cuando una voz femenina la detuvo.

—Ramé Laurent.

Ramé se giró.

La mujer que estaba frente a ella era elegante.

Cabello negro perfectamente peinado.

Vestido sobrio.

Pero lo que más llamó la atención de Ramé fue la expresión fría en su rostro.

—¿Sí?

La mujer extendió una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Soy Akari Nakamura.

El nombre provocó una reacción inmediata en Ramé.

Lo había escuchado antes.

De Meraki.

Ramé se quedó inmóvil.

—La exnovia de Meraki.

Akari inclinó ligeramente la cabeza.

—Veo que él ha hablado de mí.

Ramé cruzó los brazos.

—No mucho.

Akari sonrió con suavidad.

—Eso no me sorprende.

Hubo un momento de silencio incómodo.

Luego Akari habló con una calma inquietante.

—Vine porque pensé que merecías saber algo.

Ramé frunció el ceño.

—¿Saber qué?

Akari la miró directamente.

—Que el hombre que estás defendiendo públicamente… no es quien crees.

La verdad según Akari

Ramé la observó con atención.

—Explícate.

Akari suspiró suavemente.

—Meraki no fue expulsado del ballet por una mentira.

Ramé sintió que el corazón le daba un pequeño vuelco.

—Entonces…

Akari continuó.

—Fue expulsado por violencia.

El aire pareció volverse más pesado.

Ramé mantuvo la mirada firme.

—Eso no es verdad.

Akari ladeó la cabeza.

—¿Estás segura?

Ramé no respondió.

Akari continuó hablando.

—La noche antes de que lo expulsaran…

—Meraki atacó a alguien en la academia.

Ramé sintió una presión en el pecho.

—¿A quién?

Akari respondió sin titubear.

—A su propio hermano.

Meraki escucha la conversación

Meraki estaba entrando al pasillo de vestidores cuando escuchó la voz de Akari.

Se detuvo inmediatamente.

Reconocería esa voz en cualquier lugar.

Se acercó unos pasos.

Lo suficiente para escuchar la conversación.

—…atacó a su propio hermano.

El corazón de Meraki comenzó a latir con fuerza.

Ramé habló.

—Eso no es lo que él me contó.

Akari respondió con tranquilidad.

—Claro que no.

—Porque Meraki siempre cuenta la versión donde él es la víctima.

Meraki apretó los puños.

Ramé permaneció en silencio.

Akari dio un paso más cerca de ella.

—Solo quería advertirte.

—Las personas como Meraki… destruyen todo lo que tocan.

Meraki salió de las sombras.

—¿Eso incluye a ti?

Las dos mujeres se giraron.

Akari no pareció sorprendida.

—Hola, Meraki.

El silencio que siguió estaba cargado de años de resentimiento.




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