Maemuki

Capitulo 38 Donde empezó todo

El viñedo estaba silencioso esa noche.

Las colinas se extendían como sombras suaves bajo la luz de la luna. Las hileras de vid parecían interminables, moviéndose ligeramente con el viento frío que venía del valle.

La casa principal estaba iluminada por dentro.

Ramé ya se había quedado dormida hacía casi una hora, agotada después de los últimos días de tensión, entrenamiento y prensa.

Meraki no podía dormir.

Salió al porche con una taza de té caliente entre las manos.

El aire de la noche era diferente al de las ciudades donde había pasado la mayor parte de su vida.

Aquí no había ruido constante.

No había periodistas.

No había cámaras.

Solo viento.

Y silencio.

—No puedes dormir tampoco.

La voz de Laurent apareció detrás de él.

Meraki giró ligeramente.

Laurent estaba apoyado contra el marco de la puerta, con una copa de vino en la mano.

Gabriel apareció unos segundos después, con otra copa.

Meraki negó suavemente.

—No estoy acostumbrado a lugares tan tranquilos.

Gabriel sonrió con suavidad.

—La tranquilidad puede ser incómoda cuando pasas muchos años sobreviviendo al caos.

Meraki no respondió.

Laurent dio unos pasos hacia el porche.

Se sentó en una de las sillas de madera.

—Sabes —dijo con tono tranquilo—, Ramé cree que deberíamos contarte algo.

Meraki frunció ligeramente el ceño.

—¿Sobre qué?

Gabriel tomó asiento en la barandilla del porche.

—Sobre nosotros.

Meraki los observó.

Durante todo el tiempo que había pasado en el viñedo, había notado algo especial entre ellos.

Algo que no había visto nunca en su propia familia.

Una calma profunda.

Una conexión silenciosa.

Laurent levantó la copa y dio un pequeño sorbo.

—La gente cree que Gabriel y yo siempre fuimos así.

Gabriel soltó una pequeña risa.

—Sí.

—Como si hubiéramos nacido enamorados.

Laurent lo miró con una sonrisa divertida.

—Lo cual es completamente falso.

Meraki levantó ligeramente una ceja.

—¿Se odiaban?

Gabriel respondió primero.

—Muchísimo.

Dos rivales

Laurent apoyó los codos sobre las rodillas.

—Cuando nos conocimos teníamos diecisiete años.

Gabriel añadió:

—Ambos éramos bailarines principales en academias rivales.

Laurent asintió.

—Y ambos estábamos convencidos de que el otro era insoportable.

Meraki escuchaba en silencio.

Gabriel sonrió al recordar.

—Laurent era arrogante.

Laurent levantó una ceja.

—Gabriel era insoportablemente perfecto.

Gabriel se encogió de hombros.

—No puedo evitar ser talentoso.

Laurent soltó una pequeña risa.

—¿Ves?

—Así era todo el tiempo.

Meraki se permitió una ligera sonrisa.

Laurent continuó.

—Competíamos constantemente.

—Audiciones.

—Concursos.

—Papeles principales.

Gabriel añadió:

—Siempre terminábamos en segundo lugar detrás del otro.

Laurent miró al cielo.

—Y eso nos volvía locos.

Meraki preguntó:

—¿Cuándo cambió?

Laurent guardó silencio unos segundos.

Luego respondió.

—Una noche después de una presentación.

El momento que lo cambió todo

Gabriel tomó la palabra.

—Habíamos interpretado Giselle en una gala internacional.

—Yo era Albrecht.

—Laurent era Hilarion.

Meraki conocía la obra.

Un ballet donde ambos personajes aman a la misma mujer.

Gabriel sonrió ligeramente.

—La ironía no se nos escapó después.

Laurent continuó.

—Después de la función hubo una recepción para los bailarines.

—Música.

—Champagne.

—Muchos egos en una sola habitación.

Gabriel rió.

—Demasiados.

Laurent miró a Meraki.

—En algún momento empezamos a discutir.

Meraki frunció el ceño.

—¿Por qué?

Gabriel respondió:

—Por todo.

Laurent añadió:

—Por quién había bailado mejor.

—Por quién merecía más reconocimiento.

—Por quién era mejor artista.

Gabriel suspiró.

—Terminamos saliendo al balcón del teatro.

Laurent recordó el momento con claridad.

—Seguíamos discutiendo.

—Gritando.

—Insultándonos.

Gabriel sonrió levemente.

—Y entonces ocurrió algo muy estúpido.

Meraki levantó una ceja.

—¿Qué?

Laurent respondió con calma.

—Nos besamos.

La negación

Meraki no pudo evitar mostrar sorpresa.

Gabriel soltó una risa baja.

—Créeme, reaccionamos exactamente igual.

Laurent añadió:

—Fue un desastre.

—Nos alejamos inmediatamente.

—Como si nos hubiéramos quemado.

Gabriel continuó.

—Pasamos los siguientes meses fingiendo que no había pasado.

Laurent suspiró.

—Lo cual fue difícil.

—Porque empezamos a buscarnos constantemente.

Meraki preguntó:

—¿Por qué no lo aceptaron?

Gabriel respondió con una seriedad que cambió el tono de la conversación.

—Porque en ese mundo…

—no existía espacio para algo como nosotros.

Laurent asintió.

—El ballet clásico es hermoso.

—Pero también puede ser cruel.

Gabriel añadió:

—Las compañías querían bailarines perfectos.

—Impecables.

—Tradicionales.

Laurent miró a Meraki.

—Y dos hombres enamorados no encajaban en esa imagen.

El amor que no podían admitir

Laurent continuó la historia.

—Durante casi dos años vivimos en negación.

—Seguíamos siendo rivales.

—Seguíamos compitiendo.

—Pero también nos encontrábamos en secreto.

Gabriel sonrió suavemente.

—Ensayos nocturnos.

—Estudios vacíos.

—Hoteles durante giras.

Laurent añadió:

—Nos convencíamos de que no significaba nada.

Gabriel negó.

—Pero significaba todo.




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