Maemuki

Capitulo 39 Cuando el hielo se convierte en danza

Continuamos respetando la continuidad ya establecida: Ramé ya conoce gran parte del pasado de Meraki, por lo que este capítulo se centra en la evolución emocional entre ellos, el simbolismo del ballet que Meraki ocultó durante años y el crecimiento del vínculo después de la historia de Laurent y Gabriel.

HIELO BAJO LA PIEL

Capítulo 39

Cuando el hielo se convierte en danza

La mañana llegó lentamente al viñedo.

Una neblina ligera cubría las colinas, envolviendo las hileras de vid en una especie de silencio suave que parecía absorber todos los sonidos.

Meraki llevaba despierto desde antes del amanecer.

No era algo nuevo.

Durante años su cuerpo había aprendido a despertarse temprano, incluso cuando no tenía entrenamiento.

Pero esa mañana había algo diferente.

Algo inquieto dentro de él.

Las palabras de Laurent y Gabriel de la noche anterior seguían resonando en su mente.

"Cuando pierdes todo por amar a alguien… dejas de tener miedo."

Meraki nunca había pensado en el amor como algo que pudiera ser… valiente.

Para él siempre había sido algo peligroso.

Algo que terminaba en traición.

En abandono.

En pérdida.

Pero cuando pensaba en Ramé, ese pensamiento comenzaba a cambiar.

Y eso lo asustaba más que cualquier competencia.

La rutina secreta

El pequeño lago congelado que estaba al fondo del viñedo se había convertido en su lugar de entrenamiento improvisado.

No era perfecto.

La superficie no tenía la precisión de una pista profesional.

Pero era suficiente.

Meraki ajustó los cordones de sus patines.

El aire frío entró en sus pulmones cuando dio el primer impulso.

El hielo crujió suavemente bajo las cuchillas.

Deslizarse allí era diferente.

Más libre.

Más silencioso.

Sin jueces.

Sin cámaras.

Sin expectativas.

Solo movimiento.

Meraki comenzó con pasos simples.

Giros suaves.

Transiciones lentas.

Pero poco a poco sus movimientos empezaron a cambiar.

No eran movimientos de patinaje competitivo.

Eran algo más antiguo.

Algo que su cuerpo recordaba incluso cuando su mente había intentado olvidarlo.

Ballet.

Un giro amplio.

Un arabesque extendido.

Un salto que no estaba diseñado para ganar puntos, sino para contar algo.

Meraki cerró los ojos un segundo mientras se movía.

Su cuerpo recordaba cada detalle.

Cada corrección de postura.

Cada respiración.

Cada línea perfecta que alguna vez había perseguido durante años.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se permitió hacer eso.

Patinar sin esconder esa parte de sí mismo.

Ramé observa

Ramé había despertado temprano.

Demasiado temprano.

Después de la conversación de la noche anterior con sus tíos, su mente no había dejado de moverse.

Decidió caminar por el viñedo para despejarse.

Fue entonces cuando escuchó el sonido.

Cuchillas sobre hielo.

Siguió el ruido hasta el lago.

Y entonces lo vio.

Meraki.

Pero no el Meraki que conocía en las competencias.

No el Meraki frío.

Ni el Meraki impenetrable que los medios describían.

Este era otro.

Sus movimientos eran diferentes.

Más suaves.

Más expresivos.

Más… humanos.

Ramé se quedó quieta detrás de los árboles que bordeaban el lago.

No quería interrumpirlo.

Porque lo que estaba viendo se sentía demasiado íntimo.

Meraki giró.

Un salto.

Una caída controlada.

Luego un movimiento que ella reconoció inmediatamente.

Un paso clásico de ballet.

Ramé sintió un pequeño nudo en el pecho.

Esto es lo que él escondía…

No era solo técnica.

Era algo mucho más profundo.

Era una parte de su identidad.

Una parte que había sido obligada a abandonar.

El encuentro inevitable

El hielo crujió ligeramente cuando Meraki terminó una secuencia.

Se detuvo.

Su respiración era visible en el aire frío.

Fue entonces cuando notó la figura cerca de los árboles.

Ramé.

Meraki se quedó inmóvil.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí?

Ramé salió lentamente de entre los árboles.

—Lo suficiente.

Meraki desvió la mirada.

—No era algo que planeaba mostrar.

Ramé caminó hasta el borde del lago congelado.

—¿Por qué?

Meraki respondió con honestidad.

—Porque pertenece a una vida que ya no existe.

Ramé lo observó.

—Eso no significa que dejó de ser parte de ti.

Meraki no respondió.

Ramé continuó.

—Es hermoso.

Meraki levantó la mirada.

—No es útil.

Ramé frunció ligeramente el ceño.

—No todo tiene que ser útil.

Meraki apoyó las manos en la cintura.

—En el deporte profesional sí.

Ramé negó suavemente.

—No.

—En el deporte profesional todo el mundo intenta ser perfecto.

Señaló el hielo.

—Pero lo que acabas de hacer… eso es lo que hace que la gente sienta algo.

Meraki la miró en silencio.

Ramé sonrió ligeramente.

—Enséñame.

Meraki parpadeó.

—¿Qué?

Ramé señaló el hielo.

—Eso.

—La danza.

Meraki soltó una pequeña risa incrédula.

—No sabes en qué te estás metiendo.

Ramé respondió sin dudar.

—Probablemente no.

—Pero quiero intentarlo.

Bailar juntos

Ramé se puso sus patines.

El hielo del lago no era tan amplio como una pista profesional, pero tenía suficiente espacio.

Meraki se acercó lentamente.

—Primero necesitas olvidarte de competir.

Ramé levantó una ceja.

—Eso es difícil.

Meraki señaló el centro del lago.




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