Durante varios segundos después del final del programa… nadie se movió.
La música había terminado.
El eco del último acorde todavía vibraba en el estadio, suspendido en el aire como si incluso el tiempo estuviera intentando prolongar ese instante.
Ramé permanecía en el centro del hielo, respirando con fuerza.
Meraki estaba a pocos metros de ella.
Ambos miraban hacia las gradas.
El público estaba de pie.
Miles de personas.
Aplaudiendo.
Pero ninguno de los dos parecía escucharlo completamente.
Porque ambos sabían algo.
Ese había sido el mejor programa de sus vidas.
No por los saltos.
No por la ejecución.
Sino por lo que había detrás.
Cada movimiento había contado una historia.
La suya.
Dolor.
Caída.
Rabia.
Supervivencia.
Y finalmente…
libertad.
Ramé miró a Meraki.
Él la estaba mirando también.
Durante un segundo ninguno habló.
Pero ambos entendían exactamente lo mismo.
Lo logramos.
El anuncio
Los patinadores fueron llamados nuevamente al hielo.
El estadio estaba lleno ahora.
Cámaras.
Luces.
Periodistas.
Los resultados finales estaban a punto de anunciarse.
Ramé sentía su corazón golpear contra su pecho.
Meraki estaba a su lado.
A diferencia de otras veces, no parecía completamente tranquilo.
Pero tampoco estaba tenso.
Había algo distinto en él.
Algo más ligero.
Como si el peso que había cargado durante años finalmente hubiera comenzado a desaparecer.
El presentador abrió el sobre.
El estadio quedó en silencio.
—Medalla de bronce…
El nombre fue anunciado.
Aplausos.
Luego el segundo lugar.
Otro nombre.
Más aplausos.
Ramé sintió cómo sus dedos se cerraban ligeramente alrededor de sus propios guantes.
El presentador levantó la vista.
—Y la medalla de oro del Campeonato Internacional de Patinaje Artístico es para…
Una pausa.
—Ramé Laurent.
El estadio explotó.
Ramé tardó un segundo en reaccionar.
Meraki fue el primero en sonreír.
Ella lo miró, todavía procesándolo.
—Ganaste —dijo él con voz tranquila.
Ramé soltó una pequeña risa incrédula.
—Ganamos.
Porque en realidad… el programa había sido construido juntos.
Los entrenamientos.
Las coreografías secretas.
La danza en el lago.
Todo estaba en cada movimiento que había hecho.
Ramé avanzó hacia el podio.
Pero antes de subir…
se giró hacia Meraki.
Y lo abrazó.
Las cámaras captaron el momento inmediatamente.
El estadio volvió a aplaudir.
La caída de Elias
Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, Elias Takahashi observaba la transmisión en una pantalla.
El restaurante donde estaba era elegante.
Pero el ambiente en su mesa era muy distinto.
Frente a él había dos hombres.
Abogados.
Uno de ellos cerró lentamente una carpeta.
—La evidencia es bastante clara.
Elias no respondió.
El otro abogado continuó.
—Las manipulaciones de documentos.
—Los pagos a periodistas.
—Las falsificaciones.
—Las grabaciones.
Todo estaba ahí.
Durante semanas Elias había intentado destruir la reputación de Meraki.
Pero lo que no había anticipado…
era que algunos de los periodistas que había pagado terminarían revelando todo cuando la presión legal comenzó a aumentar.
El primer abogado habló con tono serio.
—Esto no es solo un escándalo mediático.
—Podría convertirse en un caso penal.
Elias finalmente levantó la mirada.
Su expresión ya no tenía la seguridad arrogante de antes.
Solo cansancio.
Y algo más.
Amargura.
—¿Cuánto tiempo?
El abogado respondió con frialdad profesional.
—Si se presentan cargos… varios años.
Elias soltó una pequeña risa sin humor.
—Todo por un hermano.
El abogado no respondió.
Elias volvió a mirar la pantalla.
Ramé estaba en el podio.
Meraki estaba entre el público.
Aplaudiendo.
Elias murmuró en voz baja:
—Siempre fuiste el favorito al final, ¿verdad?
Pero por primera vez…
nadie estaba escuchando sus palabras.
Y por primera vez en su vida…
Elias no tenía control sobre cómo terminaría la historia.
El silencio después de la victoria
Horas después de la ceremonia, el estadio estaba casi vacío.
Los equipos de limpieza comenzaban a retirar cosas.
Las luces se apagaban una por una.
Ramé estaba sentada en la barandilla del hielo.
La medalla colgaba alrededor de su cuello.
La sostenía entre sus dedos.
Como si todavía no estuviera completamente segura de que fuera real.
Meraki llegó unos minutos después.
Traía dos botellas de agua.
Le ofreció una.
—Campeona mundial.
Ramé rodó los ojos.
—No empieces.
Meraki se apoyó en la barandilla junto a ella.
—Solo digo la verdad.
Ramé bebió un poco de agua.
Luego suspiró.
—Todo esto es raro.
Meraki la miró.
—¿Raro cómo?
Ramé señaló el estadio vacío.
—Durante años soñé con este momento.
—Y ahora que pasó…
se quedó en silencio unos segundos.
—no sé qué se supone que sigue.
Meraki entendía exactamente esa sensación.
Porque él había pasado gran parte de su vida persiguiendo algo.
Venganza.
Reconocimiento.
Pruebas.
Pero ahora…
todo eso había terminado.
Ramé lo miró.
—¿Qué vas a hacer ahora?
Meraki pensó la pregunta.
—No lo sé.
Ramé levantó una ceja.
—Eso no suena muy propio de ti.
Meraki soltó una pequeña risa.
—Supongo que estoy aprendiendo a improvisar.