Maemuki

Capitulo 41

HIELO BAJO LA PIEL

Capítulo 41

Epílogo

Parte I — Donde comienza la vida

Tres meses después.

El invierno empezaba a retirarse lentamente del valle.

Las hileras de vid del viñedo Laurent comenzaban a despertar. Pequeños brotes verdes aparecían entre las ramas desnudas, anunciando que la primavera estaba cerca.

La casa principal estaba llena de movimiento.

No de periodistas.

No de cámaras.

Sino de algo mucho más raro para Meraki Takahashi.

Normalidad.

El sonido de la cocina.

El aroma del café.

Las discusiones tranquilas sobre la cosecha del año.

Y la risa de Ramé.

Meraki todavía no terminaba de acostumbrarse a eso.

Durante años su vida había sido un campo de batalla constante.

Entrenamientos.

Competencias.

Rencor.

Pruebas.

Supervivencia.

Pero ahora…

había mañanas como esta.

Un hogar inesperado

Meraki estaba sentado en el porche con una taza de té caliente entre las manos.

Observaba el viñedo.

El viento movía suavemente las hojas nuevas.

Desde dentro de la casa se escuchaba la voz de Gabriel.

—¡Laurent, si vuelves a decir que esta cosecha será mejor que la del 2012, juro que voy a esconder todas las botellas!

Laurent respondió desde la cocina.

—¡Porque lo será!

—¡Ese suelo ha cambiado completamente!

—¡Es ciencia!

Gabriel apareció en la puerta con una expresión divertida.

—Es arrogancia.

Laurent apareció detrás de él.

—Es experiencia.

Meraki levantó ligeramente una ceja.

—Esto pasa todos los días.

Gabriel suspiró dramáticamente.

—Durante treinta años.

Laurent cruzó los brazos.

—Y aún así sigues viviendo aquí.

Gabriel lo miró con una sonrisa suave.

—Porque me enamoré de un idiota muy persistente.

Meraki no pudo evitar una pequeña risa.

La dinámica entre ellos todavía le resultaba fascinante.

Había algo increíblemente sólido en su relación.

Algo que no dependía de perfección.

Sino de tiempo.

De historia.

De decisiones tomadas una y otra vez.

Gabriel miró hacia el viñedo.

—¿Ramé ya salió?

Meraki negó.

—Está en el lago.

Gabriel levantó una ceja.

—Otra vez.

Laurent sonrió levemente.

—Sabes que no va a dejar ese lago tranquilo nunca.

El hielo del lago

El pequeño lago al fondo del viñedo seguía congelado, aunque ya no por mucho tiempo.

El hielo comenzaba a volverse más fino en los bordes.

Pero en el centro todavía era lo suficientemente sólido.

Ramé patinaba allí.

Sola.

Su respiración salía en pequeñas nubes blancas en el aire frío.

La medalla del campeonato ya no estaba en su cuello.

Había vuelto a la caja donde guardaba sus cosas importantes.

Porque para Ramé la victoria nunca había sido el final.

Solo había sido un momento.

El movimiento era lo que realmente amaba.

Giró.

Saltó.

Aterrizó con una precisión que meses atrás no habría creído posible.

Su técnica había mejorado mucho.

Pero no solo eso.

Ahora había algo más en su patinaje.

Algo que antes no estaba.

Confianza.

La voz detrás de ella la interrumpió.

—Ese salto fue mejor.

Ramé se detuvo.

Meraki estaba en la orilla del lago, observándola.

Ramé rodó los ojos.

—¿Estabas analizando?

Meraki cruzó los brazos.

—Siempre.

Ramé patinó hacia él.

—Eres imposible.

Meraki respondió con tranquilidad.

—Pero tengo razón.

Ramé suspiró.

—Odio admitirlo… pero sí.

Meraki señaló el hielo.

—¿Otra vez practicando ballet escondida?

Ramé levantó la barbilla.

—No lo escondo.

—Ahora es oficialmente parte de mi entrenamiento.

Meraki sonrió ligeramente.

—Gabriel estaría orgulloso.

Ramé inclinó la cabeza.

—¿Sabes qué es lo curioso?

Meraki esperó.

Ramé continuó.

—Durante años pensé que el patinaje tenía que ser perfecto.

—Técnico.

—Preciso.

Meraki levantó una ceja.

—Y ahora no.

Ramé lo miró.

—Ahora creo que tiene que ser honesto.

Meraki guardó silencio unos segundos.

Luego dijo algo que no esperaba.

—Eso es exactamente lo que es el ballet.

Lo que pasó con Elias

Más tarde esa tarde, el grupo estaba sentado en la mesa larga del comedor.

Laurent había abierto una botella especial.

Gabriel cortaba pan mientras Ramé contaba algo sobre una invitación a una gala internacional.

Meraki escuchaba en silencio.

Hasta que Ramé mencionó algo.

—¿Supiste algo más sobre Elias?

La habitación se quedó quieta un segundo.

Meraki dejó el vaso sobre la mesa.

—Sí.

Ramé lo observó con cuidado.

—¿Y?

Meraki habló con calma.

—Los cargos avanzaron.

Gabriel frunció ligeramente el ceño.

—¿Fraude?

Meraki asintió.

—Manipulación de pruebas.

—Sobornos.

—Falsificación de documentos.

Laurent suspiró.

—Eso es serio.

Meraki asintió.

—Probablemente pasará varios años fuera del circuito deportivo.

Ramé lo miró.

—¿Cómo te sientes al respecto?

Meraki pensó la pregunta.

Durante mucho tiempo había imaginado ese momento.

La caída de Elias.

La justicia.

La vindicación.

Pero ahora…

la emoción era diferente.

—Cansado.

Ramé frunció el ceño.

—¿Cansado?

Meraki asintió.

—Durante años pensé que destruirlo arreglaría todo.

Miró su vaso.

—Pero al final solo demuestra algo.

Ramé esperó.

Meraki terminó la frase.

—Que él ya se había destruido solo.

El silencio en la mesa fue suave.

Gabriel habló finalmente.

—El rencor es un peso terrible.




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