Maidens Madness

Capítulo 2: Gremio REM

El pueblo las miraba llegar como se mira algo que no termina de encajar.

No había hostilidad todavía, solo esa atención quieta de la gente que reconoce algo fuera de lugar y no sabe bien qué hacer con eso. Eirika lo notó pero decidió ignorarlo. Tenía hambre y eso era más urgente que la opinión de desconocidos.

El hotel era el edificio más presentable de la plaza, con escudos colgados en las paredes exteriores y fotografías de plantas del bosque enmarcadas en la entrada. Dentro olía a madera y a algo cocinándose en algún lugar que Eirika no podía ver pero que su estómago identificó inmediatamente.

La recepcionista era una chica de estatura baja con cabello plateado y ojos grises que las observó llegar con una mezcla de curiosidad y evaluación profesional.

"¡Bienvenidas a Meiseki Yume, soy Shouko."

"Queremos una habitación y comida", dijo Eirika. "Mucha comida."

"También ropa nueva", agregó Ringo en voz baja mirando el estado de sus vestidos. "Las dos están bastante sucias."

Eidelin no dijo nada pero miró hacia algún punto del pasillo con una expresión que sugería que lo que más quería en el mundo era un baño.

Shouko las observó con la calma de alguien que ya había visto llegar a personas en peores condiciones.

"¿Cuántas noches se hospedarán?"

"No lo sabemos todavía", respondió Eidelin.

"¿Y su presupuesto?"

Silencio.

Shouko asintió levemente, como confirmando algo que ya sospechaba.

"No tienen dinero, ¿verdad?"

Más silencio.

"No se preocupen", dijo Shouko sin cambiar el tono. "Meiseki Yume no es solo un hotel. También es la sede del Gremio REM." Apoyó los codos en el mostrador y las miró a las tres. "Aquí pueden ganar lo que necesitan cazando criaturas errantes. El gremio paga por cada una que traigan, dependiendo del tipo y del objeto que suelten al ser derrotadas."

"¿Objetos?" preguntó Eirika.

"Cada criatura deja algo al caer. Ese objeto es la prueba de la caza y también determina la recompensa." Shouko hizo una pausa. "Aunque debo advertirles que no todas las criaturas son iguales. Algunas son manejables. Otras no tanto. Las que llamamos Kurai Kage son especialmente peligrosas. Son criaturas de sombra, y cuando atacan en grupo pueden convertir a sus víctimas en más de las suyas."

Eirika pensó en la criatura enorme que había necesitado los dos poderes de ella y Eidelin combinados para caer. Pensó en las manchas que habían quedado en el suelo y en cómo se habían acumulado.

"¿Cuánto tiempo llevamos aquí?" murmuró para sí misma.

"¿Perdón?" dijo Shouko.

"Nada." Eirika se enderezó. "Dijiste que necesitamos traer el objeto. Nosotras ya derrotamos una criatura antes de llegar aquí."

Shouko las miró con escepticismo educado.

"¿Tienen el objeto?"

"No exactamente", admitió Eirika. "Pero tenemos a Ringo."

Ringo levantó la vista con una expresión que no auguraba nada bueno.

"No soy un objeto."

"Ya lo sé, pero saliste de adentro de la criatura, eso tiene que contar para algo."

"Salí de adentro de la criatura porque me habían sellado ahí contra mi voluntad", dijo Ringo con una paciencia que tenía los bordes afilados. "No porque yo sea una recompensa."

"Técnicamente eres la prueba de que la derrotamos."

"Técnicamente soy una persona."

Shouko observó el intercambio con la expresión de alguien tomando notas mentales sobre cada una de ellas.

"Si el objeto existe, debe seguir donde cayó la criatura", dijo finalmente. "Si lo encuentran y puedo verificar su autenticidad, las registro como cazadoras del gremio y reciben su primera recompensa."

Eirika ya estaba girando hacia la puerta.

"Vamos rápido. Tengo hambre."

La plaza los recibió con miradas que ahora sí tenían algo más que curiosidad. Alguien gritó algo desde la multitud que Eirika decidió no escuchar. Eidelin caminó con la cabeza recta mirando hacia adelante. Ringo flotó un centímetro sobre el suelo hasta que Eidelin le lanzó una mirada y volvió a caminar como una persona normal.

El bosque comenzaba donde el pueblo terminaba, sin transición gradual. Un momento había casas y adoquines y el siguiente había árboles con relojes derritiéndose en las ramas y hongos gigantes con texturas de terciopelo y ojos en las escamas, y un césped de un tono azul verdoso que no terminaba de decidir si quería ser hierba o algo más extraño.

Caminaron en relativo silencio durante un rato. Ringo iba adelante con la familiaridad de alguien que conoce el lugar. Eirika iba detrás pensando en comida. Eidelin iba al final observando todo con esa atención quieta que era su manera natural de moverse por el mundo.

Fue Ringo quien habló primero.

"Estamos en el Reino de Shinzo", dijo, como si hubiera estado ordenando las palabras en su cabeza y por fin hubiera encontrado por dónde empezar. "Es un lugar que existe al margen de lo que la mayoría de la gente consideraría real. No sé exactamente qué lo sostiene ni por qué existe. Solo sé que lleva aquí mucho tiempo y que tiene una reina."

"¿Una reina?" repitió Eirika.

"Una reina." Ringo hizo una pausa. "No la he visto nunca. Pero sé que existe y que tiene poder sobre este lugar de maneras que no son fáciles de explicar." Sus ojos recorrieron brevemente el paisaje que las rodeaba, los relojes derritiéndose, los hongos con escamas de ojo. "Este lugar es así en parte por ella. No sé si lo hizo o si simplemente lo refleja. Probablemente las dos cosas."

Eidelin la escuchaba sin interrumpir. Eirika también, aunque costaba más trabajo.

"¿Y tú cómo terminaste sellada dentro de esa criatura?" preguntó Eirika.

Ringo tardó un momento en responder.

"Intenté llegar al castillo", dijo finalmente. "No porque quisiera ver a la reina. Sino porque hay algo en ese castillo que creo que importa. No sé bien qué, solo que importa." Una pausa más larga. "El castillo está protegido por un laberinto. Y el laberinto tiene guardianes."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.