MARTES 08:30 AM.
En el barrio, Fran caminaba con paso firme, aunque por dentro todo le pesaba. No tardó en encontrar al grupo de la noche anterior, sentados en una esquina, rodeados de botellas de cerveza.
Como si nada hubiera pasado.
—Creo que ya deberías darte cuenta de que no pertenecés a este barrio —dijo uno de ellos, el mismo que lo había provocado la noche anterior.
Fran ni se inmutó.
—Gallego desapareció —soltó, directo—. Y ustedes fueron los últimos en verlo.
El murmullo se apagó de golpe. Los chicos se miraron entre sí.
—¿Qué? —insistió Fran, dando un paso más cerca.
—Es imposible… —respondió uno, levantándose—. Nosotros lo llevamos a su casa. Estaba re ido, se fumó todo… y se desmayó. Pero lo dejamos ahí.
Señaló una dirección haciendo que Fran frunce el ceño dejando ver con esa mirada que esa no era la casa de Gallego.
El aire pareció volverse más pesado.
—¿De qué están hablando? —intervino Navarro, mirando de uno a otro.
Fran no respondió de inmediato. Su mirada seguía fija en el lugar que habían señalado algo no cerraba o mejor dicho nada cerraba.
—Síganme —dijo finalmente, empezando a caminar sin esperar respuesta.
Esta vez, no había dudas.
MARTES 08:50 AM
Los tres chicos llegaron al edificio. Desde el interior se filtraba una canción de la época, distorsionada por la distancia y las paredes gastadas.
Subieron encontrándose el aire adentro que era pesado y ahí lo vieron o mejor dicho encontraron a Gallego estaba tirado en el suelo, medio incorporado contra la pared, con un cigarrillo encendido entre los dedos.
—Creo que deberíamos llamar a un médico… —murmuró Abel, dando un paso al frente.
Gallego se movió apenas, acomodándose con torpeza.
—¿No deberían estar en clases? —preguntó, con la voz arrastrada.
Abel se quedó en silencio.
—Vos tampoco —respondió Fran, seco, cruzándose de brazos—. ¿De verdad creés que esto es vida?
Gallego soltó una risa corta, sin humor.
—¿Y a vos qué te importa? —replicó, incorporándose como pudo—. Siempre tiene que hablar el bueno del grupo…
Fran dio un paso hacia él.
—Me importás —dijo, firme—. Pero deberías darte cuenta de que todo esto… está mal.
Por un segundo, el silencio volvió en donde después, Gallego volvió a reír, pero esta vez fue más áspera.
—Mirá, Fran… —dijo, llevándose el cigarrillo a los labios—. ¿Por qué no volvés a la escuela… y dejás de romperme las pelotas?
El humo se elevó lento entre ellos.
—¿Sabés qué? Hacé lo que se te dé la gana… yo no voy a meterme más en tu vida —dijo Fran, girándose.
Miró a Navarro y a Abel. Ambos bajaron la mirada.
—¿Ustedes vienen o se quedan?
—Andá… nosotros vamos a tratar de salvar a Gallego —respondió Navarro en voz baja.
Fran no dijo nada más. Simplemente se fue.
Salió del edificio y empezó a bajar por el camino de tierra, pateando piedras, murmurando insultos que se perdían en el aire seco del lugar.
La bronca le pesaba más que la mochila hasta que un sonido lo sacó de sus pensamientos. El chirrido de unos frenos haciendo que se gire encontrándose una moto que se detuvo a su lado dejando ver una Zanella Sapucai 125.
—¿Estás bien? —preguntó el chico, sacándose el casco.
Fran lo miró, todavía tenso.
—Sí… solo quiero volver a la ciudad.
El desconocido sonrió, como si nada.
—Te llevo. Me gusta ayudar a los extraños —dijo—. Soy Juan Gabriel.
Le extendió un casco, pero Fran dudó.
Por un instante, todas esas historias volvieron a su cabeza. Las que se escuchaban en la radio, las que repetía su abuela en las mañanas: secuestros, gente que desaparecía, cosas que nadie terminaba de explicar.
Imágenes rápidas, absurdas pero posibles un error, un descuido y después, nada haciendo que trague saliva haciendo que se pregunte si aceptar o seguir caminando kilómetros sin saber muy bien a dónde.
—Está bien… pero mientras no vengas por mis riñones —dijo, medio en serio, medio en broma.
El chico soltó una risa.
—Otro paranoico más… —comentó, sacando la billetera—. Mirá, este es mi documento. Soy yo, ¿ves?
Fran lo observó un segundo más y asintió.
—Bueno… pero si te desviás del camino, te bajo de una piña.
—Justo —respondió Juan Gabriel, sonriendo.
Fran se subió a la moto en donde el motor rugió y en cuestión de segundos, el camino de tierra empezó a quedar atrás.
MARTES 09:00 AM