Malven, 1975

Capítulo 5: Muchacho (ojos de papel).

MIERCOLES 13:00 PM

La historia continúa en un nuevo día.

La casa estaba en calma. Su madre, Aurelia, había llegado del trabajo y ahora se permitía un momento de descanso. Secretaria del jardín, siempre prolija, siempre ocupada… aunque en el fondo sentía que su vida podía haber sido otra.

Divorciada, cargaba sola con todo: dos hijos en casa y uno mayor que ya se había ido a vivir a otra ciudad.

Aun así, seguía adelante.

Siempre lo hacía.

Fran, el del medio, la observaba en silencio mientras ella tomaba mates en la cocina, revisando papeles. Su hermana menor estaba en su habitación, concentrada en sus tareas.

Todo parecía normal, pero en la cabeza de Fran… nada lo era, no podía dejar de pensar en Mariana en Juan Gabriel y en lo que sentía tratando de entender en lo que eso significaba.

—Mamá… ¿te puedo preguntar algo? —dijo finalmente.

Aurelia dejó unas carpetas rojas a un lado y lo miró con atención.

—Sí, ¿qué pasa?

Fran dudó un segundo.

—Es sobre el amor… —empezó—. ¿Es posible enamorarse de dos personas al mismo tiempo?

La pregunta quedó flotando en el aire haciendo que Aurelia no respondiera de inmediato. Se quedó pensativa, como si esa duda no le fuera ajena. Luego se levantó y caminó hacia un mueble al costado. Abrió un cajón y sacó un cuaderno gastado, con forma de diario.

Volvió y se lo tendió.

—Esa misma pregunta… ya la hizo alguien de la familia —dijo con suavidad—. Y escribió mucho sobre eso acá.

Fran lo tomó, intrigado.

—Tal vez encuentres una respuesta… —añadió ella—. O tal vez solo más preguntas.

Miércoles, 15:00

La tarde caía pesada sobre el patio de la escuela, como si el aire mismo estuviera cansado. Era día de educación física, y los alumnos se movían con esa mezcla de desgano y rutina que parecía repetirse semana tras semana.

Fran caminaba junto a Macor hacia un costado del edificio, donde solían dejar la bicicleta. El metal crujió apenas al apoyarla.

—Mirá… —dijo Macor, conteniendo una risa—. Parece que algo es algo.

Fran siguió su mirada.

No muy lejos, Abel estaba contra una pared, besándose con una chica sin preocuparse por quién pudiera verlos. La escena era casi desafiante.

Fran desvió la vista de inmediato, no era incomodidad exactamente… o al menos no solo eso haciendo que entre al edificio sin decir nada, pero antes de cruzar la puerta, algo volvió a detenerlo.

Los de último año siempre parecían moverse en otro ritmo, como si ya no pertenecieran del todo a ese lugar y entre ellos estaba Juan Gabriel que se encontraba haciendo flexiones en el suelo, ajeno a todo, concentrado, como si cada movimiento fuera una forma de escapar de algo más.

Fran lo observó apenas un segundo de más.

—¿Sos gay? —soltó Navarro desde atrás, con esa mezcla de burla y curiosidad que nunca terminaba de definirse.

Fran reaccionó casi por reflejo.

—No. No… jamás lo sería.

Las palabras salieron rápidas, más duras de lo que esperaba se alejó unos pasos dejando ver como el comentario quedó flotando, incómodo, pero todos se quedaron callados nadie dijo nada a ese comentario.

25 de agosto

El papel del diario crujía suavemente entre los dedos de Fran mientras caminaba por el pasillo. Las palabras escritas por alguien de su familia parecían más vivas de lo que deberían, como si hablaran directamente con él.

No llegó a terminar el párrafo.

Una mano en su hombro lo hizo girar.

—Vení —dijo Navarro, apurado—. Hoy es el acto… pero nos vamos.

Fran lo miró, confundido.

A unos metros, Abel, Macor y Nazareno ya esperaban. Había algo en sus miradas… una decisión ya tomada.

—¿Te sumás? —preguntó Abel.

Fran dudó.

El eco de las palabras del diario todavía le daba vueltas en la cabeza.

Pero asintió.

—Sí.

No estaba seguro de por qué, pero salieron casi corriendo, como si alguien fuera a detenerlos. Mientras se alejaban, se subieron las camperas, cubriendo el escudo de la escuela.

Un gesto inútil pero necesario.

Jueves, 10:40

El recreo transcurría con una normalidad engañosa. Las risas, las figuritas de fútbol pasando de mano en mano, las conversaciones triviales… todo parecía en su lugar.

Demasiado en su lugar hasta que la preceptora apareció.

—Ustedes cinco. A la dirección.

No hubo protestas solo miradas cruzadas y silencio.

La oficina de la directora tenía ese olor a madera vieja y papeles acumulados. Detrás del escritorio, Silva Moral los observaba con paciencia tensa.



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En el texto hay: argentina, drama, adoleste

Editado: 12.05.2026

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