Malven, 1975

Capitulo 7: El primer cigarro

Jueves, 15:05 a.m.

El timbre de salida de gimnasia resonaba metálico en el patio del colegio. El mismo grupo del año pasado se reunía otra vez, aunque ahora se sumaba Gallego, que encendía un porro con calma para pasárselo a Navarro. El humo se mezclaba con el aire frío de la mañana.

—¿Qué harán antes de que termine este año? —preguntó Fran, ajustándose los lentes con gesto nervioso.

—Fácil: voy a tratar de masturbarme seguido —respondió Abel, provocando un silencio incómodo.

Fran no dijo nada. Nazareno apareció pedaleando en su bicicleta, frenó cerca y soltó: —Wow, sos muy virgen.

—Todos acá somos vírgenes —intervino Navarro, mirando a Gallego y a Fran, que se quedaron callados—. ¿O ustedes dos no?

—¿Qué te importa? —replicó Gallego, sacando otro porro y encendiéndolo con gesto desafiante.

Fran, sin mirar a nadie, murmuró: —Yo ya la perdí a los catorce.

El grupo lo observó con sorpresa, como si hubiera roto un pacto invisible. Nazareno sonrió con ironía: —Genial. Ahora veremos quién de nosotros será el próximo.

El silencio volvió a caer, pesado, mientras caminaban hacia la salida.

Jueves, 12:42 p.m.

En el fondo del aula de segundo año, Fran observaba a Macor, Navarro y Gallego riéndose entre murmullos. Se acercó, curioso:

—¿Qué pasa?

—Nada… apenas un rumor que escuché en los baños —dijo Gallego, con una sonrisa ladeada.

Fran arqueó las cejas. Gallego señaló discretamente a dos compañeros que charlaban apartados.

—Dicen que ellos se comen en los baños.

Fran los miró fijo, sin decir palabra. El murmullo del aula se mezclaba con la tensión de ese secreto, como si el rumor pudiera quebrar la rutina escolar en cualquier momento.

Viernes, 10:05 a.m.

El recreo estaba en su punto más ruidoso.

Grupos dispersos, risas, empujones, el eco de las pelotas contra las paredes del patio.

Mich estaba solo, apoyado contra una de las columnas, con los auriculares puestos. La música lo aislaba del resto, como si hubiera construido su propio espacio dentro del caos.

No miraba a nadie, nadie lo miraba demasiado hasta que Fran se acercó.

Llevaba una tortita en la mano, apretándola más de lo necesario. Dudó un segundo antes de hablar.

—¿Sí? —preguntó Mich, bajando apenas el volumen y mirándolo de reojo.

Fran se quedó quieto frente a él.

Demasiado quieto.

—Es que… escuché por ahí tu rumor —dijo, tragando saliva—. Y quería decirte que… tenés mi apoyo.

Mich frunció el ceño.

Se sacó un auricular.

—¿De qué estás hablando?

El silencio alrededor empezó a crecer, casi imperceptible en donde Fran sintió el corazón golpeándole en el pecho y habló.

Sin medir.

—¡Sé que sos gay!

La palabra cayó como un golpe seco algunos se giraron, otros dejaron de hablar en donde el ruido del recreo se quebró. Mich lo miró fijo sin entender o tal vez entendiendo demasiado.

El tiempo pareció detenerse un segundo.

—Lo siento… —agregó Fran, más bajo ahora.

Pero ya era tarde.

Mich dio un paso atrás, después otro y sin decir nada más, se dio vuelta y se fue casi corriendo, perdiéndose entre la gente.

Las miradas quedaron flotando que era pesadas incómodas y algunas curiosas, otras… peligrosas en donde Fran se quedó ahí, solo, con la tortita todavía en la mano.

Lunes, 12:55 p.m.

17 de noviembre de 1975

El tiempo había pasado sintiendo las semanas, meses y en lo que alguna vez fue un rumor susurrado en los baños ahora era una verdad conocida por toda la secundaria.

Mich y Bastián.

Sus nombres ya no se decían en voz baja en donde se decían entre risas, burlas y comentarios sucios que se repetían como una rutina imposible de frenar.

En el aula, el ambiente se sentía distinto pesado como si el aire mismo estuviera cargado de algo que nadie quería nombrar en voz alta. Fran estaba sentado junto a Macor en donde tenía las manos entrelazadas sobre el banco, inquietas.

—Me siento culpable —dijo en voz baja.

Macor se quitó uno de los auriculares y lo miró apenas, sin demasiado interés.

—No te preocupes —respondió—. Era algo que iba a pasar igual.

Hizo una pausa.

—Además… siempre se meten con alguien.

Volvió a mirar al frente, como si el tema ya estuviera cerrado, pero para Fran no en donde la puerta del aula se abrió de golpe. Dos preceptores entraron, acompañados por miembros del gabinete psicopedagógico.



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En el texto hay: argentina, drama, adoleste

Editado: 12.05.2026

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