Ya asomaban los primeros días de diciembre, esos en los que el calor empezaba a pegar fuerte desde temprano y el aire se volvía espeso, casi pegajoso. El verano en Argentina no llegaba de golpe: se iba instalando de a poco, pero cuando lo hacía… no daba tregua.
Y con el calor, también llegaban las diferencias.
Si tenías plata, el destino era claro: Mar del Plata, la costa, el mar, las fotos en la Bristol, las sombrillas alineadas como si todo estuviera en orden. Era otra vida, aunque fuera por unas semanas.
Si no… bueno, quedaban las piletas municipales. El ruido, el agua llena de chicos, las reposeras gastadas, el sol igual de fuerte, pero sin paisaje de postal. No era lo mismo, pero alcanzaba. Siempre alcanzaba.
Al final, todo dependía de lo mismo de siempre.
VIERNES, 13:00
5 DE DICIEMBRE DE 1975.
El último día había llegado.
El aula ya no era un aula: era un murmullo constante, una mezcla de nervios, alivio y resignación. Las hojas con las notas pasaban de mano en mano como si pesaran más de lo que decían.
Algunos sonreían, otros evitaban mirar demasiado.
Navarro fue uno de los que no pudo esquivar la realidad.
—Mi vieja me va a matar… —murmuró, clavando la vista en el papel.
Fran se inclinó un poco para ver por encima de su hombro.
—No te preocupes —dijo, con calma—. Si tenés que rendir, yo te presto mi carpeta.
Navarro lo miró, agradecido, y asintió.
—Gracias, en serio.
A unos metros, Gallego revisaba sus notas sin demasiado interés. Como si eso no definiera nada.
—Bueno… —dijo, levantando la vista—. ¿Qué hacemos en las vacaciones? ¿Nos juntamos o cada uno desaparece?
Abel fue el primero en responder, casi con orgullo.
—Yo me voy a Las Leñas.
Navarro levantó la mano, como si todavía estuvieran en clase.
—Yo voy a lo de mis tíos… así que tampoco.
Gallego soltó una risa baja y giró hacia Fran.
—¿Y vos?
Fran dudó un segundo.
Pensó en el viaje, en su casa, en todo lo que venía moviéndose sin que él pudiera frenarlo del todo.
—No sé… —respondió al final, sincero.
Gallego lo sostuvo la mirada un instante más, como si entendiera que había algo detrás de esa respuesta.
Después se encogió de hombros.
—Como quieran nos vemos el año que viene.
Y se fue, sin hacer ruido, perdiéndose entre los pasillos que empezaban a vaciarse. Quedaron los otros tres dejando así el aula, de a poco, se fue quedando en silencio como si, junto con las clases, también se cerrara algo más.
LUNES 16:00 PM
15 DE DICIEMBRE — MAR DEL PLATA.
El mar se extendía gris y brillante bajo el sol, con ese viento constante que no dejaba olvidar dónde estaban. La playa estaba llena: sombrillas, reposeras, familias enteras intentando ganarle espacio al verano.
Fran miraba el agua con una sonrisa tranquila, como si por un momento todo lo demás quedara lejos. El ruido de las olas, la gente, las radios sonando… todo se mezclaba en un fondo que, por primera vez en días, no le pesaba.
—Tomá.
La voz de su padrastro lo sacó de ese estado. Le alcanzó una gaseosa fría. Fran la aceptó con una leve sonrisa.
—Gracias.
Iba a decir algo más cuando una voz conocida lo interrumpió.
—¿Fran?
Se giró dejando ver que era Mariana.
Estaba igual que siempre, pero con el pelo movido por el viento y una sonrisa que parecía más liviana, como si el viaje también le hubiera aflojado algo.
—¿Qué hacés acá? —preguntó él, sorprendido.
Ella se encogió de hombros.
—Vacaciones… —respondió—. Y un poco para despejarme. Con todo lo que está pasando con la economía… —agregó, dejando la frase en el aire— ¿Leíste el libro?
Fran asintió.
—Sí me gustó, aunque es medio largo.
Mariana soltó una risa breve.
—Sabía que ibas a decir eso.
El momento era simple, cómodo hasta que de repente alguien más habló.
—Hola.
Los dos giraron la cabeza casi al mismo tiempo dejando ver a Juan Gabriel. De pie a unos metros, con esa naturalidad que a Fran siempre le descolocaba.
El mundo pareció frenarse un segundo en donde Fran se quedó quieto viendo como ahí estaban los dos, frente a él y, de golpe, el verano ya no parecía tan tranquilo.
MIERCOLES 20:30.
Fran se encontraba terminando leyendo el diario haciendo que muestre una sonrisa para dejarlo a un costado y mirarse a un espejo haciendo que se mire como si no se reconociera al momento preguntándose que será en el futuro o que pasara el próximo año.