maquinas y muerte

Maquina y muerte

Me dirigía hacia el mismo bar de todas las noches, la noche tenía esa misma calma de siempre, era un silencio tímido y a su vez muy familiar. Podías ver a la gente pasar en silencio, a sus espaldas el ángel de la muerte que los llevaba con su correa. Era una pequeña cadena que estaba amarrada a sus cuellos, es como pasear a un perro, la diferencia es que el animal eres tú, y tu ángel de la muerte el humano. Me incluyo mi única compañía es mi amada muerte, siempre con su túnica negra y su cara acabada, siempre callada, siempre tan fría.

Llegué al bar y pedí una cerveza, unos cigarrillos baratos con un pedazo de pan seco. Estaba solo en la mesa con mi amada muerte. Le ofrecí cerveza y negó con su cabeza, a ella no le gusta verme beber ni verme fumar, tal vez porque sabe que no he cumplido mi tiempo en este plano de barro y aire, le molesta verme enfermo en sus gestos lo puedo ver. Un breve sonido interrumpió mi silencio, golpee mi mirada a la entrada del bar. Por las barbas de Jesús, había entrado una modelo egipcia, una Diosa Persa. Su piel morena, con sus piernas me desataron gruñidos espirituales y carnales. Pero había algo muy distinto en ella, era su ángel de la muerte. No la llevaba con su correa corta de metal que debería estar en su cuello, el ángel estaba colgado a sus espaldas, sus brazos delgados estaban abrazando el cuello de ella. Tomo asiento delante de mi mesa y pidió un trago y un cigarrillo. Era curioso ver un ángel en esas condiciones. Las ganas de saber me ganaron y accedí a llamar su atención.

- Oye! ¡oye!  – le dije haciendo un gesto con la mano. Ella me miro con cara de sorprendida y con una sonrisa perdida.

- Me hablas a mí – dijo ella.

- Si tengo una pregunta – tomé un sorbo de mi cerveza y añadí – ¿porque tu ángel de la muerte está colgando de tu espalda? – ella hizo su mejor cara de poema.

- Tú los puedes ver – dijo ella con entusiasmo y alegría, poniéndose de pie ante tal sorpresa, yo solo pude asentí con mi cabeza. Y antes de que añadiera algo dijo: – No estoy del todo loca.

-Bueno es mi maldición y mi don. – le hice una seña de que viera a mi mesa. Ella acepto. Tomo su trago y cigarrillo. Todo su cuerpo se levantó y empezó a caminar hacia mí, cada centímetro que se acercaba era impactante, las tripas se retorcieron y las manos me empezaron a sudar, me quedaba sin aire. El poder de su belleza me dejaba inmóvil, la garganta me temblaba y estaba muy seca. Tome un sorbo de cerveza lo necesitaba. Ahí estaba ella frente a mí con su ángel de muerte a sus espaldas, era hermosa y caótica, sus ojos tenían el lado oscuro de la noche y su sonrisa me arrebataba el alma completa.

- soy Eva- dijo ella

- Eva es un nombre muy raro.

-Es por seguridad, no le doy mi nombre a cualquiera, así como así. – dijo. – ¿cómo te haces llamar?

- Bago…llámame así -- ella hizo cara de sorprendida – mis amigos me llaman así, pues como por seguridad. –Eva da una pequeña risita de juguetona insinuando que era una broma de mal gusto, lo pude percibir.

-Así que tú puedes ver los ángeles de la muerte. – dijo ella.

-En efecto los puedo ver, pero el tuyo en particular me causa una gran curiosidad.

-Los dices porque ella no me lleva con su correa de cadenas, lo que pasa es que ella no tiene piernas -- le levanto la túnica y era verdad que no tenía piernas el costal de huesos. – Fue un accidente hace unos tres años atrás.

- Fue un accidente lo que le causo eso a tu ángel?

- Si…fue por mi culpa que ella perdió sus piernas. – Dijo conmovida. El silencio duro unos minutos hasta que ella con fuerzas del alma o de donde sea pudo seguir hablando. – Yo me quería suicidar…pero ella con un breve susurro me dijo que todavía no era mi tiempo. – otra vez el silencio incómodo.

- Y que paso? – interrumpí. Ella tomo de su trago, tomado fuerzas para poder seguir. Quizás esta mal mi imprudencia, pero mi impaciencia de saberlo me ganaba. Eva me miro con frialdad, no sé por qué, pero en sus ojos había una danza de odio y melancolía, que impactante mirada tenía ella. Me domaba con aquellos ojos, sentía que el mundo me tragaba o ella me tragaba, pero era hermoso.

-Quizás no deberías saberlo, pero me caíste bien, además eres interesante. Te contare con mucho gusto

-Gracias señorita Eva – levante mi cerveza. – salud?

- Por que deberíamos brindar? – dijo ella levantado su trago.

- Por la casualidad – entonces nuestras copas de vidrio se tocaron – salud Eva!

- Salud señor Bago!

EL sonido de los vasos fue fino. Mi vaso termino vacío y el de ella igual, y sonreímos. Era una buena manera de romper el hielo, un gesto elegante pero muy idiota. Pero había cambiado de alguna manera u otra, su sonrisa brillo con más fuerza y su mirada se calmó de algún modo. Que rara era la vida hace un momento no quería hablar con nadie, siempre fui muy antisocial, me gusta tomar una cerveza solo en los parques bajo la luna, en las zonas nocturnas, en mi casa bebiendo y escribiendo cosas baratas. Y hoy una chica guapa con su muerte a sus espaldas era una historia que valía pena vivir, porque esto solo me pasa una vez en la vida.

–  Que paso con tu ángel de la muerte…y con tus ganas de morir? – pregunte indebidamente.

– Pero antes de todo quiero saber… ¿si tú sabes cómo liberarte de las cadenas de la muerte?

Era una pregunta que la verdad no me esperaba. Si había visto algunos humanos sin las cadenas de la muerte en sus cuellos, pero nunca supe como liberarme de ellas, quizás personas como Eva saben cómo liberarse. Yo nunca he podido saberlo.

– Me haces una pregunta muy difícil, la verdad he intentado quitarme estas cadenas con la voluntad de mi carne, hasta que me encariñe con ella – mire el rostro frio de mi amada muerte –, cuando empecé verla a mi temprana edad pensaba que era un demonio, les comentaba a mis padres y me ignoraban, pensaban que estaba volviendo loco. Pero después entendí que ella me escuchaba, por eso te digo que ella es mi única compañía.




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