Camila
Pese a que estuve tomando urgidamente copa tras copa y la música inundaba fuertemente el salón con sus notas, no era suficiente.
Aún podía escuchar a la voz de mi conciencia, gritándome lo patética que soy. Lo poco que ha valido mi esfuerzo en un mundo tan conflictivo como la actuación. Cómo a pesar de que lo intente, no puedo librarme de las cadenas de amargura que encadenan a mi alma, mismas cadenas que, al pesar tanto, me mantienen sumergida en un agujero de miseria al que he caído y aún no le encuentro la salida.
No tome conciencia de que estaba rodeada de muchas personas, muchos de ellos actores y actrices con las que he trabajo, hablando entre ellos de quien sabe que cosas. No me sentía tan fuera de lugar porque el martini que sostenía me mantenía firme. De repente, sentí como una mano delgada me toca suavemente el hombro, haciéndome girar para verla.
La mano era de Mónica, mi mejor amiga en los medios, quién me veía alegre como si me hubiera estado buscando desde un largo rato.
—¡Amiga, estás preciosa!—me dice, dándome un beso en la mejilla, el cual imite—.Muchas felicidades por el estreno de tu película, estoy ansiosa por verla.
No sé porque, pero no podía creerle eso último del todo. Ella sabía lo mucho que odié grabar esa película. El director nos tenía trabajando casi las 24 horas del día, mi co-estrella no se esforzaba en fingir la química de los protagonistas, y todo esto fue algo que me buscó Leo por llevarle la contraria en una discusión.
Cuando hacía algo que no le gustaba a Leo, le gustaba torturarme con papeles de protagonistas perfectas y contratos abusivos a los que no me podía negar. No me sentía capaz de decirle que no a Leo, pese a que a veces lo detestaba.
—Muchas gracias, amiga—le contesté con una sonrisa fingida.
—Disculpen—dijo Mónica dirigiéndose a las personas con las que estaba—, les voy a robar a esta mujer unos momentos—y seguido me tiró de la mano para alejarme de ahí.
—Si si, sin problema—contestó una voz masculina, sabrá Dios quién era.
Mónica empezó a caminar lejos de la multitud con su mano entrelazando la mía, parecía que nos dirigíamos al solitario vestíbulo. Una vez ahí, la expresión de Mónica cambió de alegre a angustiada en segundos.
—Camila, ¿te encuentras bien?—preguntó.
No, no estoy bien. Me estoy ahogando en la tristeza y quiero desaparecer. Pero no la quiero preocupar con trivialidades.
—Estoy bien.
—¿Estás segura? Te he visto toda la noche desde mi lugar y no has parado de beber.
Me sorprendió que se diera cuenta de eso. Yo ni siquiera llevaba la cuenta de cuánto había estado bebiendo.
—Te lo digo enserio, no hay nada de que preocuparse, estoy perfecta.
—¿De verdad? Sabes que siempre vas a poder contar conmigo para lo que quieras.
Lo sé. Lo sé y sin embargo no se pedirte ayuda, amiga mía.
—Lo sé, y tú también.
—Eso lo sé también.
Mónica me decicó una de sus preciosas sonrisas que siempre adornan su rostro. Ella era una de mis personas más importantes en toda mi vida, y por mucho, la mujer más hermosa que yo he visto en todo el mundo.
—Bueno, no se si quieras ir a...
—Disculpen la interrupción, señoritas—dijo una voz masculina y ambas volteámos en sintonía. Era Leo—. Camila, me gustaría hablar contigo, es algo urgente.
Ví a Mónica y su sonrisa se transformo en una mueca de irritación, y me miró con una preocupación discreta.
—Bueno, nos veremos luego Cami, cuídate—se despidió de mí, dirigiéndose de nuevo al salón, dejándome con Leo a solas.
—¿Qué demonios has estado haciendo esta noche?—cuestionó de malas.
—¿De qué hablas?—pregunté confundida.
—¡No te hagas la tonta!—me gritó mientras me agarraba fuertemente de los brazos con ambas manos—. No te he visto hablando con ningún director en la recepción. Muchos de ellos van a lanzar nuevos proyectos, y yo te quiero como protagonista de alguno.
Ah. Esa era la urgencia. Trabajo y más trabajo.
—Leo, acabo de terminar una película, necesito un poco de tiempo para trabajar en otra cosa.
—¡No! Te dije que te quiero como protagonista de algún proyecto nuevo—me apretó los brazos con más fuerza—. No te voy a permitir que andes perdiendo el tiempo cuando puedes estar generando dinero.
—¡No hago esto por dinero!—respondí, tratando de safarme de su agarre.
Y de verdad que no lo hacía. Actuar era mi pasatiempo cuando era niña, y luego se convirtió en un sueño. Un sueño que estaba siendo aplastado por la avaricia de Leo.
—¡No me interesa porque lo hagas!—dice Leo al mismo tiempo que me agita el cuerpo con sus manos furiosas—. Quiero que trabajes por uno de esos papeles. Y punto.
Su agarre se suavizó lo suficiente para dejarme libre. Corrí lo que me permitieron mis tacones hasta llegar al baño de mujeres.
Extrañamente, ese baño estaba completamente solo, pero no me importa. Entre deprisa y me encerré en el cubículo más lejano de la puerta. Voy a colapsar. Necesito manterme de pie solo un poco más para salir ilesa de aquí.
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Editado: 17.06.2026