Camila
Me despiertó en la madrugada con una sed moribunda. Noto que a lado de mi yace dormida Mónica, manteniendo su promesa de quedarse a mi lado ante todo. Empiezo a removerme entre las sábanas sin despertarla, y salgo de la cama para dirigirme a la cocina por un vaso de agua.
Mis pies descalzos tiemblan ante al frío piso del pasillo, y el silencio sofocante me mantiene ansiosa. Antes de bajar a la cocina, me detengo a ver mi reflejo en el espejo que esta bajando las escaleras. Puedo ver en a una mujer cansada, deprimida, molesta con la vida y débil. No me gusta lo que veo, pero tampoco me aparto de ahí.
Decido acercarme un poco más para contemplar mi rostro más de cerca. Puedo notar unas grandes ojeras bajo mis ojos, mi piel reseca y mis labios agrietados. Nada en comparación con la hermosa mujer que era apenas la noche anterior. Nunca me he considerado como alguien fea, pero ahora no tenía como defenderme ante eso.
Me alejo un poco para ver mi cuerpo semidescubierto por mi camisón corto blanco. En mis delgados brazos se ven las marcas amarillentas de los dedos de Leo, otra marca de su frustración contra mí. Mis finas clavículas están tan marcadas que hasta puedo distinguir que también se me están empezando a marcar las costillas. Mis piernas largas tienen uno que otro moretón que no sé ni cuando me los hice.
Estoy frente al monstruo que me esta destrozando la vida. Pero soy yo misma. Siento unas enormes ganas de llorar.
En vez de bajar, me di la vuelta y camine hacia el baño para soltar un poco del mar salado de mis ojos. Entré y cerré la puerta, y me senté de ovillo en el piso, mientras sentía que mi frío rostro se ponía caliente con mis lágrimas y reprimía los gritos que luchaban por salir.
Me siento como una muñeca de porcelana a la que dejaron de querer, la que dejó de importar ,que simplemente fue tirada al piso como si fuera basura y que permanece allí, hecha pedazos. Eso es lo que soy ahora.
※※※
Después de un rato llorando, me incorporo para irme a tratar de dormir, pero se me ocurre algo; como echarme a llorar como una niña no es suficiente, necesito otra manera de aliviarme un rato del dolor. Un algo. Como no hay alcohol en mi cocina, tendré que recurrir a mis confiables pastillas.
Me levantó del suelo y me acerco al lavado y abro la puerta del mueble que esta debajo de él. Busco y rebusco hasta que lo encuentro. Mis coloridas pastillas felices.
Sacó el frasco transparente que contiene las anfetaminas, lo abro sin esfuerzo y vierto un puñado de ellas en mi mano. Las contemplo por segundos antes de metermélas todas a la boca. Trago una a una hasta que siento que todas han pasado por mi garganta, y vuelvo a sentarme en el piso contra la bañera.
Pero la cantidad me falla. En lugar de sentirme relajada, empiezó a sentirme tensa. Los pensamientos dentro de mí no paran de dar vueltas, paso de una idea a otra y ya no sé ni dónde me encuentro. La oscuridad del baño comienza a asustarme y me siento incapaz de gritar para que alguien me ayude. Entonces por fin mi cabeza se pone un poco en orden, y me lleva a mi primera vez.
※※※
(1989, 5 años atrás)
<< Me siento tan feliz. Finalmente se estrenará mi debut en la pantalla grande. Me siento nerviosa y a la vez emocionada, pero sobre todo me siento orgullosa de mí. No podía estar más contenta con la vida.
Mi elegante vestido rosa me hace parecer una princesa, está tan pomposo que siento que con un mal paso me iré al suelo. Mi cabello recogido me da una imagen más madura, y mi maquillaje se siente ligero. Estoy sencillamente perfecta.
Pesé a que estoy sola en mi camerino y el ruido exterior es fuerte, no se compara con la fuerza de mi emoción. Alguien llama a mi puerta y lo hago pasar. Es Leo, pero se ve raro.
—¿Cómo te encuentras?—me preguntó.
—Nerviosa, pero también feliz—le sonrió ampliamente.
Asiente, pero no quita de mí su mirada. Se aclara la garganta y prosigue.
—Camila, hay algo que debes saber antes del show.
—¿A sí? ¿Qué pasa?—cuestiono ligeramente nerviosa.
—Hace unos momentos recibí una llamada de tu hermana Karina—eso me sorprendió, pero Leo no lo notó,—y de verdad lo siento mucho.
Mi cara se puso seria. ¿Qué era lo que sentía?
—Leo perdón, pero no te estoy entendiendo—dije confundida.
—Es normal que no sepas como tomarlo, no te culpo, pero quería que lo tengas en cuenta antes de salir—dijo y se dió la vuelta dispuesto a marcharse, pero lo detengo agarrándolo del brazo.
—¿Pero de que estás hablando? No estoy entendiendo nada—espeté.
Leo solo me miró con incredulidad y lo solté automáticamente.
—Karina intento contactarse contigo, pero como estabas ocupada, la atendí yo—dijo relamiendóse los labios,—insistió en que te comunicara con ella pero no fue posible.
¿Cómo qué no era posible? Si yo siempre estoy disponible para mi familia.
—Me dio la mala noticia de que tu hermana mayor fue atropellada. Perdió mucha sangre estando en el suelo, y aunque la gente que vió todo llamó a una ambulancia, fue demasiado tarde. Tu hermana murió momentos después.
#1562 en Novela contemporánea
#6139 en Novela romántica
amigos a amantes, segundasoportunidades, crecimientopersonal
Editado: 06.07.2026