Mar de Estrellas

5. La miserable

Camila

La mañana posterior a mi crisis se siente pesada. Me duele la cabeza, siento un nudo en el estómago y me muero de sueño. Me giró por la cama para toparme a Mónica quién todavía esta dormida. Parecía un ángel posando en las nubes. Que afortunado será el hombre que pueda gozar del privilegio de ver a esta mujer a su lado, pero mientras el privilegio es mío.

Me levantó de la cama sin hacer ruido y salgo al pasillo descalza. Me acerco a la mesa del teléfono y abro el cajón, buscando esa libreta. Hojeo las páginas hasta encontrar esos números de teléfono. Dudo en marcar. ¿Siquiera tengo derecho a pedirles ayuda, después de todo lo que paso? Me siento tan cobarde por temer acercarme a ellos otra vez, pero a la vez deseo volver a sentir su cercanía, pero justamente siento su cariño tan lejano que me cuesta perseguirlo.

Releeo varias veces los números. Me muero por llamar, y sin embargo, no lo hago. Cierro la libreta y la vuelvo a guardar en donde estaba; algún día la volveré a buscar cuando las cosas hayan mejorado, aunque no sé cuándo llegará ese día.

Con mis párpados cansados, decido volver a la cama a dormir otro rato. Enfrentaré al mundo otra vez dentro de unas horas.

※※※

Me despierto más cansada que hace rato, y notó que Mónica ya no estaba en la cama. Me levanto con pesadez y decido buscarla por todos lados. Fui al baño, a las otras recámaras, a mi despacho, a la sala, al jardín y ni un solo rastro de ella; no fue hasta que llegué a la cocina que ví una nota con su bonita caligrafía y un beso suyo impregnado en el papel.

"Cami, tuve que irme antes de lo previsto por asuntos de mi agenda. Recuerda todo lo que hablamos y piénsalo. Estaré lista para escucharte y ayudarte. Te quiero muchísimo.

Mónica."

Sonrió. De verdad me sentía tan agradecida de tenerla en mi vida. No sé que sería de mí sin ella. Guardo la nota en su cajón de la cocina. Habia sacado todos mis cubiertos de ese cajón para guardar las notas y cartas que Mónica me dejaba siempre que se iba sin avisar. Esta solo era una de tantas, y adoro tenerlas guardadas.

Por momentos como este es que no me derrumbo del todo. Vuelvo a subir a mi habitación para quitarme la pijama y vestirme. Decidí ponerme unos jeans rectos claros, una camiseta blanca de manga corta y unos tenis blancos. Me dirigí al baño a lavarme los dientes y recogerme el cabello con una coleta. Me ví al espejo y, por momentos, parecía que la mujer desdichada de ayer no existía. Ojalá pasará esto más seguido.

Bajé a la sala, me acerqué a mi estéreo y busqué en mi cajón de casetes el que era uno de mis álbumes favoritos. Recuerdos de Juan Gabriel era uno de los mejores álbumes que pude haber escuchado en toda mi vida. Inserto el casete dentro del estéreo, le doy play y la primera canción que suena es El Noa Noa. Me dejó llevar por la alegre melodía y me dirijo a la cocina para desayunar.

Empecé a buscar todos los ingredientes para hacerme un omelette y lo empecé a hacer. Traté de que se pareciera lo más posible a los que me hacía mi mamá cuando era niña, aunque por mucho los de ella eran mejores al que me acabo de hacer. Busco un poco de agua y me siento a comer en la barra de la cocina. La música sigue sonando desde la sala, y mi felicidad se siente un poco más que otros momentos.

Empiezo a comer sin prisa mi desayuno, hacia tanto tiempo que no estaba a solas en mi casa. Normalmente estaba con Andrés, Mónica o cualquier otro amigo famoso, pero ahora estoy sola. Mientras mastico, me pongo a reflexionar sobre lo que ha pasado en las últimas 48 horas: me drogué en una premiere, me vieron, me expusieron y colapse.

Aunque eso es lo de menos, lo importante es qué voy a hacer con eso. Probablemente la prensa ya esté negociando entrevistas sobre esto con Leo o Fabián, o directamente tratarán de acercarse a mí para que dé la cara. No tiendo a esconderme ante los problemas, pero esto es diferente, era mi primer escándalo, y era algo muy grave.

Me preguntó cómo es que ninguna patrulla a llegado al pent-house a llevarme detenida o algo así. Quizá Leo ya haya hecho algo con eso, ¿pero por qué iría a la cárcel? Osea, si, consumía y poseía anfetaminas, pero nada más; técnicamente yo no la conseguía ni la distribuía, al contrario, podía encontrar todo tipo de sustancias en diferentes fiestas de celebridades o algunas cosas las conseguía Leo. Leo... ese maldito no ha venido a regañarme desde que salieron a la luz mis fotos, ¿qué estará pensando?

Terminó de comer y llevo mis platos a la tarja para lavarlos. Sigo pensando en lo que ha pasado. Fabián me había dicho que haría lo que pudiera para persuadir a la prensa sobre el asunto, Mónica se negaría a dar entrevistas hablando de mí y no diría ni una palabra de esto, Leo está sin aparecer, y Andrés ni siquiera me había buscado.

Unos fuertes golpes en la puerta me sacan de mis pensamientos. ¿Ya vinieron por mí? Me seco las manos con una franela y me acerco nerviosa a abrir la puerta. Creo que es el fin.

Al abrirla, me encuentro a Leo con su característico seño molesto. Me aparta bruscamente de la puerta y entra sin decir nada, y se fue directamente a la sala a sentarse de malas. Venía solo, y eso me está preocupando.

Se me quedó mirando fijamente con su mirada rabiosa. Lo que sea que me fuera a decir, seguramente terminará muy mal.




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