Mar de Estrellas

7. Carretera al sur

Camila

Llevo aproximádamente 6 horas conduciendo por la carretera, la última parada que hice para recargar gasolina fue hace 3 horas. Del estéreo resonaba una canción de una banda popular que a mí me gustaba, la melodía estaba callando lentamente mis abruptos pensamientos.

"No dejes que...

Decía la canción.

Nos coma el diablo, amor..."

Con esa frase, no puedo evitar pensar en Andrés. A nosotros si nos comió el diablo, hasta diría que nos vomitó. Los rugidos de mi estómago me distraen de la canción, no he comido nada desde la mañana, aunque tampoco tuve muchos ánimos de ingerir algo, hasta creo que podría aguantar a dónde quiero llegar.

Al final decidí huir a Acapulco, es un lugar en el que tengo muy buenos recuerdos antes de... bueno, antes de todo esto.

Recuerdo que la primera vez que fui a una playa fue cuando tenía 15 años, cuando aún vivía con mi familia. Esa vez, papá nos sorprendió a todos diciéndonos que nos iríamos a disfrutar de unas vacaciones en un lugar muy caluroso y bonito, recuerdo la expresión de todos cuando nos dió la noticia: mamá casi llora de la alegría, Karina casi protesta para no ir —odia el calor— mientras Pamela la persuadía a gritos, y la pequeña Alicia estaba que se deshacía de felicidad. Era la primera vez que pudimos hacer un viaje así, nuestra alegría era comprensible.

En ese viaje, pude descubrir un mundo completamente diferente al que conocía en el Ecatepec. Acapulco fue uno de los lugares más preciosos que pude apreciar en aquellos años; el calor en el aire se sentía reconfortante, la fina arena que te daba cosquillas, y el hermoso mar que te refrescaba con sus aguas. Quedé tan maravillada que, en ese momento, me prometí que cuando fuera adulta iría a esa playa todas las veces que me fueran posibles.

Sin embargo, cuando decidí meterme al mundo de espectáculo, no tuve tantos chances de ir de nuevo, iba a todos lados, menos ahí. Me cumpliré mi propia promesa ahora que tengo la oportunidad, aunque vaya en un mal momento para mí.

Probablemente cambiaron muchas cosas, pero no me importa. Quiero sentirme como en casa, si es que aún me puedo sentir parte de un lugar.




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