Camila
Entro deprisa a mi habitación y me dirijo hacia el dormitorio mientras me voy quitando los lentes y la pañoleta. Una vez allí, me saco mis zapatillas y las dejo alado de la cama, y en mi bolso rebusco mi teléfono y mi libreta de números que me lleve de casa. Hojeo las páginas hasta encontrar el número que estoy buscando, y al hallarlo me encuentro debatiendo entre que tan buena idea será esto que quiero hacer.
Necesito comunicarme con alguna de mis personas cercanas para que sepan que estoy bien, pero no puedo arriesgarme a que descubran dónde estoy si uso el teléfono del hotel, así que tendré que hacerlo con el mío. Me siento sobre la cama descalza y me armo de valor para marcar, no puedo ser tan cobarde toda mi vida.
Me animo a marcar el número, espero a que contesten, y en menos de un segundo ya escucho su voz desde el otro lado.
—¿Bueno?—se escucha una voz masculina confundida.
—Si, ¿bueno? ¿Fabián?
—¿Camila? Gracias a Dios, que bueno que llamas, ¿dónde estás? Leo y yo preocupados por ti, llevas varios días desaparecida, ¿estás bien?—siento en su voz una mezcla de alivio y preocupación.
Estoy dónde no quiero que me encuentren. Me fio de tu preocupación, pero no de la de Leo. No estoy desaparecida, me fui por voluntad propia. No, nada está bien.
—No te preocupes, estoy perfectamente bien. ¿Tú cómo has estado?—respondo como si nada.
—Por favor, dime en dónde estás para ir por ti.
No.
—Discúlpame, pero no te lo voy a decir.
Escucho un fuerte suspiro de Fabián. Debe estar echándose su esponjoso cabello hacia atrás de la frustración.
—Camila, escucha, no estoy para juegos ahorita. Así que por favor, dime en dónde estás—me exige con un tono angustiado.
—Estoy bien, y eso es lo único que vas a saber de mí por ahora—le respondo tajante.
—¿Cómo voy a saber que estás bien si no me dices a dónde te fuiste?—me responde con fastidio.
—Tranquilo, todo está bien conmigo.
—Eso pensaba antes, pero ahora ya no te creo.
—Mira, no te llame para discutir, te hable para saber que ha pasado en mi ausencia.
—¿De qué hablas? Espera, ¿no has visto las noticias? ¿A dónde te fuiste no hay tele o qué?—debe de estar negando incrédulamente con la cabeza.
—¡Solo dime que está pasando!—le exijo. Y reitero, como me molesta que me den vueltas en los asuntos.
—Para empezar, Leo ya se dio cuenta de que te fuiste a vete saber a dónde, y para variar, ha estado de malas desde entonces.
—¿Y qué ha hecho?
—Leo te reportó como desaparecida el mismo día que te fuiste, y ahora te están buscando por todo el país.
Siento como la sangre me abandona el cuerpo al escuchar esas palabras. Dios, por favor no. No quiero caer de nuevo en las garras de ese monstruo.
—¿Pero cómo?—titubeo.
—Las autoridades ya iniciaron una carpeta de investigación por el hecho, apenas ayer fueron a tu pent-house a buscar alguna evidencia que demuestren que tu ausencia fue por secuestro, pero las cosas apuntan a que fue te fuiste por tu propia voluntad.
—¿Y eso está mal?
—No, pero el Ministerio Público también empezó a investigar sobre el asunto de las drogas.
Me lleva la...
—¿Y qué han dicho sobre eso?
—Pues hasta el momento, relacionan tu desaparición con tu evasión del asunto, pero honestamente, yo no creo que te hayas ido por eso, ¿verdad?
No sé qué responder, y tampoco pensé que la situación podría verse así, pero yo no me fui por eso.
—Supongo que sí, ¿qué más?
—Hasta el momento, las autoridades ya nos entrevistaron a mí, a Leo y a tu chofer, y fueron a ver a tu familia para ver si no estabas con ellos, pero no sabemos nada más que eso. No nos han notificado de nada más.
Suspiro. Pues bueno, veremos hasta dónde llega esto.
—Pues bueno.
—Estaré al pendiente de toda la investigación por cualquier cosa, pero ¿enserio no me vas a decir dónde estás?
—No, no puedo decirte.
—¿Pero estás bien?
—Si, todo está bien.
—Bueno, confío en que estarás a salvo en dónde sea que estés. Ya sabes que si necesitas algo, solo márcame.
—Si, está bien. ¿Puedo pedirte un favor? No le digas a Leo que hablaste conmigo, por favor.
Se escucha un leve suspiro, y responde:
—Está bien. No le diré a Leo de nuestra conversación, pero yo también te quiero pedir algo.
—Lo que sea, dime.
—Dale noticias de tu vida a la señorita Mónica, ha estado deprimida desde que te fuiste, y le ayudaría bastante saber de ti.
#1673 en Novela contemporánea
#6718 en Novela romántica
amigos a amantes, segundasoportunidades, crecimientopersonal
Editado: 25.07.2026