Mar de Sales

Abismo

Manuel es el primero en levantarse cada mañana. Pone en marcha la cafetera, y se cerciora personalmente de que el café siempre quede fuerte, como le gusta. Revisa en su celular las cuentas y movimientos, como siempre, mientras espera a la persona encargada de la cocina. Que no esté presente en el bar no quiere decir que no esté detrás del personal. Con cuidado, revisa cada notificación y lleva las cuentas anotadas, para que todo siga su flujo, tal como si estuviera allí en persona.

—Se me ocurrió una idea brillante —saluda Uno, sin poder contener la emoción—. Tuve un sueño, fue como una revelación.

Manuel suspira, apaga la pantalla del celular y lo deja a un lado, en el mesón, junto a sus lentes. Cruza las piernas, deja caer la cabeza y lo mira fijamente.

—Animaciones —Uno sonríe—, que nuestros videos sean animados, imagínate todo lo que podríamos hacer sin necesidad de actuar. Hasta peleas con espadas y magias.

—Por supuesto…

—¿No te gusta? Sería la solución a nuestros problemas.

—Es un tema para conversar entre todos, pero te puedo adelantar que no es mala idea. —Retoma el celular.

—Tenerte a ti de padre tuvo que haber sido fuerte —asiente con lentitud.

—¿Perdón?

—Nada, solo me estaba acordando de Samanta, ¿qué tal está?

—Igual de intensa que siempre —suspira—, Carolina la aguanta menos, por lo que ahora vive más con sus abuelos.

—¿No siempre la mandan con ellos?

—Ahora es con más frecuencia —sonríe culpable.

—¿Qué consejo me darías si, por cosas de la vida, fuera a ser padre?

Manuel lo mira de arriba a abajo y frunce el ceño como si le doliera la cabeza, dice con pesar:

—Que seas serio.

—¿Eso nada más? —Uno ríe—, pero lo soy, de verdad.

—¿Qué escándalo es este? —Santiago se abre paso a la cocina, necesita con urgencia el café de la mañana—. ¿Desde cuando las viejas cotillean tan temprano?

—¿Celoso? —Uno se calma—. Está tardando mucho el cocinero.

—Mejor pide algo para comer, que luego nos choca con el horario del ensayo.

—Sí —Manuel suspira—, la gente ya no quiere trabajar.

En el ensayo, durante un descanso, para tomar agua y agregar detalles que arreglar, Rylan aprovecha para comentar sobre la canción que sin querer continuó:

—Les tengo el avance, de la letra esa que balbucee en mi ebriedad —sonríe avergonzado—, en realidad tenía una melodía en la cabeza y por suerte no se me ha olvidado.

Con la guitarra acústica les muestra la introducción que ha tenido dando vueltas en la cabeza, y pasados unos segundos canta con voz rasposa:

Entiendo de lo que va

entre la desesperación y la ansiedad

lo vivo continuamente

Perdido, hundido sin esperanza en la realidad

cuesta pensar bien

que quizás mañana todo cambie

Quiero escapar de la reflexión

necesito apagar los pensamientos

De nada sirve buscar entre opciones

y que después no venga el remordimiento

Los demás asienten al ritmo de la melodía, les gusta como suena en acústico, sobre todo a Santiago, quien ya se puede imaginar el resto de los instrumentos, y le encanta lo que tiene en mente.

—Me gusta, vamos a montarla para cierre de media gira, sería un pequeño adelanto de lo que se viene.

—¿Podemos hacer eso? —Omar pregunta sorprendido.

—No deberíamos, sin antes consultar a Elú —les recuerda Andrés.

—Que sea sorpresa —insiste Santiago—, ¿no recuerdas que acá tienes dos de tres? Nosotros ganamos.

—Sí me gusta la idea de tocar algo nuevo —Rylan asiente, convencido—. Necesitamos ese aire fresco.

—De verdad que odias las otras —ríe Uno—, te cansas con facilidad.

—Pilas con el concierto de esta noche, no quiero dramas —Santiago le hace señas de advertencias a todos.

—No habrá drama… —Rylan pone mala cara—. Solo una… felicitación.

—¿Para Alicia? Qué romántico.

—Es que no me contesta… —duda, no quería comentar nada, pero no puede con la ansiedad.

—Yo pensé que estaba de antipática —ríe Omar—, a nadie le contesta.

—Bueno, es probable que algo le pasó a su celular —piensa Andrés—, ¿no tienes el número de su mamá?

—Sí, la llamé y me colgó, solo me dejó un mensaje de que todo está bien y que no moleste.

—No sabía que tu suegra te odiara —ríe Omar—, normal.

—Pregúntale a Hamel, de seguro se echó el viaje para verla —Andrés sigue pensando—. Que por cierto, qué loco que terminara trabajando en la cocina del refugio para indigentes.

—¿Qué? Eso no lo sabía —Omar abre la boca con asombro.

—¿No que esa gente le daba miedo? —ríe Uno—, lo siento, no me quiero burlar pero me parece absurdo.

—Con lo terca que es —Rylan exhala—, le toca aguantar sus cosas.

Manuel observa de reojo y con curiosidad la cara de su amigo. Contiene la risa al verlo girar los ojos, se nota que le estresa que hablen de ella, o quizás piensa igual y también le molesta ese temperamento.

Detrás del escenario se escucha el bullicio de la gente. A algunos de los integrantes de la banda se les suben los nervios, confiesan que aún no saben cuándo dejarán de sentirse invadidos de esa forma.

Los gritos, aplausos y el espectáculo de luces, les pone los pelos de punta. Los eventos anteriores han sido en lugares pequeños, este estadio es el concierto más grande que van a tener en esta ciudad, y ya solo faltarían dos más para regresar a casa por un mes.

El público los recibe con aplausos. Inician con “Perdón”, esta vez Rylan la canta con cierto sentimiento, soltándose más a medida que la música avanza. Invadido por el dolor o la nostalgia, sea cual sea, la extraña, y siente que hoy esta canción fue escrita para ella.




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