Todo está listo para tomar el vuelo. A la banda le toca regresar, Elú lo sabe y se dirige hacia ellos para conversar. No esperaba hacerlo, pero no le ha quedado de otra gracias al último cierre de concierto, en el que la banda decidió presentar su nueva canción: abismo, sin avisarle.
En el avión, sigue con la exhaustiva tarea de recopilar comentarios y opiniones del público. Fue un espectáculo diferente, donde muchos afirman haber visto a un Rylan más animado, suelto, con pasión. Pero lo que más causó sorpresa en las redes fue que, durante la canción, no supieron distinguir la voz de quien cantaba, alegando que ambos vocalistas se fusionan en el estribillo. Genera confusión, asombro y muchas interacciones. «De alguna manera esto funciona muy bien» piensa, mientras une los puntos a su favor.
—Buenas, buenas —Omar le abre la puerta—. ¿A qué debemos el placer?
—¿Por qué? —Entra, deja su bolso sobre el mesón y dirige su mirada a una única persona.
—¿Por qué, qué? —refuta Santiago.
—¿Tan difícil era avisarme?
—No sería sorpresa.
—No… —exhala, agotada—. Andrés, por favor, ven conmigo, tenemos que aclarar las cuentas antes de seguir con los demás.
—Sí señora —responde alegre, pero no tarda en borrar la sonrisa, sorprendido con la expresión de molestia en ella—. Lo siento.
Elú sale al porche, y busca en su celular el reporte.
Andrés la sigue, se detiene por un momento en la puerta. La observa de espalda, sentada con los codos apoyados en la mesa. Respira profundo y exhala con lentitud, incorporándose junto a ella:
—¿Me toca regaño?
—Quisiera pero —tuerce la boca—... sé que no puedes hacer nada contra ellos. —Deja el celular a un lado, se cruza de brazos—. Solo pensé que había confianza entre nosotros, digo, tanto tiempo trabajando juntos… ¿Al menos una pequeña filtración?
—Me pones en una situación incómoda —sonríe amable—. Les sugerí que teníamos que ponerte al tanto pero…
—Sí, ya sé como es. —Bufa, deja caer los brazos con desánimo.
—De todas formas no salió mal.
—Dile eso al equipo de publicidad y a los directivos, que están molestos por perder un enganche como este, que pudo usarse para crear entusiasmo —mueve las manos—, expectación, necesidad… ¿entiendes? Y todo eso después recae en mí, porque estos dos acá no van a responder; solo lo harían en caso de que yo no pueda —suspira—. En fin… ahora quieren que los recompense con más sesiones de fotos y los videos —revira los ojos.
—¿No les gustó la propuesta de la animación? Yo la veo bastante viable, además que no es tan costoso.
—Para un video no es tanto, pero si tomamos en cuenta que tenemos diecisiete canciones… ¿supongo que no tendrán problemas en tener el próximo álbum para diciembre?
—Sí, eso… —Andrés observa la grama mientras asiente—. ¿Por qué Elú?
—¿Qué? —ríe sorprendida—. No me cambies de conversación.
—No, enserio, tengo curiosidad.
—Conmigo no funcionan esas técnicas de distracción. —Lo amenaza con la mirada.
—Tenía que intentarlo… —Saca de su bolsillo el celular, listo para anotar.
—Consigue la forma de completar este álbum, es lo primordial.
Adentro, Santiago termina su café con calma. No esperaba visitas desde tan temprano, aunque sabía que ella vendría en persona. Calculaba que llegaría unas horas antes de irse, en la tarde.
—Tú que la conoces —pregunta Uno, a su lado—, ¿crees que le pare bolas a ese?
—Anda para allá —sacude el aire.
—Hagamos una apuesta, si tanto les interesa —Manuel se acerca—: quien pierda se vuelve en mandadero de la banda por toda la próxima gira.
—¿A pero es que tenemos fecha y todo? —Santiago se sorprende—. ¿En serio crees que algo pasara entre esos dos de aquí a diciembre? Por favor.
—No empecemos —aparece Rylan con mala cara. Busca en la cocina su desayuno.
—Hombre, pareciera que te atropelló un camión, o un tractor… —Uno lo mira con preocupación.
—Eso es normal en la resaca —agrega Omar—, la edad pega. Mejor tómate un antiinflamatorio y cómete algún proteico —ríe.
—Sabes que es de mal gusto reírte de un compañero —le responde—. En fin, ¿por qué no salimos ya?
—¿Te urge ir con tu esposa? Luego de la bomba que lanzaste… debe estar molesta, ¿no?
—¿Qué bomba? —pregunta Manuel, ha estado desconectado estos últimos días de las redes, prefirió disfrutar del poco descanso que ofrece el lugar compartido.
—Por favor —Santiago se va, detesta chismear como viejas sin oficio.
—Qué el señor acá…
—Yo le digo —interrumpe Rylan—. Qué nuestro matrimonio no era público, y desde que lo dije hay muchos rumores del por qué.
—Hasta le filtraron el acta de matrimonio por civil —ríe Omar—, es que es de locos.
—Bueno, tarde o temprano iba a pasar, ya están por cumplir dos años, ¿no? —Manuel saca cuentas.
—Exacto —responde Uno—, pero no creo que ella se moleste por esto, no parece ese tipo de chica.
—No, no lo es… —Rylan duda.
Es cierto que ella no quiso hablar del tema, tampoco han cruzado muchas palabras. Desde el cumpleaños no han podido volver a la normalidad, y eso mantiene a Rylan estresado, angustiado. Llevándolo a aceptar las salidas grupales a beber, y a cualquier cosa que lo ayude a distraerse y apagar los pensamientos. La ansiedad por volver a casa lo mantiene en constante tensión.
Al terminar la reunión con Elú, salen directos al aeropuerto. En un viaje de cinco horas. Todos reposan, descansan ese rato, menos Rylan, quien no puede cerrar los ojos por más de cinco segundos. Piensa, y sobre piensa. Los pensamientos giran y vuelan por el techo del avión. Mientras todo se mantiene oscuro y en calma, él siente los latidos acelerados de su corazón. «Todo va a estar bien, de seguro estará ahí en el aeropuerto» se dice para calmarse y, solo así, logra dormir por un rato.
Al llegar, Elena los recibe con alegría. Entre abrazos, comentarios y risas, Rylan mira por las amplias ventanas de la sala de recibimiento. Ahora no hay duda de lo que le espera en casa.