«¿Cómo es eso que Alicia abandona las redes? ¿Qué pasó? No lo sé hermano, ¿pero justo después del revuelo con esta pelirroja y Rylan de gira? Raro, ¿verdad? Están pasando muchas cositas y nos estamos quedando fuera del chisme. Creo que necesitamos con urgencia un infiltrado que nos cuente todo. Yo le tenía fe a Omar pero es igual de reacio que mi mamá. Es que sí, como contesta en redes se nota que “no tiene pelos en la lengua”. ¿Y esta faceta de Rylan rebelde? La división del público que pide más agresividad y la otra que prefiere lo suave, ¿hay mucho que desear para el nuevo álbum? Pero dime una cosa, ¿nosotros somos comentaristas de chisme o de música? Yo quiero más acción, las canciones están fenomenales pero ¿dónde le encuentro sentido al retiro de Alicia? ¿Cómo pasas de una foto candente a estar en el espectáculo secreto de tu esposo y de repente “ups” me despido”. Así tan alegremente y sospechoso. Los fanáticos de ella están dándole a Rylan con todo, ¿cómo se sentirá ser ellos? Qué tus seguidores se peleen con los de tu pareja… ¿Acaso alguno tiene la culpa? Nunca se confirmó una infidelidad, ¿no? Pero tampoco se desmintió. ¿Hace falta desmentir un rumor? Qué metiches somos, me hace recordar a las palabras de mi abuelo. ¿Si, cuáles eran? “Y a ti que te importa”. (Risas)».
El aire frío le golpea el rostro. Las luces y las voces que corean se mezclan volviendo confuso sus sentidos. Rylan siente cada gota de sudor en su cuerpo, sobre todo las que corren por su cara. Respira agitado en el borde del escenario, sonríe al encontrar gracia en los carteles que nadan entre el público, no entiende lo que dice pero el corazón que reconoce en algunos le da una orientación. De inmediato recuerda los comentarios de desahogo en aquel video. Su sonrisa se ensancha porque no es una moda, no es solo por seguir la corriente. Entre esta multitud hay muchos que se sienten como él, eso le comprime el pecho, a la vez que le avergüenza saber que sus palabras son escuchadas y comprendidas.
La guitarra comienza con un fuerte sonido para la siguiente canción, lo que saca al cantante del trance donde estaba. Aplaude al ritmo de la batería y anima a la gente seguirlo:
—Espera por encontrar mi error, su mirada me persigue —canta con la energía renovada, a pesar de estar a mitad del concierto—. Quiero huir de este malestar que se esconde dentro.
Camina de un lado a otro animando a todos, sin importar el peso que pueda tener la letra; esa breve revelación fue suficiente para dejarse invadir por la calma y la satisfacción de encontrarse en su espacio, con los suyos.
—Quisiera ignorar quien me hizo tal daño, lo suficiente para hacerme retractar de quien soy, obligado a esconderme por temor a las palabras. Ahoga mis sueños y quédate con mis deseos. ¿Qué buscas, tan pensativo y silencioso? Miro y espero comenzar de nuevo —canta con la convicción renovada de luchar, aunque sus palabras estén entregadas a la ironía.
La chispa de la rabia comienza a encenderse a la par que crece la empatía y las ganas de ser una voz que marque la diferencia. Al terminar el concierto agradece a todos y en silencio escucha la despedida revuelta entre gritos y aplausos. Con la respiración agitada, bañado en cansancio y sudor, asiente pensativo. En ese instante se hace una promesa: quiere entregar una ayuda genuina a los que se encuentran en su mismo camino.
—Estuvo bueno —Uno entra en el camerino en busca de una toalla para la cara—. Pero no extrañaba los reflectores —ríe.
—Menos mal yo estoy atrás, allí hace fresquito —Manuel sonríe, se siente animado y puede notarlo en los demás.
—Bueno —Santiago se seca las manos—, pensé que sería desalentador cuando viera sus caras de frustración. Creo que me equivoqué, hasta la diva parece estar bien —ríe con brevedad.
—Y tú esforzándote por bajarle los ánimos. —Andrés le da una palmada a Rylan—. Fue inspirador que a mitad de todo sacaras ese subidón de adrenalina pura —ríe.
—Ya tampoco sé de dónde salió —responde inexpresivo, prefiere ocultar la vergüenza que le causan los elogios.
—¿Quién tiene hambre? —grita Omar desde afuera—. ¡Vámonos!
Da la vuelta en el carro, no encuentra donde estacionarse. Para su sorpresa todos los puestos están ocupados en el estacionamiento del terminal de autobuses. Alicia suspira estresada, se orilla un momento para escribirle a Hamel, «sal porque no encuentra lugar».
—Hola —abre la puerta trasera, de un empujón mete su equipaje—. Que trajín, ¿no? —sube al asiento de copiloto.
—La ciudad está saturada estos días. —Pone en marcha el auto.
—Es que hay un evento que vuelve a la gente loca, todavía no comienza y ya se siente el movimiento —ríe nerviosa—. ¿Viste el concierto?
—No me pierdo ninguno —suspira nostálgica—. Fue buena idea exigir que siempre trasmitan en vivo, aunque me gustaría eliminar la parte de los comentarios.
Al llegar, Hamel se sorprende por encontrar manteles y bolsas de plástico cubriendo gran parte de la entrada. Le emocionaba saber sobre la nueva casa, pero no contaba con la reforma y mucho menos que Alicia se quedaría mientras eso sucedía. Deja el equipaje a un lado, la sigue hasta la siguiente sala.
—¿No tienes donde quedarte mientras? —señala una parte de la cocina en construcción.
—No tengo donde —sonríe alegre—. Aunque sí cierta personita me hubiera contado que es pareja de un millonario con semejante apartamento… de seguro estaríamos en ese lugar y no aquí.
—No… espera —Hamel se lleva las manos a la cabeza—. ¿Cómo te enteraste?
—Rylan me dijo.
—¿Rylan lo sabe? —se tapa el rostro—. No te creo, ¿me estás bromeando?
—Este —Alicia corta sus palabras, verla nerviosa le hace dudar—. ¿Pasa algo Hamel? La última vez que vi a Santiago lo noté un poco frustrado contigo.
—¿Ahora habla contigo? ¿No le basta con contarle todo a Rylan? —va a la nevera, por un vaso de agua—. Le dije que mantuviéramos el secreto hasta hacer nuestra relación más progresiva —traga—, para evitar esto, precisamente.