Mar en versión beta

19. Ya no te escapas

Mila

—¿Nos vemos más tarde? —me dice sin soltar mi mano.

—Obvio, ya no te escapas.

Nos despedimos con un beso, rápido pero tierno. De esos que nos dábamos antes cada día. Y casi se siente como si esos cuatro años no hubieran existido.

Bajo de su auto, miro varias veces hacia atrás, sigue ahí hasta que entro a casa.

—Vaya, mira quién llegó? —Suelta mi madre mientras toma su café cortado junto a Hugo, en la isla de la cocina.

—Al parecer la fiesta terminó tarde Clara. —Agrega Hugo y ambos se doblan de la risa.

Mi cara roja, y ellos siguen.

—Pasa por la aduana y cuenta. —Hugo aparta una banqueta para mí.

Quiero evitar contarles pero sé que no me van a dejar hasta que diga algo.

Así que les doy una versión de la historia.

—No estaba en la fiesta, estaba con Kai.

—Lo sabemos mi vida, esa carita de felicidad no la veía hace años. —mi madre mientras me extiende un pastelito.

—Solo aclaramos el pasado, nada más.

—Claro, con las balas que tuve que esquivar ayer y no pasó nada más. —Hugo incrédulo.

Me río con ellos, pero una parte de mí no sabe cómo explicarles que esto, Kai y yo, todavía es frágil, que un mal movimiento podría hacerlo desaparecer otra vez.

Vibra el móvil y miro de reojo.

“Kai: Ya quiero verte

Yo: Y yo besarte”

—Hey dejen de presionar, esto es paso a paso. —les suelto para que me dejen tranquila.

—Ok señorita misteriosa, alístate que en media hora salimos para el aeropuerto. —me ordena mi madre.

En el trayecto al aeropuerto no preguntaron nada más del tema Kai. Hablamos del proyecto, les conté de los avances y que el sitio web está casi listo. Hugo se ofreció a testearlo.

Lo despedimos antes de que entre a revisión de seguridad.

Tenerlo estos días en mi espacio, fue nuevo pero sigue sintiéndose seguro y permanente.

Lo abrazo fuerte antes de que me deje.

—¿Sabes que no escaparás de contarme no? —susurra en mi oído.

No puedo evitar reírme. A pesar de la distancia, nunca lo voy a perder.

—Dile a Lena que la llamaré —me hace una seña.

Quedo con la boca abierta.

Me perdí de algo seguro.

Siento el móvil.

“Kai: te recojo a las 9?”

***

Kai

Me perdí la hora del desayuno de los Mercer. Pero lo haría mil veces si tuviera el mismo motivo.

Espero que me hayan dejado algo caliente.

Mi estómago está vacío.

Nico todavía está en la mesa. Me siento al frente y echo mantequilla a una tostada.

—Ya veo que se alargó la noche —toma un sorbo de jugo de naranja.

—No sé de qué hablas.

Intento fingir pero sé que no tiene sentido.

—Te vi llegar y esa sonrisita me dice…Mila. —ríe con picardía— fuiste muy obvio anoche hermano.

Mi boca se curva un poco, no puedo evitarlo. Tiene toda la razón.

—No eres tan inteligente cuando se trata de ti y de Lena.

—Auch —se toca el pecho en broma— entendido, se acabó el tema Mila.

Seguimos desayunando hasta que llegan Arlo y Manu.

—Y bien ¿dónde está esa terraza que hay que recoger? —dice Arlo y se inclina en la mesa.

Nico, les hace señas pero ellos no lo pillan.

Hacen muecas, fruncen el ceño.

—Qué pasó la noche con Mila. Joder —Suelta Nico más alto de lo que quisiera.

Palmadas en la espalda, bromas. Sabía que esto iba a pasar.

—No pasé la noche con ella —les aclaro— solo conversamos y todo está arreglado.

—¡Usted ha sido pillado! —exclama Arlo mientras se sirve jugo.

Manu me separa de la mesa para hablar en privado.

—¿Le dijiste de Thomas?

—No, no sé cómo contarle.

—No esperes mucho —me advierte.

Asiento, pero no prometo nada.

Ayer fue la primera noche que todo encajó, y no pienso arruinarlo todavía.

No hoy.

—Hey vamos a salir de esto que quedé con Violet para almorzar —nos agita Arlo mientras camina hacia la terraza.

Pasamos varias horas recogiendo, las fiestas son divertidas pero esto no tanto.

Arlo y Manu se van.

Necesito una ducha y dormir.

Reviso el móvil.

“Mila: Lleva tu sudadera”

Sonrío mirando el móvil. No sé en qué momento volví a ser ese tipo que sonríe solo por un mensaje.

Pero acá estamos.

***

Mila

—Mamá, me voy —le grito antes de salir de casa.

Habíamos cenado las dos solas esa noche vieja, podría parecer triste desde afuera, pero ya nos acostumbramos a ser solo nosotras y es perfecto.

Corro hasta su auto, subo y lo beso rápido. Podría acostumbrarme a esto.

Se queda con una sonrisa mientras me acomodo en mi asiento.

—Atrás está tu sudadera —y estira el brazo— ¿la quieres ahora?

—No, estoy bien, está calentito aquí.

Se siente bien estar así con él, parece una ilusión.

—¿A dónde vamos?

—Es sorpresa, pero sé que te va a gustar.

Arranca, no me importa a dónde vamos, estoy con él.

Toma mi mano y la lleva con él al centro. No la suelta, sus dedos se mueven para acariciar los míos. Podría estar horas así.

—¿Salió todo bien con Hugo?

—Sí, quería enterarse de lo que pasó anoche pero se fue con ganas de saber.

—¿No le has contado a nadie? —frunce el ceño.

—No, anoche no hablamos sobre si le diríamos a los demás o no.

No sé si está dolido o aliviado.

—Yo tampoco les dije a los chicos, pero se lo imaginan. —dice con una media sonrisa— a mí me da igual si lo saben o no, lo que importa es que estamos juntos.

—Cuidado Kai, eso sonó cursi.

Ahora sí me regala una sonrisa.

—Todavía no has visto nada.

Llegamos a un parque natural, nunca había estado aquí.

Estaciona pegado a los árboles, estoy segura que a esta hora no está permitido entrar.

—Ahora sí ponte la sudadera —la recoge del asiento de atrás— la vas a necesitar.

—¿Me trajiste aquí para matarme?

Se acerca tanto que su aliento cálido me acaricia cuando habla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.