Mila
Sandy Point beach está especialmente tranquilo hoy. Pequeñas olas apenas mueren en la orilla y crean el clima perfecto para despedir el año y soñar en grande para lo que viene.
Es increíble como una fogata y unas cervezas pueden hacer felices a un grupo de adolescentes ingenuos, no sabemos lo que nos espera.
Solo queda media hora para medianoche.
Arlo propone hacer un brindis.
—Brindo porque finalmente tengo licencia y se acabó aguantar a mi mamá en el auto.
Todos reímos. Al final lo consiguió después de cuatro intentos.
Lena levanta la copa.
—Yo brindo por regresar siempre a Driftwood —Y mira a Nico pero este se va del grupo a hablar por el móvil.
—Brindo por estos dos idiotas —Manu nos señala a Kai y a mí— que al fin se dejaron de tonterías.
Todos chocan las copas y yo me sonrojo. Kai me jala más cerca hacia él.
—Yo brindo por las segundas oportunidades —me mira— y por no desperdiciarlas.
Lo beso y todos hacen sonidos en broma.
—Awww.
—Busquen un cuarto.
Conversamos y celebramos, bajo la noche cálida, el futuro que nos depara a todos.
Faltan cinco para las doce. Kai me toma de la mano y nos acercamos a la orilla. Las estrellas no pueden brillar más y el murmullo del agua se convierte en nuestra canción favorita.
Él me abraza por detrás y apoya el mentón en mi hombro. Me recuesto a su pecho, es seguro ahí.
A lo lejos, el grupo empieza a contar regresivamente: "¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho!".
Me giro en sus brazos para mirarlo.
"¡Siete! ¡Seis! ¡Cinco!".
Kai me acaricia la mejilla.
"¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos!".
Nuestros labios están a centímetros.
"¡UNO! ¡FELIZ AÑO NUEVO!".
Nos besamos mientras los fuegos artificiales explotan y lo alumbran todo. Alguien los lanzó desde un bote cercano. El cielo se llena de colores.
—Feliz año nuevo —le digo bajito cuando nos separamos.
—Feliz año nuevo —me acaricia con la mirada.
La forma en que la luz de los fuegos artificiales se refleja en sus ojos, la forma en que sonríe, la forma en que encajo perfectamente en sus brazos; ¿cómo seré capaz de irme de aquí?
Se me corta la respiración. El corazón me martilla tan fuerte que me duele el pecho. Estoy completamente, irrevocablemente, locamente enamorada de él.
No es como el crush de cuando teníamos trece. Es amor real. El tipo de amor que cambia todo. El tipo de amor por el que vale la pena pelear.
Quiero decírselo. Las palabras están en la punta de mi lengua. "Te amo".
Pero no puedo. Miedo, tal vez. O es muy pronto, no se siente correcto. O... no sé.
—Este va a ser nuestro año —apoya su frente en la mía.
—¿Sí?
—Sí, lo siento. Lo sé —me besa de nuevo.
Regresamos al grupo. Todos están celebrando, abrazándose, brindando con champagne barato.
No puedo dejar de sonreír, ni en mis mejores sueños terminaba el año así. En el mejor momento con Kai, rodeada de amigos y con grandes planes.
Quisiera congelar este momento. Sé que no puedo, al menos voy a disfrutarlo.
***
Kai
No sé por qué me resistí tanto a esta sensación de libertad. Estar frente al mar celebrando, sin tensiones, es refrescante.
Mila está hablando con Lena y yo me sirvo un poco de chocolate caliente.
Manu se sienta a mi lado en una de las sillas plegables.
—Tienes esa cara.
—¿Qué cara?
—La cara de "estoy jodidamente enamorado y no sé qué hacer al respecto" —ríe con picardía.
Ya ni me esfuerzo en negarlo.
—Intenté evitarlo, pero me volví a enamorar de ella.
—¿Se lo has dicho?
—No todavía.
—¿Por qué no?
—No sé. Quiero que el momento sea perfecto. Y también...—me detengo— también tengo miedo de que decirlo lo haga más real. Y si es más real, va a doler más cuando se vaya.
—Espera ¿Mila se va?
—Todos nos vamos a alguna parte en Agosto, es inevitable. Aún no se adónde va ella, pero también lo hará.
—Kai, ya es real y ya va a doler cuando se vaya. Decírselo no cambia eso —abre su cerveza— Pero podría hacer la diferencia entre que funcione a distancia o no.
Asiento, tiene tanta razón el sabelotodo.
Mila regresa y se sienta en mis piernas.
La abrazo y me centro en ella.
Manu se gira y habla con alguien a su lado.
La fiesta continúa hasta las dos de la mañana, cuando todos comienzan a irse.
—Tenemos dos opciones —me suelta bajito mirándome seria— Me llevas a casa, te quedas conmigo y saludas a Clara en la mañana o... —me susurra al oído— me muestras tu cuarto que queda más cerca y que me muero por volver a visitar.
Me tomó por sorpresa pero me encanta que no se corte conmigo.
Le suelto una sonrisa pícara.
—No creo que Clara quiera empezar el año desayunando conmigo.
Ambos sonreímos y subimos a mi auto.
Llegamos al hotel y caminamos hasta la parte trasera donde está la casa.
Todos los espacios en mi vida han sido tan públicos que cuido el acceso a mi habitación como si fuera un búnker.
Mila ha sido la única, fuera de la familia, que ha entrado. Siempre pillaba alguna otra habitación del hotel si traía a alguna chica.
Pero ella sabe cada rincón.
***
Mila
Me abre la puerta para que pase y entra detrás de mí.
Camino despacio, recorriendo cada paso que di tantas veces. Su habitación es enorme. Primero está el baño y un closet en el que cabe mi cama. Luego se abre, a un lado la cama y al otro un escritorio y un sofá frente a una tele enorme que invita a hundirse ahí la noche entera.
Recuerdo la primera vez que entré a su habitación con nueve años, corríamos y saltábamos en la cama hasta caer desplomados.
Todo sigue igual de cuidado, cada cosa en su sitio y la cama perfectamente tendida, pareciera que le dieron clases para colocar en orden las múltiples capas de tela sobre su colchón. Supongo que eso tiene que ver con vivir en un hotel.
Editado: 27.01.2026