Mar en versión beta

24. ¿Pero qué co...?

Mila

El fin de año fue una tormenta de emociones. Enero promete ser la calma. Después de tantos días libres cuesta regresar a clase. Pero este regreso es diferente ahora que estamos juntos.

Empezamos las clases ayer lunes y pareció eterno no verlo todo el día. Para nosotros fue solo tiempo de espera antes de volver a vernos en el hotel. Cada vez es más difícil mantenerme profesional a su lado. Pareciera que esos cuatro años nunca pasaron y seguimos siendo los mismos tontos con arena en los pies.

El martes no es diferente. En la cafetería se siente la nostalgia de los últimos meses en el instituto y la ansiedad por lo que viene.

Desde nuestra mesa se escuchan murmullos de otras conversaciones. El tema central es el futuro y yo solo quiero disfrutar mi presente con Kai.

No dejo de mirar la entrada, llegará en cualquier momento. Tengo la silla a mi lado reservada para él.

—¡Mila! —Lena me saca de mis pensamientos— Andas en otro planeta.

—Si, bueno, es que estoy rendida —me cuesta levantarme temprano otra vez.

—¿No te están dejando dormir eh? —me hace una seña.

Sonrío porque tiene razón.

Desde Navidad me cuesta dormir y siempre es Kai el motivo. O estoy con él o estoy pensando en él. Estoy perdida.

—Como te gusta el chisme —le digo a Lena.

—Ya sabes que vivo por un buen chisme —sonríe pícara —pero en realidad estábamos hablando de la uni.

—Apliqué para Derecho en la Universidad de Miami. —dice Violet.

—Qué bien, al final decidiste quedarte cerca —exclamo.

—Sí, se hacía la dura pero el corazoncito le ganó —bromea Lena haciendo teatro con la mano en el pecho.

—¡Qué boba eres! —responde Violet— tienen un buen programa de derecho y me ahorraré dinero de hospedaje quedándome en casa. —se detiene y mira hacia abajo con una media sonrisa— Y bueno Arlo aplicó también a la UM.

Lena le da un codazo.

—Lo sabía —se dobla de risa— ese amor de ustedes es un asco de lo lindo, joder.

—Me alegro mucho por ustedes —espero que los acepten, porque perseguir sus sueños juntos es una bendición que tienen que aprovechar.

Vibra mi móvil en la mochila.

Debe ser Kai, me manda mensajes a cada hora, está más tonto. Me encanta.

Lo desbloqueo.

Es un email.

La palabra Stanford late en negrita.

Los dedos me patinan en la pantalla. La silla cruje.

—¿Qué pasa? —Lena preocupada— te pusiste pálida.

Leo rápido por encima.

—Es un correo, de Stanford.

—Habla, ¿qué dice? —Violet ansiosa.

—Quieren que vaya a una entrevista con un antiguo alumno —les digo aun leyendo el correo—. En Miami, en dos semanas.

—Eso es bueno Mila, les interesa conocerte —Violet toca mi mano para sacarme del móvil— vas a poder preguntarle de todo a quien te entreviste.

—Sí, supongo que es bueno —suelto con voz baja, aun con un nudo en la garganta.

Vuelvo a mirar el móvil y paso unos minutos leyendo en detalle el correo.

Las chicas siguen conversando, pero yo ya no escucho. Mi cabeza le da vueltas a esa entrevista. El golpe de realidad de estar más cerca de mi sueño, pero también de una nueva despedida, me aprieta el pecho.

Sé que tengo que decirle a Kai, pero ¿cómo le explico que me tengo que ir otra vez? Por primera vez desde que volvimos siento que pudo haber sido un error.

Volverlo a ver ha sido un recordatorio de que no todo el pasado duele. Volver a quererlo sin embargo ha sido una sorpresa aterradora. Estar en sus brazos se siente seguro, calentito y parece la excusa perfecta para quedarme.

No puedo retrasarlo más tengo que decirle sobre Stanford.

"Kai, tengo una entrevista para la universidad de mis sueños, pero esa universidad está en California"

O mejor

"Viste que volvemos a estar juntos, pues me tengo ir otra vez"

No hay forma de decirlo sin romperle el corazón. Volveré a ser el fantasma que lo abandona una y otra vez.

No quiero serlo, quiero estar con él. Pero no puedo pedirle que me espere.

***

Kai

Cuatro horas de total aburrimiento. Excepto la clase de física a su lado.

Qué fórmulas ni fuerza de gravedad. La única fuerza que me interesa es la que no me deja despegarme de ella.

Ahí está, sentada en la mesa de siempre con Lena y Violet. Esos rizos castaños, que van por su cuenta, no pueden ser de otra persona.

—Bro, nos sacamos la lotería. —Arlo me tira el brazo por arriba mientras caminamos hasta la mesa.

—Tú te sacaste la lotería cabrón, yo a esta chica la tuve siempre.

—Claro, ¡tu Mila! —hace muecas.

Ambos nos reímos hasta llegar a las chicas.

Me acerco sin sonar los pasos. La abrazo y le beso el cuello despacio. Ella recuesta su cabeza en mi hombro y sonríe. Esa sonrisa alegra mi día.

Me siento en la silla a su lado.

Arlo da la vuelta a la mesa hasta llegar a Violet. Casi se la come con un beso. Esos dos son pura intensidad.

—¿y qué cuentan? —pregunta Arlo, tratando de sacar conversación.

—Nada, Mila...—Lena mira a Mila y se detiene— Violet no estaba contando de la UM.

Mila niega con la cabeza a Lena y deja de hacerlo apenas la miro. Está rara.

Tiene una media sonrisa que sé que es falsa.

—¿Estarás contento no? —Mila le pregunta a Arlo— seguir con Violet en la UM es perfecto.

Arlo se pasa la mano por el pelo. Sonríe falso también. ¿Qué coño pasa hoy? ¿Decidieron fingir todos?

No sé qué esconde Mila pero hay algo seguro.

—Sí, es lo más —responde Arlo mientras pasa el brazo por arriba a Violet y la acerca a él. —Y tú Lena ¿te vas para New York?

Arlo se dobla con el codazo que le da Violet. Estoy seguro que acaba de soltar un secreto de chicas.

Sigo sin agregar palabra, no dejo de mirar a Mila.

—Anja, New York, Bellas artes. —suelta Lena con emoción.

—¿Parsons? —le digo sorprendido.

—Sí —dice más tímida ahora— no es por Nico.




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