Mar en versión beta

26. ¿Lágrimas?

Kai

Subo al auto. No puedo arrancar.

Entierro la cabeza en el volante. El pecho comprimido contra la espalda. Trato de exhalar despacio.

No funciona.

Algo me cae en las rodillas. ¿Lágrimas?

Joder.

Traté de ser fuerte por ella. Necesita alguien que lo sea. Será más fácil irse si nada la ata.

Y yo... tendría que seguir.

Levanto la cabeza y me enderezo en el asiento. El olor a gasolina me despierta.

Acelero.

—Adiós, Mila

***

Mila

—Mila, vamos a comer —grita mi madre desde el comedor.

Ni siquiera respondo. No quiero, pero tengo que ir. Llevo horas sin comer.

Camino despacio hasta la mesa al otro lado de la isla. Rozo el mármol con la yema de mis dedos. Me siento de espaldas a la cocina.

Congrí con yuca y cerdo. Mi comida favorita y mamá lo sabe.

Pero hoy no pasa nada por mi garganta.

—¿Estás bien?

—Lo intento.

Me mira con ojos de abrazo pero se contiene.

—¿Hablaste con Kai?

—Sí. Estuvo aquí al mediodía.

—¿Al mediodía? —frunce el ceño— ¿No fuiste a clase?

Siempre le doy demasiados datos.

—Sí... eh... —balbuceo— regresé a la hora de almuerzo, no me sentía bien.

—Ok, ¿Y? —insiste— ¿Aclararon todo?

—¿Sabías que Kai ha ayudado a papá todos estos años?

—¿En serio? Es que tiene buen corazón, se le ve.

No hay manera de enojarse con él. Solo yo encuentro la forma.

—Ya, pero igual me lo ocultó.

—¿Discutieron por eso entonces?

—Sí, en parte.

—¿Qué más?

—Le conté de Stanford.

Niega con la cabeza, como si lo hubiera visto venir.

—Mi vida... se están haciendo daño por no hablar claro —toma mi mano despacio y la encierra entre las de ella—. Se lo tomó mal por lo que veo.

Asiento.

—No dije nada mamá. —le confieso— Él trató de arreglarlo, pero yo tengo miedo.

—¿Miedo?

La palabra flota entre nosotras.

Nunca he hablado de esto con nadie, ni siquiera con ella. No quiero que sienta culpa, porque no la tuvo.

—De confiar —una lágrima se escapa— de que me decepcione como lo hizo papá.

Sorprendida, sus hombros se tensan.

—Pensé que estabas bien después de todo este tiempo —se le humedecen los ojos— debí prestarte más atención.

—No es tu culpa, mamá —le aseguro—. Es de Thomas.

—No Mila. Esta carga ya no la llevas por él, la llevas por ti... —me seca las mejillas—. Y solo tú puedes soltarla.

Ojalá pudiera.

Sería genial sanar. Pero solo sé ponerle un parche temporal y vuelve a sangrar.

—No puedo.

—Yo sé que puedes. —se detiene— Y Kai no es tu papá. Ese chico vale la pena.

No respondo.

Sé que lo vale, pero él no va a aceptar mis dudas.

Y las dudas se pegan como la arena mojada.

***

Kai

¿En qué momento pensé que salir en el bote me iba a hacer bien?

Hasta eso me quitó esta vez.

Atraco en el muelle del hotel después de horas sin rumbo.

Aseguro los nudos, limpio la cubierta, recojo la basura. Una tarea tras otra para no pensar.

Vuelvo al punto inicial.

Pero esta vez, no soy yo el que tiene miedo.

Una voz conocida me saca del piloto automático.

—Buscándote por todos lados y tú de paseo —dice Arlo mientras salta al bote.

—Paseo ni mierda.

Manu le da un codazo.

Sabe que no estoy bien. Aunque no tiene mérito, con esta mala leche lo sabría cualquiera.

—Eh eh eh, calma —Arlo levanta las manos— estábamos preocupados por ti.

—Desapareciste y las chicas nos dijeron que buscabas a Mila —Manu se sienta tratando de aliviar los ánimos, pero está difícil—. ¿Hablaron?

¿Hablamos? Sí.

¿Resolvimos? Nada.

—Discutimos —sigo moviendo cajas de un lado a otro, sin sentido— Terminamos.

Ambos se miran, sorprendidos.

—No entiendo —Arlo frunce el ceño— la cosa entre ustedes fluía ¿no?

—Estaba todo bien, pero me vio con su padre y se fue todo a la mierda.

—Joder, Kai —Manu quiere decir "te lo dije" pero se lo traga.

—Sí, ya sé. —Al fin me siento con ellos— Y se va a Stanford.

Sus caras de lástima lo dicen todo. Como odio esa cara.

—Yo lo veía venir chicos —les digo en defensa propia— arriesgué y perdí.

Manu me tira el brazo por arriba.

—¿Estás seguro de que no tiene arreglo?

—Ella no puede confiar en mí. No me incluye en su futuro. Huye al mínimo problema ¿Cómo arreglo eso?

Se quedan en silencio. Eso pensé, no tengo respuesta.

—Bro, inclúyete tú. —Arlo me mira serio, casi nunca lo veo así— Sé lo que Mila significa para ti. No la dejes huir.

—Así de fácil, claro.

—No dije fácil —se aclara la garganta— dije que vale la pena.

Tiene tanta razón el cabrón que no puedo refutar.

Soltar, llamar, volver.

Pensamientos que no voy a ejecutar.

Un bucle infinito que muere en la orilla.

¿Cómo me enfrento a esta ola?

ೃ⁀➷ 🌊 ༊·˚ 💙 ༊·˚ 🌊 ೃ⁀➷

Tomar desiciones en caliente nunca es buena idea.

Ahora lo están sufriendo.

¿Quién creen que se equivoca más Milla o Kai?




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