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28. El silencio cambia de forma

Mila

Llevo dos días liviana. Hablar con mi padre me quitó pesos que no sabía que cargaba.

Nunca pensé que la persona que he culpado durante tanto tiempo me ayudaría a sanar. Perdonar no es fácil, no lo he hecho. Pero sacar el dolor, escucharlo disculparse, verlo mejor; hizo que varias piezas encajaran en mi otra vez.

Kai tenía razón, ha cambiado y en parte es gracias a él.

Kai, tengo que hablar con él.

—¿Estás nerviosa por la entrevista de mañana? —Violet me saca de mis pensamientos, mientras se tira en mi cama y sigue con el móvil.

Lena, a su lado, juega con el cubo de rubik de 6x6. Ni siquiera intenta armarlo.

Prometieron pasar el fin de semana de terapeutas y aquí las tengo, domingo en la tarde y no se despegan ni con agua caliente.

—Sé que hoy no voy a dormir, así que imagínate —le respondo.

—Además de Stanford, ¿aplicaste a alguna más? —pregunta Violet.

—Un par más, nada impresionante. —digo aun escaneando mi código—NYU, Parsons... no sé, por si acaso.

—Parsons a mi me suena mejor que Stanford —agrega Lena girando el cubo sin mirarlo—. ¿Saben que el cubo de rubik no surgió como un juguete sino como una obra de arte?

Violet suelta el móvil y me mira.

Nos doblamos de la risa.

—¿Te inspiró el cubito eh? —suelta Violet.

—Hablo en serio, lo inventó un profesor de arquitectura y quería demostrar la belleza del movimiento dentro del orden —explicó Lena mientras estudiaba el movimiento del cubo— me lo contó Hugo.

—¿Hugo? —pregunta Violet con los ojos abiertos de más.

Me he perdido demasiado estos días. Pensar en Kai ocupa la mayor parte de mi tiempo.

—Sí, Hugo —Lena suspira— está lleno de sorpresas.

Deja el cubo en la mesa de noche, sin armar.

—Sorpresa la mía —rio entre dientes, pero ya Hugo me había contado de las llamadas hasta las tantas—. Ya sabía que conocía esas frases filosóficas.

Suelto la laptop, agarro el cubo y comienzo a armarlo.

—¿Qué quieres? el aburrimiento me da por eso —se justifica— ¿Y si salimos a tomarnos un helado o algo?

—¿Helado? ¿Con este frío? —me quejo.

Vivimos en Florida pero sigue siendo enero.

—Los chicos van a comer a la Pizzería del muelle —me mira Violet buscando aprobación. —Arlo me preguntó si vamos.

¿Los chicos? Si está Arlo está Kai.

Sigo armando el cubo, mis dedos se mueven más rápido.

No digo nada.

—Podemos quedarnos aquí si prefieres, pero...—Lena se sienta de golpe— Kai debe estar más mono con la mirada triste —suelta un suspiro exagerado y busca complicidad en Violet, quien le sigue la rima.

De pronto las tengo a las dos mirándome con la cabeza de lado suspirando. Menudo cuadro, ¿quién les dice que no?

Termino de armar el cubo y se lo tiro a Lena.

—¿Puedes armar esa cosa y no puedes estar en la misma mesa con Kai? —suelta Violet— Vamos que no se diga.

—Ok...

No he terminado y ya están de pie buscándome ropa para cambiarme esta sudadera de dos días y el short corto de dormir.

—Vestido amarillo y cardigan negro, casual pero sexy —Lena me hace una seña mientras me lanza la ropa.

Me cambio rápido, calzo mis tenis blancos de siempre y dejo el pelo suelto.

Salimos del cuarto. Las chicas se adelantan. Llego a la cocina a decirle a mi madre.

—Dale, nos vemos mañana —dice al móvil entre sonrisillas.

Me ve cuando se gira y cuelga.

Se sonroja.

—Voy a salir con las chicas.

—Que bueno mi vida —se acerca y me abraza fuerte— ya era hora que salieras de ese cuarto.

—Sí —respondo con la respiración cortada por el abrazo— ¿Y tú estás muy feliz no?

Le suelto. Vuelve a sonrojarse

—Te iba a contar pero con lo tuyo, bueno...—balbucea— conocí a alguien...en Tinder.

—¡Mamá!

—¿Qué? —se pone las manos a la cintura— estas curvas tienen salsa todavía.

Me toco la frente con la mano y niego con la cabeza.

—Ok, pero tiene que pasar el comité de aprobación —le digo señalando con el dedo índice.

Suelta una carcajada.

—Claro mi vida, ya habrá tiempo.

—Me voy que Lena va a infartar.

Me da un beso en la frente.

Corro hacia el auto.

Lena acelera.

Ya puedo sentir el olor del agua salada otra vez.

***

Kai

"Demasiadas inmersiones Kai, no te conviene bucear todos los días"

Esta fue la frase de mi padre que me hizo aceptar salir con estos dos.

Los días pasan más lento debajo del agua, pero sientan mejor.

Manu le muestra a Arlo las últimas fotografías que sacó del amanecer en Sandy Point Beach.

—Tuve que poner trípode para tomar esta —explica con emoción— treinta segundos de exposición para conseguir este efecto.

—Bro, no entiendo nada, pero está cool —le suelta Arlo, admira la foto por unos segundos y sigue con su móvil.

La pizzería está medio vacía. Arlo sentado a un lado de la mesa y yo al frente con Manu, de espalda a la puerta.

Manu estira la mano y me enseña la foto.

—Súper —finjo una sonrisa.

Si no fuera porque la foto enfoca la enorme piedra en el medio del mar. Casi la veo ahí sentada con el pelo moviéndose a todas partes.

—¿Listos para ordenar? —la voz del camarero me aterriza.

—Dos de pepperoni, una margarita y una de jamón y piña —ordena Arlo.

El camarero apunta y se retira.

—Sí que tienen hambre hoy —me asombra la cantidad de comida.

—Las chicas vienen en camino —dice Arlo con la vista clavada en el móvil.

—¿Chicas? —trato de confirmar que no me está montando una jodida encerrona.

—Violet, Lena y Mila —suelta tan tranquilo.

El calor me sube hasta las orejas.

Miro a Manu.

—¿Tú sabías?

Se encoge de hombros y niega con la cabeza.

—¡Y ahora me dices joder! —me recuesto a la silla de brazos cruzados.

—Violet me confirmó cuando llegamos —sonríe y me mira— Mila no quería venir así que no te hagas ilusiones.




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