Mila
Último sábado de septiembre en la playa, no nos hemos ido y ya se siente lejos.
Sandy Point beach, una fogata y sentarse a soltar palabras sin pensar, no podía haber imaginado una noche mejor para despedirme de Driftwood.
Ni siquiera estamos todos.
—¡Manu mandó foto! —exclama Arlo, que se emociona con cada aventura de su amigo.
Kai, sentado a mi izquierda en la arena, abre el grupo de Whatsapp.
La foto es de Kioto, un amanecer, el sol entre los árboles golpea los techos rojos. El lente de Manu captura magia y él la está viviendo.
—¿Alguien me explica por qué no nos fuimos con Manu? —dice Kai a los demás en broma.
Todos sonríen, se siente el orgullo por un amigo que cumple sus sueños.
Violet y Arlo están al frente, ella delante de él entre sus piernas y cubierta por sus brazos. Nico, al otro lado de Kai, juega a hacer formas en la arena con un trozo de madera. Kai se entretiene buscando la banda sonora ideal, pero no se decide.
Lena está a mi derecha, sentada y abrazada a sus piernas. Mira el móvil a cada minuto como si quisiera adelantarse a las notificaciones. Sonríe cada vez que ve la pantalla.
—Esa sonrisa tiene nombre eh —le digo en voz baja, acercándome un poco más a su lado.
—Ya sabes —me muestra rápido el chat de Hugo.
—No me quiero meter en esto, pero anda con cuidado, que también es mi amigo —mi voz es baja pero firme—. No quiero que se ilusione por gusto.
He evitado el tema durante estos meses porque no puedo escoger un lado. Incluso cuando Hugo estuvo más de dos semanas en casa en Agosto. Sabía que escapaba en la noche pero fingí no enterarme.
—Es solo un juego Mila y él lo sabe —dice con toda seguridad— no todos podemos tener a nuestro primer amor —levanta la vista hacia Nico, los ojos se le humedecen apenas pero lo noto.
Su frase se me clava por dentro. Sé lo que es dejar atrás a la persona que no querías soltar.
La abrazo fuerte.
—Hey, mañana empiezas una nueva vida, hoy es para celebrar —le digo para cambiar el tema.
Kai finalmente consigue poner música. Beautiful things de Benson Boone.
Me giro hacia él al escuchar el sonido. Me está mirando sonriendo.
Vuelvo a su lado, me pasa el brazo encima de los hombros y coloco mi cabeza en su pecho. Se siente para siempre ahí.
***
Kai
Mi cuerpo está raro. Feliz, pero raro. Saber que mañana cambia todo pero todo se mantiene, es confuso.
Al final puse a Benson, su mejor canción para celebrar todo lo que tenemos.
El mar apenas se escucha, está tranquilo. La brisa aún es cálida.
—¿Ya encontraron apartamento? —le pregunta Mila a Violet, mientras sigue metida bajo mi brazo.
—Ugh sí, pero costó —responde Violet— está todo carísimo en Miami. Ni te digo cerca de la Universidad.
—Al final rentamos un estudio —agrega Arlo— al menos por ahora.
—Con sofá cama agregado —le digo.
—Sí Kai con sofá cama, pero no te acostumbres —me responde Violet obstinada.
Me levanto y choco la mano con Arlo, le ganamos a Violet por cansancio. Sé que voy a necesitar ese sofá.
—Ya nos mudamos mañana, yo no puedo más con el viaje diario a Miami —dice Arlo.
Trabaja desde hace dos meses, a tiempo parcial, en la cocina de un restaurante cubano.
Hace seis meses corríamos en Jetski y ahora cada cual tiene algo. Supongo que eso es crecer.
—¿Y ustedes chicas? —pregunta Nico y mira a Mila— ¿Ya tienen dónde quedarse en New York?
Él sabe la respuesta, yo le conté.
—Si, tenemos un apartamento en Williamsburg —responde Mila— Hugo nos envió un video y está muy chulo.
Él mira a Lena, pero ella no levanta la vista del móvil.
—Esa zona está buena, hay varios cafés —agrega Nico— les puedo mostrar, estoy cerca.
—¡Estaría genial! —exclama Mila.
—¿Y hay sofá cama para mí? —les interrumpo la charla incómoda.
—Para ti hay cama mi amor —me dice Mila y me besa.
Nico se ríe y niega con la cabeza. Sé que se alegra por mí.
—¿Quieres caminar un rato? —pregunto en el oído a Mila.
Asiente.
Le doy la mano. Caminamos por la orilla de la playa. No nos alejamos mucho. Solo lo suficiente para llegar hasta nuestra piedra. Nos sentamos. Ella a mi lado con sus piernas sobre mi. Cerca.
Disfrutamos de la calma. Las estrellas reflejadas en el agua.
—¿Recuerdas cuando te pedí que te casaras conmigo hace años? —le pregunto.
Abre los ojos muy grandes.
—No es lo que piensas —no puedo evitar reírme por su expresión.
—Me asustaste —responde, con una mano en el pecho y cara de alivio.
—Solo quiero que nos prometamos que nunca vamos a huir otra vez —le digo mirándola a los ojos.
—Te lo prometo —dice ella con sus ojos en mí— prometo la verdad en las buenas y las malas.
—¿Y Facetime cada día?
Ella sonríe.
—Y Facetime cada día —confirma— ¿Prometes seguir siendo mi hogar?
—Lo prometo —la beso en la frente.
—Te amo —las palabras me acarician como si se colaran por cada poro de mi piel.
—Te amo Mila.
Confío en nosotros.
Nos besamos. Las horas pasan lento. No quieren acabar.
***
Mila
—¡Ya mamá! —le pido a mi madre mientras me estruja de más.
—Tengo que apretarte por varios meses —me dice sin ninguna vergüenza.
Finalmente me suelta.
Estamos justo frente a la entrada de seguridad en el aeropuerto de Miami. Personas de todo tipo, apresuradas, calmadas, con maletas, sin nada.
—¿Tienes tu ID, tarjetas, laptop? —repasa toda su lista.
—Sí, mamá.
—Por Dios estás enorme —se le humedecen los ojos— ayer estabas en la guardería y hoy te vas a New York.
—Hey, al menos no vas a estar sola —le digo en voz baja— totalmente aprobado el galán de tinder.
Suelta una carcajada. La voy a extrañar.
—Me alegra que vinieras —le digo a mi padre que está al lado.
Editado: 15.02.2026