Mar en versión beta

ESPECIAL NAVIDAD - Juntos de nuevo

Kai

Bajo la ventanilla, la brisa trae sal mientras conduzco destino a Miami. Pero se que pronto olerá a rosas.

Una hora de camino. Mi mente trae de vuelta la Navidad pasada. Nosotros en la piedras, besos ansiosos, tan cerca que éramos uno, volviendo a ser Mila y Kai, juntos en el mar.

Se me sale una sonrisa.

Por fin estaciono en el aeropuerto. Su vuelo acaba de aterrizar.

Me apresuro a entrar por la puerta diecisiete, sé que saldrá por ahí.

Parado frente a la puerta de salida, miro el teléfono para comprobar la hora. Me sobra hasta la bolsa que tengo para ella, pero no puedo ponerla en el piso. Sé que falta un rato para que salga pero necesitaba unos minutos para estar tranquilo.

Comienzan a salir personas que asumo son de su vuelo. Muchas caras desconocidas que no me dejan encontrar lo que quiero.

Por fin la veo.

Mila.

Lena la trae atrapada por el brazo, riendo como siempre.

Me encuentra también con la vista. Sin pensarlo sale corriendo hacia mí. Se quita a todo el mundo de alante.

Se sube sobre mi cintura de golpe. Yo estaba preparado para eso.

Mis brazos la rodean con la fuerza de tres meses sin tenerla cerca. Me besa, no quiere soltarme. Sus manos alrededor de mi cara. Sus rizos nos esconden del público.

Se baja y ambos reímos, todos nos están mirando.

Deja su mano por detrás de mi espalda. Le doy la bolsa de regalo que traje para ella.

—Debes tener hambre —le digo mientras la beso en la frente.

Abre la bolsa, vuelve a mirarme y sonríe.

—Gracias amor —saca uno de los pastelitos de guayaba y lo saborea.

Paso sus rizos por detrás de la oreja aunque se que no se van a quedar ahí. No puedo dejar de mirarla.

—Ah que bien, muchos besos y merienda y yo cargando maletas —exclama Lena arrastrando las dos carry on.

—Hay para ti también —le digo sin mirarla.

Salimos del aeropuerto hasta el estacionamiento.

Lena sube en el auto al asiento de atrás. Se acomoda con su teléfono y audífonos. Sé que es su forma de darnos privacidad.

Mila se sienta en su asiento y toma mi mano. Entrelaza sus dedos a los míos y se apoya entre los dos asientos, tan cerca que puedo darle besos rápidos en el camino.

—¿Cómo estuvo el vuelo?

—Apretada —sonríe— yo creo que restan centímetros al espacio del asiento cada vez que viajo.

Río con ella.

—Nico no vino, pensé que este era su vuelo —me pregunta.

—Decidió pasar Navidad en New York.

—Si, entiendo que no quiera venir después de la situación que tuvo —rueda los ojos hacia Lena sin girar la cabeza.

—Pues sí, no me esperaba que le iba a afectar tanto.

Verla con Hugo estos meses y compartir tiempo con ambos estoy seguro que no fue fácil.

—Ya quiero ver la fiesta que preparaste —dice emocionada.

—Pero si conoces cada detalle, lo viste ayer en la videollamada.

—Igual Driftwood es más bello en persona.

Le doy un beso en la mano sin perder la vista de la carretera.

La hora de trayecto parecen minutos con ella de copiloto.

Dejamos a Lena y seguimos para su casa. Le prometí a Clara que la tendría toda la llevaría apenas aterrizara.

Llegamos a su casa.

—Listo señorita Ortega —le digo mientras saco su maleta— ¿Necesita algo más?

Se lanza a mi cuello y me besa despacio mientras mis brazos la aprietan contra mi.

Se separa apenas un poco para hablar.

—Necesito toda la noche.

—Vas a tener todas las noches de todos los días hasta que te vayas —le digo rozando su nariz— soy todo tuyo.

Me da un último beso. Me suelta. Toma su maleta y camina hacia su casa. Cierro el maletero aun siguiéndola con la vista. Mira hacia atrás y sonríe. Le sonrío de vuelta.

Todavía no creo que esté aquí conmigo otra vez.

***

Mila

—La cena estuvo deliciosa mamá.

—Nada como el congris con yuca de mami, ehh —me dice pasando por mi lado y se detiene a darme un beso rápido en la cabeza.

—De verdad te quedó riquísimo Clara —exclama Robert, el Tinder novio de mi madre, mientras retira los platos de la mesa.

Por fin lo conozco. Lo había visto por videollamada, así me lo presentó mamá, pero es la primera vez que cenamos en familia.

—Es imposible no enamorarse de ella Robert —le digo en broma— más te vale cuidarla.

Él suelta una risa nerviosa.

Bromeo pero es en serio, calculo cada movimiento porque quiero lo mejor para mamá.

Subo a mi cuarto a vestirme para la fiesta. No traje casi ropa porque me ahogaría con los abrigos de New York en el calor de Driftwood. Así que saco el vestido amarillo de verano y mis tenis de siempre.

Lena ya está sonando el claxon y yo aun colocando un gancho en mi pelo. No llevo sudadera, no la necesito.

—Hasta mañana mamá —grito corriendo por el pasillo hasta la puerta.

—¿Cómo hasta mañana? —corre y me alcanza en la puerta— ¿Llegas y te vas?

—Es por ti, para que tengas la casa para ustedes —le guiño un ojo.

—Si claro, a vieja le quieres meter cuento —suelta una carcajada— dile a Kai que más le vale cuidarte —guiña un ojo también.

Me da un beso en la frente.

—Te quiero mi bebé —dice antes de verme salir corriendo.

Subo al auto de Lena. Acelera. Vamos de camino al hotel.

***

El árbol gigante en el lobby, las bolas azules, como si reflejaran el mar. Todo alumbrado. Hay más clientes que de costumbre. Kai me había dicho que el proyecto había levantado las ventas, pero no imaginaba cuánto.

En uno de los sofás están Teresa y Stephen. Me acerco a ellos y se levantan cuando me ven. Teresa me da un abrazo apretado, hasta siento que me extrañó. Stephen me da la mano.

—Qué bueno verte Mila —dice Stephen con una sonrisa amable.

—Es lindo estar de vuelta, la decoración está perfecta.

—Todo Kai, ya sabes —dice Teresa.

Noto su mirada cansada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.