Mas allá del lienzo

Capítulo 13

La llamaron a la sala de el director, dos profesores y el mismo director la esperaban.

—Ryoko Aihara toma asiento por favor

Mencionó el director con gran seriedad.

Claro director, ¿que sucede?

Asintió Ryoko con gran tranquilidad.

Bueno, para empezar con esto necesito que me expliques porque amenazaste y agrediste a la compañera Daki, ella vino a reportarte ayer, ¿podrías explicarme eso? Preguntó con molestia

—¿Me reporto?, yo solo estaba celosa por eso hice eso

El director la observó con seriedad intentando mantener la calma.

Pues eso no es una excusa alumna, usted sabe que ese tipo de comportamientos no son tolerados en esta institución.

Tomó un suspiro, acomodó sus gafas y continuó hablando.

Me decepciona que una alumna tan destacada como usted haga ese tipo de acciones violentas, eso que hizo implica una expulsión directa alumna.

La respiración de Ryoko se volvió más pesada mientras en su garganta un nudo insoportable aparecía.

Y-yo director, de verdad yo no quise caus-

No pudo terminar. El director levantó la mano, indicándole que guardara silencio.

Puede retirarse. Tome sus cosas y abandone la institución. Nos comunicaremos con usted para la entrega de sus documentos.

Ryoko permaneció unos segundos inmóvil… y luego se levantó.

Sin decir una sola palabra más, salió de la sala.

Cuando finalmente llegó a casa, un vacío en su pecho fue el que la hizo derrumbarse en el suelo. Su llanto mostraba desesperación, dolor e impotencia. Solo le quedaba llorar y gritar.

Arruiné mi futuro… y también mi mayor sueño. ¿Qué estabas pensando, Ryoko? ¡¿QUÉ RAYOS ESTABAS PENSANDO?! Eres una tonta, una inútil… Por eso Aku se fue, por eso ya no te quiere.

Se insultaba con un odio feroz hacia sí misma, una y otra vez, sin detenerse hasta que se quedó dormida.

Finalmente despertó tomó su bolso y salió corriendo hacia algún sitio, con su cabello desordenado y sus ojos lagañosos e hinchados.

Corría sin parar hasta que tocó una puerta, en cuanto la abrieron se lanzó sobre él.

Aku perdoname por favor, no quise lastimarte solo me ganaron mis pensamientos y por eso te dije esas cosas hirientes. Por favor te lo ruego perdóname.

Gritaba entre lágrimas mientras apretaba más abrazo.

Una sonrisa apareció en Aku, la abrazó más fuerte y la sentó en el sofá.

Ryoko no tienes que disculparte yo te amo y no pienso dejarte sola, mira como vienes, te ves muy agotada y tú rostro se ve tan diferente.

Mencionaba mientras le limpiaba las lagañas de lo ojos.

Pasaron los minutos y Ryoko se quedó dormida en el sofá. Aku la levantó y la llevó a su habitación, la recostó en su cama y salió.

Mientras dormía el preparaba algo para cenar.

Por fin volvió a mi—pensaba con una sonrisa.

Pasarón unas horas y Ryoko despertó. Aku se encontraba esperando sentado en sus pies.

Tengo que irme

Decía aún adormitada

Aku la abrazo y la recostó de nuevo en la cama

Tranquila pasa la noche aquí ¿si?, me preocupa tu estado por eso lo mejor será que te quedes conmigo yo voy a cuidarte.

———

Aku notó cómo Ryoko comenzaba a moverse inquieta entre sueños, frunciendo el ceño, como si incluso dormida siguiera siendo atormentada con todo lo que pasaba.

Ryoko… —la llamó en voz baja—. Ven, es mejor que te des un baño caliente, te ayudará a dormir.

Ella abrió los ojos lentamente, aún cansada, pero acepto sin oponerse.

Aku la acompañó hasta el baño y dejó todo listo para que pudiera estar cómoda.

Tómate tu tiempo —dijo antes de salir—. Estaré aquí afuera esperando.

El agua caliente ayudó a que su cuerpo se relajara. Ryoko apoyó su frente contra la pared de la ducha, dejando que el vapor calmara su respiración y, por primera vez en horas, sintió que el peso en su pecho iba disminuyendo.

Cuando salió de la ducha, envuelta en una toalla y con el cabello húmedo, Aku ya la estaba esperando. Sin decir nada, le acercó ropa limpia y la guió de vuelta a la habitación.

Siéntate —pidió con tranquilidad.

Ryoko obedeció. Aku tomó una toalla y comenzó a secarle el cabello con cuidado, sin prisas. Luego, con delicadeza, empezó a dividir los mechones de cabello.

Me gusta tu cabello—murmuró.

Ryoko no respondió, pero cerró los ojos. Sus hombros se relajaban mientras sentía los movimientos tranquilos y constantes. Aku terminó la trenza y la acomodó con suavidad sobre su espalda.

Listo.

La recostó en la cama y la cubrió con la manta.

Ahora descansa—dijo en voz baja—. Ya hiciste suficiente hoy.

Ryoko respiró hondo, aferrándose a la manga de su camisa.

¿Te quedarás conmigo…?

—respondió sin dudarlo—. No me iré, así que puedes dormir tranquila.

Aku se sentó a su lado, apoyando la mano sobre la de ella. Su voz volvió a marcar una gran tranquilidad.

Cierra los ojos… no pienses en nada frustrante. Yo estoy aquí.

Poco a poco, Ryoko se dejó llevar. Su respiración se volvió lenta, profunda, hasta que finalmente cayó en un sueño pesado.

Aku se quedó mirándola unos segundos más.

Descansa, Ryoko —susurró—. Mañana estarás mejor.

Aku se aseguró de que Ryoko estuviera totalmente dormida. Al ver que su respiración era tranquila y constante, se levantó con cuidado para no despertarla.

Antes de salir, acomodó un mechón de cabello suelto detrás de su oreja y apagó la luz.

Descansa… —susurró una última vez.

Cerró la puerta suavemente y se dirigió a la sala. Se acostó en el sofá. No tardó mucho en quedarse dormido.

La madrugada avanzó en completa tranquilidad.

Horas después, Ryoko comenzó a mostrarse inquieta. Su ceño se frunció y su respiración se aceleró. Rápidamente abrió los ojos, totalmente alterada.




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