Más allá del ring

La prueba de hierro

Capítulo 2—

El gimnasio olía a hierro, sudor y costumbre.

No era un lugar nuevo para Artemis, pero sí uno que la observaba distinto desde el primer segundo.

Cuando entró, el murmullo cambió.

No se detuvo.

Pero cambió.

—Ah... ella es la nueva —susurró alguien.

—¿Entrenadora? —rió otro—. No parece.

Las miradas no eran discretas. No intentaban serlo.

Algunas la evaluaban como si fuera una pieza fuera de lugar. Otras, más descaradas, se quedaban demasiado tiempo en su figura, confundiendo interés con respeto.

Artemis no reaccionó ante todo lo que parecía ser un obstáculo para hacer su trabajo, nunca lo hizo y menos en esa ocasión. Ella veía eso como un reto, el hecho de entrenar al ser más imposible de toda la ciudad, sería una manera de demostrar que ella no era un juego y que podía enfrentarse a cualquier cosa.

Avanzó con la barbilla erguida como si el mundo alrededor no existiera, sus ojos se enfocaron en un objetivo visible.

Gael. A pocos metros concentrado en un saco golpeando como si no existiera un mañana, esa era la razón por la cual Artemis se hallaba en ese lugar.

La presencia de ella no era ruidosa, pero tampoco pasaba desapercibida. Era de esas personas que no necesitan levantar la voz para ocupar un espacio.

Cada paso era preciso y lleno de seguridad, a su lado también avanzaba Christian, el manager de Gael, quien pocas veces iba al gimnasio y eso hacía que se volviera más interesante para los presentes.

—Este será tu lugar de trabajo —dijo él, señalando el interior del gimnasio.

—Entendido —respondió ella sin dudar.

—No será fácil... Bueno, ya sabes, por... Gael—continuó explicando y ella suspiró, sin embargo se sentía confiada.

—Nunca lo es, pero estaré bien—indicó para darle más tranquilidad.

Él suspiró, como si ya supiera lo que venía.

—Está por ahí—señaló con el dedo de la manera más disimulada que pudo.

Artemis miró hacia el área de entrenamiento.

Y lo vio.

Golpeando el saco con precisión brutal, como si el mundo entero dependiera de la fuerza con la que descargaba cada golpe.

No la miró.

Ni una sola vez.

Como si no existiera.

—No le va a gustar esto —murmuró Christian.

—No estoy aquí para que le guste —respondió ella encogiéndose de hombros y caminó directo hacia él.

El sonido de sus pasos no lo detuvo.

Ni siquiera lo hizo dudar.

Gael siguió golpeando el saco.

Uno. Dos. Tres. Contando en su mente sin permitir que nada le provocara distracciones.

Artemis se colocó a su lado. Observó, esperó y cruzó sus brazos dando golpecitos con la punta de su zapato contra el suelo, sin embargo nada de eso lo inmutó.

Cuando él terminó la secuencia, dejó caer los guantes sin mirarla.

—Estás abriendo demasiado el hombro —dijo ella, tranquila, pero no obtuvo respuesta.

Gael tomó otra serie de golpes.

—Y tu respiración es irregular —continuó—. Estás perdiendo eficiencia.

Nada.

Otro golpe.

—Si sigues así, vas a cansarte antes del tercer round—Gael se detuvo con lentitud como si eso le provocara cansancio mental.

Se quitó el protector bucal y la miró de reojo.

—¿Terminaste?

Artemis no se movió.

—No.

Él volvió a golpear el saco, ignorándola completamente.

Como si su voz fuera ruido ambiental.

Artemis dio un paso más cerca.

—Aunque no te guste, voy a ser tu entrenadora—dictaminó ella casi triunfante.

Gael soltó una risa corta.

Sin humor real.

Se giró hacia ella.

—¿Entrenadora? —repitió, como si la palabra le resultara absurda—. Te voy a decir algo sencillo—

Se acercó un poco más para robarle el espacio personal

—Yo acepto órdenes de gente que ha ganado algo que yo respete—señaló, pero ella incluso con eso no retrocedió.

—Entonces vas a tener un problema conmigo—refutó.

Él la miró de arriba abajo, lento, deliberado, sin disimulo, como si una idea fuera de lugar de hubiera pasado por su cabeza, que ella entendió y detestó de inmediato. No obstante sabía que era parte de su juego y mantuvo la compostura, porque no le daría el gusto.

—Te voy a aceptar en serio el día que tengas al menos uno de los títulos que yo he ganado con mi esfuerzo—declaró con una sonrisa de labios formando una línea fina. Artemis sostuvo su mirada sin pestañear.

—Y tú vas a perder todo eso el día que no puedas controlar tu propia cabeza dentro de un ring—repuso. Hubo otro silencio incómodo, Christian sentía que quería desaparecer, incluso sintió pena por Artemis.

Gael dio un paso más, quedaron demasiado cerca.

Lo suficiente para que cualquier otra persona hubiera retrocedido, pero ella no lo hizo. Él inclinó ligeramente la cabeza.

Una sonrisa leve, cerrada y muy peligrosa.

—Te voy a dar una oportunidad —dijo él finalmente y la expresión de Christian se endureció, sabía que cuando Gael hablaba de ese modo era que se traía algo entre manos.

Artemis entrecerró la mirada.

—No necesito tu permiso—replicó

—No es permiso —corrigió él—. Es una condición, porque cariño debes saber que para ser mi entrenadora tienes que ganártelo, soy uno de los luchadores más importantes de la UFC—culminó y ella alzó una ceja como si él estuviera bromeando–aunque no lo estuviera – de verdad hablaba en serio cuando mencionó lo de ganarse el puesto.

Gael dio un paso hacia atrás, como si de repente ya hubiera decidido algo.

—Una hora—propuso

Artemis frunció el ceño.

—¿Qué?

—En una hora, te quiero aquí otra vez —dijo él, recogiendo sus guantes—. En el gimnasio—La miró directo.—Si de verdad vas a entrenarme... demuéstralo. Quiero ver de qué estás hecha y si de verdad no voy a perder mi tiempo con "vamos a correr cinco vueltas la cancha y luego haremos doce flexiones de pecho"—indicó con sarcasmo. Artemis lo observó con atención.

No confiaba en eso.




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