Más allá del ring

Paciencia

Capítulo 4—

A las cinco de la mañana, el gimnasio todavía estaba medio dormido.

Las luces blancas apenas terminaban de encenderse y el aire tenía ese frío incómodo que se pega a la piel antes de que el cuerpo entre en calor. El sonido de una escoba arrastrándose por el suelo y el zumbido lejano de una caminadora eran lo único que rompía el silencio.

Artemis ya estaba ahí vestida de negro, el cabello recogido en una coleta alta, una carpeta bajo el brazo y una expresión demasiado seria para esa hora.

Miró el reloj el cual marcaba las cinco en punto, hora

perfecta para crear disciplina en alguien testarudo como Gael. Ella había preparado toda la rutina especial la cual incluía resistencia, técnica, control de respiración y trabajo de suelo. No improvisado. No suave.

Exactamente lo que él necesitaba. Sin embargo volvió a mirar su reloj, eran las cinco quince y nada que aparecía el rostro de Gael en el gimnasio.

Pasaron más minutos y ella observaba como las manecillas de su reloj de muñeca se movían. Decidió ir a la máquina de café porque necesitaba pensar en otra cosa que no fuera matar a Gael, porque entendía perfectamente que estaba haciéndola esperar a propósito.

El reloj marcó cinco treinta y nada aún. No hubo llamadas ni siquiera un estúpido mensaje que dijera: Voy en camino llego en cinco minutos, disculpa es que había tráfico.

Pero por supuesto que eso no pasaría en una realidad donde le había tocado entrenar al hombre más cretino e idiota de todo Nueva York.

Artemis apoyó la carpeta sobre la mesa y cruzó los brazos. A pesar de la espera seguía manteniendo la calma, obviamente detestaba esperar, pero no podía darse el gusto de enojarse para que Gael obtuviera su recompensa.

Porque claramente si la veía enojada estaría dándole el gusto de provocarla y eso desde luego que no iba a suceder.

A las cinco cuarenta y siete la puerta del gimnasio finalmente se abrió.

Gael entró como si el mundo entero tuviera que adaptarse a su ritmo, como si todos le debieran devoción y al verlo pasar tenían que admirarse por su sola presencia.

Traía una sudadera gris, bolso al hombro, audífonos puestos y una calma irritante pintada en la cara.

Artemis lo vio acercarse lentamente.

Él se quitó los audífonos sin ninguna prisa, se tomó su tiempo para apagar la música de su teléfono y luego con un descaro evidente dijo:

—Buenos días.

—Llegas una hora tarde —dijo ella.

Gael fingió sorpresa.

Luego hizo una mueca exagerada de culpa.

—Ay, lo siento de verdad… no me di cuenta—indicó

y ella entrecerró los ojos. Tomó un poco de aire por la nariz lo contuvo dos segundos y lo soltó de a poco para mantener la tranquilidad. Pero él sonrió ya que estaba disfrutando el momento, lo saboreaba como quien degusta un vino antes de pedir la botella.

Claro esa era la idea, cansarla, llevarla al extremo hasta que ella renunciaran hacer que se hartara sola y desapareciera de su vida y así evitarse el trabajo de tener que lidiar con su presencia, pero Gael no la conocía ni un poco, Artemis no iba a rendirse tan fácil ella estaba ahí por un objetivo y lo iba a lograr.

—Calienta —ordenó Artemis sin darle mas larga al asunto.

Él dejó el bolso en el suelo con desgano.

—Buenos días para ti también—expresó entornando los ojos, pero ella no respondió. Y aunque le costará reconocerlo, eso lo irritó un poco más de lo que esperaba.

Treinta minutos después, Gael seguía haciendo todo mal–por supuesto que aposta– Artemis lo sabía y la llevó a pensar que las ideas sobre él se quedaban cortas porque Gael Thomas podía llegar a ser el hombre más insufrible de la historia.

Y él sabía que ella lo sabía por eso seguía.

—Te dije diez repeticiones, no cinco—puntualizó ella seria.

—Ups—se limitó a contestar.

—Mantén la guardia arriba—lo corrigió

Gael bajó las manos lentamente, mirándola directo.

—¿Así?—preguntó fingiendo inocencia. Ella inhaló profundo rogando paciencia porque estaba a un “lo siento” de Gael, de darle un puñetazo en el rostro.

“Respira Artemis solo respira”

Pensó ella controlándose así misma.

—Concéntrate.

—Estoy concentrado.

—No. Estás actuando como un adolescente insoportable—pugnó y Gael soltó una risa baja.

—Eso dolió—respondió fingiendo indignación.

El entrenamiento continuó. O al menos eso intentaba ella, porque él convertía cada ejercicio en una provocación nueva.

Si ella pedía velocidad, él iba lento.

Si pedía control, él golpeaba demasiado fuerte.

Si corregía su postura, él hacía exactamente lo contrario mientras la miraba con descaro. Y aun así…Artemis seguía ahí, sin gritar ni rendirse, porque estaba reuniendo toda la paciencia de su vida solo en ese entrenamiento.

Y como Gael no había obtenido lo que quería, eso empezó a molestarle más que cualquier reclamo.

—Otra vez —dijo ella.

Gael dejó caer los brazos.

—¿No te cansas?—cuestionó con una ceja arriba.

—No—respondió ella secamente.

—Qué triste vida—añadió en una mueca de falsa compasión.

Artemis caminó hacia él.

Despacio.

La tensión cambió inmediatamente.

Porque cuando Artemis se acercaba demasiado, Gael dejaba de bromear igual.

Ella se detuvo frente a él, muy cerca.

—¿Ya terminaste de actuar como un cretino o piensas tomarte algo en serio hoy?—confrontó directamente.

Gael sonrió con lentitud pensando que había logrado su cometido. Empleó Esa sonrisa torcida que usaba cuando quería irritar a alguien.

—Ser un cretino es mi hobby—reconoció con orgullo y

Artemis soltó una risa seca sin nada de humor.

—No. Tu hobby es provocar a todo el mundo antes de que descubran que eres incapaz de controlar algo que no sea tu fuerza.

La sonrisa de Gael se congeló apenas. Fue algo rápido, pero visible para ella, así que siguió.

—Crees que ser agresivo te hace fuerte, pero solo demuestra que todavía peleas como alguien que sigue atrapado en su pasado—continuó sin darse cuenta que estaba tocando teclas sensibles, pisando un terreno minado muy peligroso.




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