Más allá del ring

Cuando el orgullo te hace perder

Capítulo 6 —

El recinto vibraba.

No era solo el sonido de la música ni el rugido constante de la multitud al otro lado de las puertas. Era algo más físico. Más denso. Como si el aire estuviera cargado de electricidad y adrenalina.

Artemis podía sentirlo incluso sentada en la zona VIP.

Las luces recorrían el estadio en haces blancos y azules, atravesando el humo artificial que flotaba sobre el cuadrilátero iluminado en el centro. Los comentaristas hablaban por los altavoces con voces exageradamente emocionadas mientras las pantallas gigantes repetían golpes, nocauts y victorias pasadas.

Y por supuesto…

Gael aparecía en casi todas.

Amélie apoyó el mentón sobre su mano mirando las pantallas.

—Es ridículo lo guapo que sale en cámara —comentó con total naturalidad al tiempo que soltaba un suspiro.

Artemis soltó una pequeña risa nasal.

—No pienso alimentar más su ego—respondió negando mientras se acomodaba en el asiento.

—Oh, no hace falta. Él lo hace solo—añadió haciendo un gesto con la mano.

Eso la hizo sonreír otra vez.

Christian regresó poco después con bebidas y un gesto agotado. Artemis vio su rostro y se notaba preocupado. Pero no quiso preguntarle para no tensarlo más.

—La pelea empezará en veinte minutos—informó él mientras tomaba asiento junto a ellas—. Ahora, espero que todo salga bien.

Amélie y Artemis lo miraron al mismo tiempo.

—Crucemos los dedos porque no pierda la cabeza esta vez—añadió en una exhalación corta.

Artemis abrió la boca fingiendo sorpresa.

—¿Gael?¿perder la cabeza?Nunca haría algo así.

Christian le sostuvo la mirada unos segundos.

—Artemis… Por favor no estoy para chistes ahora.

—Está bien, está bien—levantó ambas manos con inocencia exagerada—No voy a bromear con eso, pero…—Amélie soltó una risita

—Por favor.

—Ok, ok—culminó haciendo un gesto como si cerrara una cremallera en su boca.

Entre la conversación las luces descendieron un poco más y el ruido aumentó brutalmente.

Un reflector apuntó hacia la entrada principal de los peleadores. La pantalla gigante mostró el nombre del rival de Gael.

Un peleador conocido a nivel internacional como Dead Moon. Alto, fuerte y en su rostro se veía lo agresivo.

La multitud reaccionó con entusiasmo.

Artemis cruzó los brazos observándolo caminar hacia el ring acompañado por su equipo.

—No parece una pelea “amistosa”—murmuró haciendo las comillas con los dedos y más en base a su experiencia.

Christian suspiró.

—Con Gael nunca lo son. Y este rival tenía tiempo retándolo, así que él aceptó porque Jack estuvo dando conferencias que Gael le tenía miedo y por eso no le aceptaba los retos—explicó mientras miraban al contrincante pasar por debajo de las cuerdas—. Ya conocen a Gael, no soporta que la gente hable cosas de él—Christian terminó de hablar y entonces ocurrió, la música cambió, el estadio entero explotó en gritos.

Por supuesto, se trataba nada más y nada menos que de

GAEL THOMAS quien apareció en las pantallas gigantes con una edición absurda de fuego, golpes y titulares deportivos.

Luego él salió.

Y por un instante…

Todo el recinto pareció inclinarse hacia su presencia.

Gael caminó hacia el ring con una calma insultante, usando una sudadera negra con la capucha puesta y vendas blancas en las manos. No sonreía esta vez.

No saludaba.

No parecía interesado en las cámaras.

Artemis lo observó avanzar entre luces y flashes mientras la multitud gritaba su nombre como si fuera una celebridad imposible de alcanzar ella torció los ojos y aunque odiaba admitirlo… Había algo en él que realmente dejaba a todos hipnotizados mirándolo.

Gael tenía esa clase de presencia que llenaba un lugar entero sin esfuerzo.

Amélie inclinó apenas la cabeza hacia Artemis.

—Míralo bien.

—¿Qué?—se hizo la distraída negando lo innegable.

—Ese rostro—dijo divertida—. Yo le llamo el poder de Gael—expresó con una sonrisa ladina.

Artemis apartó la vista inmediatamente.

—No lo estaba mirando a él—negó nuevamente sintiéndose idiota por haber sido descubierta.

—Bien. Entonces probablemente soy yo quien nota cómo no has dejado de seguirlo con la mirada desde que apareció—agregó con calma acomodándose el cabello con elegancia.

Artemis entrecerró los ojos y tragó saliva.

—Sí, creo que eres tú.

Amélie sonrió triunfante.

Christian, sentado al lado, parecía debatirse entre reírse o lanzarse desde el palco. Porque el rostro de Artemis podía decirse que se había puesto rojo al punto de que las mejillas le ardieron por la vergüenza.

Gael subió al ring.

Se quitó la sudadera lentamente y el estadio volvió a reaccionar como un animal salvaje. Los músculos de su espalda se marcaron bajo las luces mientras se acomodaba los guantes y giraba el cuello de un lado a otro.

Después levantó la vista.

Directamente hacia el palco VIP.

Hacia ella.

Artemis sintió aquella mirada incluso antes de sostenerla. No supo por qué razón la miraba, pero por fortuna nadie más lo notó, solo ella. Fue algo rápido, quizás un microsegundo. Pero suficiente para sentir en eso la firmeza, pesadez e intensidad como cuando le ganó aquella pelea que la hizo convertirse en su entrenadora.

Gael no sonrió esta vez.

Pero tampoco apartó los ojos.

Y algo incómodo le revolvió el estómago a Artemis.

Porque había aprendido a reconocer esa expresión.

Era la misma que él usaba en el gimnasio segundos antes de atacar.

Desafío.

El árbitro llamó a ambos peleadores al centro del ring.

Las instrucciones comenzaron.

La multitud gritaba.

Las cámaras no dejaban de grabar.

Y Artemis notó algo que hizo tensarse sus hombros de inmediato.

Gael no estaba relajado.

Por fuera sí.

Pero ella ya lo conocía lo suficiente para distinguirlo. No porque llevará tiempo a su lado, a veces no era necesario eso para conocer a alguien, se trataba más por el hecho de que ella lo analizaba mucho y se grabó prácticamente cada reacción de él.




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