Más allá del ring

Cosas que no deben ocurrir.

Capítulo 7—

Gael apoyó una mano sobre la mesa detrás de él sin apartar la mirada de Artemis.

El camerino olía a sudor, cuero y ese ligero aroma mentolado de los analgésicos deportivos. Afuera todavía podía escucharse el eco distante de la música y la multitud celebrando, pero ahí dentro todo se sentía mucho más silencioso. Como si el encierro le ofreciera un cierto peligro difícil de ignorar.

Artemis carraspeó apenas, obligándose a mantener la compostura.

—Buscaba el baño—indicó enderezándose con una calma poco convincente para él quien soltó una risa baja.

—Claro. Y terminaste casualmente en mi camerino—mencionó haciendo un gesto que evidenciaba su sarcasmo.

Ella cruzó los brazos de inmediato.

—No todo gira alrededor tuyo, Thomas—respondió tajante entornado los ojos para evitar mirarlo ya que aún sentía resentimiento por su comportamiento en el gimnasio, cuando prácticamente pasó la mañana saboteando el entrenamiento.

—Eso dicen mucho últimamente, pero curiosamente siempre terminan aquí conmigo—señaló relajado con una convicción insultante de que su presencia siempre afectaba a otros.

Artemis entrecerró los ojos y él sonrió apenas.

Pero… Esa sonrisa odiosa y a la vez pícara…

Ash…

Seguía golpeado, despeinado y con sangre seca cerca de la boca... y aun así parecía demasiado consciente del efecto que provocaba. Y eso la irritaba más de lo que le gustaría admitir.

Gael tomó una botella de agua y bebió sin ninguna prisa mientras seguía observándola por encima del borde del envase.

—Entonces...—murmuró después—¿viniste a felicitarme?—asumió lo equivocado. Artemis levantó lentamente una ceja y bufó por la nariz incrédula de que él estuviera tan seguro de sus palabras. Porque sí, ahí estaba otra vez ese ego absurdo e insufrible.

Gael la miraba con expresión arrogante, esperando una reacción o algún tipo de reconocimiento que obviamente Artemis no le daría.

Ella sonrió apenas fue una sonrisa pequeña, pero a la vez filosa.

—¿A eso le llamas ganar?—cuestionó ceñuda.

La sonrisa de Gael se amplió apenas.

Artemis se apoyó contra la puerta como si estuviera evaluándolo.

—Yo solo vi que tuviste suerte—completó cruzando los brazos en su pecho, porque si Gael tenía la facilidad de demostrar una calma indestructible, ella no permitiría que su irritante ego la sacara de sus casillas.

Eso es juego de dos.

Hubo un silencio corto y entonces Gael soltó una carcajada corta, muy real. Era esa clase de risa que parecía escapársele antes de poder contenerla.

Artemis lo miró con cierta sorpresa.

—¿Qué es tan gracioso?—quiso saber ella y

Gael negó lentamente con la cabeza mientras dejaba la botella sobre la mesa.

—Tú—contestó sin mucha explicación y Artemis volvió a fruncir el ceño.

—Qué bonito. ¿Ahora también soy tu entretenimiento?

—No—respondió acercándose un poco—. Eres peor—admitió en un tono suave y peligroso que ella no supo distinguir en el momento, sin embargo ese acortamiento de distancia entre ambos si que era evidente.

Artemis sintió el cambio inmediato en el aire cuando él avanzó, Gael seguía sin camiseta, con el pecho todavía marcado por el esfuerzo de la pelea y pequeñas gotas de sudor resbalando por su piel.

Tenía un moretón formándose cerca del pómulo y el labio ligeramente roto y aun así... Seguía caminando como si fuera invencible.

—Cualquier otra persona estaría adulándome después de esa pelea—continuó él—. Tú entras aquí solo para decirme que casi pierdo.

—Porque casi pierdes y alguien debe decirte la verdad, sorry…

—Pero no perdí—contradijo él dando otro pequeño paso adelante sin notarlo.

—Por pura suerte—refutó Artemis enarcando una ceja mientras desviaba su atención a un casillero medio abierto del cual sobresalía una toalla.

Y Gael volvió a reírse entre dientes.

Rayos.

Eso debería haberla irritado más de lo que lo hizo.

—¿Siempre eres tan insoportable?—preguntó ella.

—Solo contigo—admitió en un tono suave y juguetón, que por estúpido que pareciera, ella no terminaba de notar que estaban a una distancia lo suficientemente corta como para que alguien normal retrocediera.

La respuesta salió demasiado rápida y natural.

Y por un segundo ambos se quedaron en silencio.

Gael fue el primero en sostenerle la mirada sin retroceder porque él nunca lo hacía. Estaba acostumbrado a ser él quien provocara que otros dieran el paso atrás. Pero Artemis por más orgullosa que fuera, sintió un extraño calor subirle por el cuello y eso solo logró irritarla más.

—Tu problema es que peleas desde el ego—dijo cambiando el tema—. Perdiste el control en el segundo asalto—intentó explicar distrayéndose así misma para no pensar que estaban tan cerca del otro.

La expresión divertida de Gael disminuyó apenas.

Ajá.

Ahí estaba el golpe real.

Artemis dio un paso hacia él ahora aprovechando la ventaja ganada.

Un error que no debía cometer.

—Te precipitaste. Dejaste abiertos demasiados espacios y atacaste sin pensar. Si el otro hubiera sido mejor estratega, te habría dejado inconsciente frente a todo el estadio—prosiguió con su explicación y

Gael apoyó la lengua contra el interior de su mejilla observándola en silencio.

Ella siguió:

—Y honestamente, viendo cómo estabas peleando... casi parecía que querías que te golpearan—

Eso hizo que algo cambiara en sus ojos. Fue sutil y muy rápido, pero no tanto como para que ella no lo pudiera notar.

Porque debajo del sarcasmo, del ego y de toda aquella arrogancia insoportable... había algo más.

Algo que Gael ocultaba demasiado bien.

Él bajó la mirada un segundo y luego volvió a verla.

—¿Terminaste el análisis psicológico o falta algo más?—interpeló en una expresión de poco interés.

Artemis cruzó los brazos otra vez.

—Falta mucho, pero no creo que tengas la capacidad emocional para soportarlo—continuó ella girando el rostro de nuevo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.