Más allá del ring

Tensión inevitable

Capítulo 8—

La ciudad avanzaba lentamente detrás de las ventanas del auto, las luces se tornaban difusas y los semáforos cambiaban de color como si todo alrededor de Artemis fuera mecánico, personas entraban y salían de restaurantes mientras la noche seguía viva alrededor de ellos.

Pero dentro del coche reinaba un silencio extraño y pesado, Christian conducía con una mano apoyada en el volante mientras de vez en cuando le lanzaba miradas discretas a Artemis, ella permanecía mirando hacia afuera muy callada, con los brazos cruzados y la mandíbula apenas tensa.

Y aunque intentaba disimularlo... él notaba perfectamente que algo le ocurría, pero solo interpretó mal la razón.

—No tienes que sentirte obligada a soportarlo todo el tiempo—comentó finalmente Christian rompiendo el silencio.

Artemis giró apenas el rostro.

—¿Hm?

Él sonrió un poco cansado. Porque sabía que ese tema era algo trillado, Gael siempre que podía hacerle la vida

Imposible a alguien, no perdía el tiempo y más cuando se trataba de ese caso.

—Gael—pronunció su nombre y el solo hecho de escuchar su nombre provocó una reacción inmediata en su pecho, fue como una especie de golpe torpe y molesto difícil de quitar.

Artemis desvió la mirada rápidamente hacia la ventana otra vez.

—Estoy bien—mintió.

Christian soltó una pequeña risa nasal.

—No pareces precisamente feliz—señaló algo obvio.

Ella apoyó la cabeza unos segundos contra el asiento.

Y honestamente... ni siquiera sabía cómo explicar lo que sentía.

Porque sí, Gael la irritaba, y eso era real. Esa manera en que la provocaba y como disfrutaba desafiarla.

La forma en que parecía entrar a cualquier lugar creyéndose dueño del mundo.

Todo eso era suficiente para volverla loca.

Pero lo que había sentido al verlo bailar con Amélie...

Eso no tenía sentido.

Y era absurdo siquiera intentar analizarlo.

—Solo estoy cansada—murmuró finalmente—. Mañana será otro día—quiso cortar ese tema para no seguir pensando en ese martirio de persona.

Christian la observó unos segundos antes de asentir. A pesar de que no había quedado convencido, quería respetar la privacidad de ella.

El auto se detuvo frente al edificio de Artemis pocos minutos después, él apagó el motor y giró un poco hacia ella con una sonrisa tranquila.

—No te preocupes demasiado por Gael—intentó animarla. Ella levantó apenas una ceja.

—Qué alentador—contestó haciendo una mueca de lado y él soltó una pequeña risa.

—Lo que quiero decir es... entiendo lo difícil que puede ser. Solo intenta ignorarlo. Él es así con todo el mundo, yo he aprendido a ignorar las actitudes infantiles de Gael y hasta ahora he podido sobrevivir —bromeó y

Artemis sonrió apenas mientras soltaba el cinturón.

—Ignorarlo sería imposible— Y eso era precisamente el problema. Porque Gael Thomas tenía esa clase de presencia que se metía bajo la piel incluso cuando uno no quería.

—Pero intentaré hacerlo—añadió finalmente.

Christian asintió, luego con un tono más suave, agregó:

—Si tienes algún problema... o necesitas algo, puedes decírmelo—expresó con una amabilidad que provocaba cosquillas y Artemis sintió una punzada de calidez ante eso porque él siempre parecía genuinamente preocupado por todos. Especialmente por Gael.

—Gracias—respondió sinceramente.

Le dedicó una pequeña sonrisa antes de abrir la puerta del auto.

—Buenas noches, Christian.

—Descansa, Artemis.

Ella bajó del coche y esperó a que él se alejara antes de entrar al edificio. Pero apenas cerró la puerta de su apartamento detrás de ella...

Todo volvió.

El recuerdo de Gael acercándose lentamente en el camerino, sus ojos fijos en ella. La tensión sofocante entre ambos, el calor de su respiración demasiado cerca.

Artemis dejó caer las llaves sobre la mesa con frustración.

—Dios mío, deja de pensar en eso—se regañó a sí misma.

Caminó directo a su habitación intentando apartar las imágenes de su cabeza, pero luego apareció otro recuerdo.

Gael sonriendo mientras bailaba con Amélie.

Su mano sobre la cintura de la francesa.

La manera en que ella se reía cerca de él.

Y aquella odiosa mirada que le lanzó a Artemis desde la pista. Como si supiera perfectamente que la estaba afectando.

—Eres una idiota—murmuró molesta consigo misma.

Se cambió rápidamente, se puso la pijama y se dejó caer sobre la cama. Para intentar dormir, sin embargo eso pareció un reto porque el problema era que cada vez que cerraba los ojos...

Veía los de él.

La mañana llegó mucho más rápido de lo que habría querido.

Sin embargo, apenas Artemis abrió los ojos, decidió algo. Iba a olvidar todo lo ocurrido la noche anterior.

Fin.

No pensaría en Gael, tampoco analizaría absolutamente nada y definitivamente no iba a sentirse afectada por un hombre insufriblemente atractivo y emocionalmente insoportable. Con esa resolución mental se levantó de la cama, se dio una ducha, luego ató su cabello y se puso ropa deportiva para salir rumbo al gimnasio.

El aire frío de la mañana ayudó un poco a despejarle la cabeza y el gimnasio todavía estaba casi vacío cuando llegó. Apenas algunos sonidos aislados de máquinas, guantes golpeando sacos y música baja sonaban a lo lejos. Era perfecto porque realmente necesitaba entrenar y descargar toda la energía acumulada que llevaba dentro. Como cuando uno desea vaciarse de malos pensamientos.

Lo mejor de todo era que no había llamado a Gael.

Porque seguramente él seguía dormido después de pasar la noche con Amélie haciendo... quién sabía qué.

La idea apareció sola, molesta e intrusiva.

Y para su desgracia... persistente.

Ell apretó la mandíbula, eso no debía importarle, por supuesto que no…

De verdad no le importaba.

Entonces ¿por qué demonios seguía pensando en eso?




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