Capítulo 9—
El agua caliente caía con fuerza sobre los hombros de Artemis, pero no lograba relajarla y en un intento vago de olvidar, cerró los ojos apoyando ambas manos contra la pared de la ducha mientras el vapor llenaba lentamente el pequeño espacio, sin embargo aún así.
Seguía pensando en él.
En Gael sonriendo de esa manera insoportable mientras la provocaba durante el entrenamiento esa manera de como se acercaba demasiado a ella, la forma en que sus ojos parecían quedarse atrapados en ella incluso cuando intentaba ocultarlo y en medio de esos pensamientos abrió los ojos de golpe, estaba molesta consigo misma por no dejar de cavilar en lo mismo. No podía ser tan difícil.
—Ya basta...—murmuró.
Tomó aire lentamente intentando recuperar el control.
Porque eso era exactamente lo que estaba ocurriendo.
Estaba perdiendo el control emocional por culpa de un hombre que representaba literalmente todo lo que detestaba.
Y lo peor era que Gael ni siquiera parecía darse cuenta del efecto que provocaba.
O quizá sí y eso le resultaba aún más irritante.
Terminó de ducharse rápido, se cambió y salió del gimnasio intentando despejar la cabeza.
Pero la sensación incómoda siguió persiguiéndola durante todo el día.
En casa intentó concentrarse en trabajo pendiente.
Revisó correos, organizó documentos y planeó nuevas rutinas de entrenamiento.
Luego puso una película solo para mantener la mente ocupada porque cualquier cosa era mejor que seguir pensando en Gael y estaba funcionando.
Más o menos.
Hasta que su teléfono sonó.
Artemis tomó el celular sin demasiado interés.
Pero apenas vio el nombre en la pantalla...
Sintió un pequeño vuelco irritante en el pecho, ya que
Se trataba de la persona en la que no quería pensar.
Gael.
Se quedó mirando el teléfono unos segundos.
Debatiéndose entre contestar o fingir su muerte, pero algo dentro de sí la obligó a no ignorarlo y finalmente contestó.
—¿Qué quieres?—respondió cortante.
Del otro lado hubo un breve silencio, luego la voz de Gael sonó tranquila.
—Hola para ti también, entrenadora—
Artemis bufó inmediatamente.
—Habla rápido.
—¿Siempre eres así de hostil?—
Ella se dejó caer sobre el sofá cruzando las piernas con fastidio.
—Solo con la gente que no me agrada—respondió tranquila y Gael soltó una pequeña risa grave.
Y por alguna razón absurda... ella pudo imaginárselo sonriendo al otro lado de la línea.
—Me siento halagado de pertenecer a tu club de odio—
Artemis cerró los ojos un segundo.
Dios.
Era imposible mantener una conversación normal con él.
—Termina de hablar o voy a colgar—sentenció y luego hubo otro pequeño silencio.
—Quiero hacer las paces—expresó finalmente, lo cual ocasionó que ella soltara una carcajada seca y sarcástica.
Realmente se rio.
—Esa es una muy buena broma.
—Hablo en serio.
—Claro. Y yo soy la persona más paciente del mundo—respondió con ironía. Gael volvió a reírse por lo bajo llevándola a pensar que odiaba que su risa le provocara cosas.
—Quiero invitarte a cenar esta noche—continuó.
Artemis se quedó inmóvil unos segundos frunciendo el ceño inmediatamente.
—No estoy para juegos, Gael. ¿Qué quieres realmente?
—Ya te lo dije—sostuvo lo que sea que estuviese planeando y la naturalidad de su voz solo consiguió desconfiarla más.
—¿Por qué harías eso?
—Porque trabajar contigo mientras me miras como si quisieras apuñalarme empieza a ser entretenido... pero poco práctico—ella rodó los ojos aunque él no podía verla.
—No necesito cenar contigo para soportarte.
—Tal vez yo sí necesito cenar contigo para soportarte a ti—admitió con sinceridad, pero ella solo pudo quedarse callada un segundo.
Gael continuó:
—Además, Christian probablemente dejará de sufrir si dejamos de comportarnos como enemigos—mencionó el detalle más importante que la hizo considerar la idea aunque no estaba del todo convencida en ese plan, así que suspiró lentamente.
Odiaba admitir que en parte tenía razón.
Y probablemente Christian realmente terminaría agradeciendo que ambos dejaran de lanzarse ataques pasivo-agresivos cada cinco minutos.
—No gracias.
—Es lo mejor para tener una mejor relación de trabajo—prosiguió intentando persuadirla cual vendedor callejero. Ella apoyó la cabeza contra el respaldo del sofá. Y por alguna razón... empezó a considerar la idea.
Lo cual ya era preocupante.
Gael habló otra vez.
—Te enviaré la dirección y la hora.
—Gael—
—Y si no vas... asumiré que quieres seguir esta guerra.
Artemis abrió la boca para responder, perp él ya había colgado. Ella apartó el teléfono lentamente mirándolo como si acabara de ser amenazada por un lunático.
—¿Qué estaré pagando para merecer esto?—se quejó dejando caer la cabeza hacia atrás.
La tarde pasó absurdamente lenta, Artemis caminó de un lado a otro varias veces e intentó convencerse de no ir. Luego pensó en Christian y al mismo tiempo recordó la sonrisa arrogante de Gael.
Y volvió a querer cancelar, estando en un círculo insoportable, hasta que finalmente...
Terminó arreglándose.
Lo cual la hizo enfadarse consigo misma una vez más.
—Es una cena. Solo una cena—murmuró frente al espejo, pero el problema era que su corazón no parecía creerle.
El restaurante era elegante, de esos que gritan a lo lejos-extremadamente costoso- con luces cálidas y música suave, risas medidas y murmullos bajos. Sin mencionar las mesas perfectamente decoradas. Ella solo podía pensar que solo Gael sería tan superficial para hacer “las pases” en un lugar donde todo parecía excesivamente caro.
Artemis apenas cruzó la entrada cuando una recepcionista se acercó inmediatamente.
—¿Señorita Artemis?—dijo la mujer observándola con una sonrisa que desde luego le incomodó, ella asintió un poco sorprendida.—Por aquí, por favor.