Más allá del ring

Acción y reacción

Capítulo 11—

Artemis no durmió bien, ni siquiera estuvo cerca de hacerlo. Pasó horas dando vueltas en la cama con la mirada perdida en el techo mientras su cabeza repetía una y otra vez la escena de la noche anterior.

Gael perdiendo completamente el control, la forma en que había reaccionado al ver a aquel hombre. La rabia, el dolor y esos ojos...

Aquellos ojos llenos de algo tan roto que todavía le provocaban una sensación extraña en el pecho. Y pensar en todo aquello la sacaba de sí, por lo tanto, se sentó sobre la cama cerca de las tres de la mañana soltando un suspiro frustrado. Porque no entendía nada, hasta intentó encontrar explicaciones racionales.

Quizá era alguien de su pasado, o problema familiar. Una deuda. Una traición.

Pensó en mil teorías distintas.

Pero ninguna coincidía completamente con la expresión que había visto en Gael, aquello no parecía solo enojo sino algo mucho peor. Y eso la inquietaba más de lo que quería admitir.

A la mañana siguiente decidió dejar de pensar en ello.

O al menos intentarlo. Se arregló rápidamente y salió rumbo al gimnasio mucho más temprano de lo normal, realmente necesitaba entrenar, vaciar la cabeza o algo que la distrajera.

El gimnasio estaba casi vacío cuando llegó. Solo se escuchaba el sonido lejano de una caminadora, música suave proveniente de algún rincón y el eco ocasional de metal chocando contra metal, era perfecto para despejarse, cosa que ella necesitaba.

Artemis comenzó a entrenar sin perder tiempo. Dio golpes, patadas e hizo movimientos rápidos, todo aquel cansancio mental terminó convirtiéndose en fuerza acumulada mientras descargaba la tensión sobre el saco. Los golpes eran seguidos con una rapidez y fuerza brutal.

Su respiración empezó a agitarse mientras intentaba expulsar de su cabeza todo lo relacionado con Gael Thomas, pero era imposible. Porque incluso cuando estaba furiosa con él... Seguía pensándolo.

Su mente estaba fuera de sí, pero no se encontraba tan mal como para ignorar que escuchó un sonido extraño. Era algo como un... ¿Ronquido? se detuvo confundida frunciendo el ceño mirando alrededor.

¿Quién demonios dormía en un gimnasio?

Avanzó algunos pasos siguiendo el sonido hasta la zona de sacos de práctica y entonces lo vio, Gael estaba en el suelo dormido profundamente apoyado contra uno de los sacos grandes como si simplemente hubiera caído ahí por agotamiento. Ella se quedó quieta un segundo.

La escena resultaba tan extraña que tardó en procesarla.

Él jamás daba la impresión de ser alguien vulnerable.

Siempre parecía tenso, alerta, arrogante.

Pero ahora...

Dormido de aquella manera descuidada, parecía distinto, más joven, pero a la vez con un cansancio no solo físico.

Se acercó lentamente, y cuanto más lo observaba...

Más evidente era, él tenía el rostro agotado, los ojos ligeramente hinchados y sombras oscuras bajo las pestañas. Como si no hubiera dormido en toda la noche y hubiera pasado horas destruyéndose solo.

Ella sacudió la cabeza ligeramente sacando esa idea porque algo dentro de su pecho le dolió, así que tragó saliva lentamente y antes de pensarlo demasiado...

Su mano se extendió hacia él muy despacio tratando de ser lo más cuidadosa posible.

Sus dedos estuvieron a centímetros de tocarle la mejilla, empero la mano de Gael atrapó su muñeca de golpe y ella soltó un pequeño jadeo involuntario.

Y entonces él abrió los ojos.

Había oscuridad, rojez y cansancio en ellos.

La miró directamente mientras aún sostenía su muñeca, Artemis sintió algo extraño apretándole el pecho.

Porque sí. Definitivamente había llorado, ella no sabía cuánto tiempo y por qué, pero ese rostro era el alguien destrozado por la tristeza.

Para ella todo estaba casi claro, porque sabía que él estaba sufriendo, no obstante era la razón de ese sufrimiento lo que ocasionaba una curiosidad que la carcomía por dentro.

Ella observaba como si hubiera agotado todas las lágrimas posibles y solo quedara el cansancio después de la tormenta.

—¿Qué haces aquí?—preguntó rápidamente intentando recuperar compostura—. Me asustaste—

Gael se incorporó lentamente soltándole la muñeca.

Se pasó una mano por el rostro antes de responder con voz ronca:

—Vine a entrenar—el tono de su voz sonaba decaído como sin ganas, y no era por el hecho de que acababa de levantarse. Ella podía estar segura de que Gael era igual de irritante hasta cuando se levantaba, pero en ese momento solo hablaba como alguien derrotado.

Artemis cruzó los brazos.

—Claro. Porque dormir en el piso es entrenamiento olímpico—expresó ella con ironía y Gael soltó apenas aire por la nariz.

Ni siquiera parecía tener energía para discutir y eso la descolocó más. Se puso de pie lentamente ella lo observó unos segundos más, pero recordó que estaba enojada con él así que decidió alejarse. Aquello claramente no era asunto suyo y él había sido claro en eso.

Empezó a darse vuelta para irse cuando, la mano de Gael sujetó su muñeca otra vez, con menos fuerza que la primera, pero suficiente para detenerla.

Artemis giró inmediatamente hacia él y quedó demasiado cerca con el corazón golpeándole de una manera incómoda porque él seguía mirándola de esa manera extraña. Muy callado, como si pensara en algo y a la vez lo analizara mucho.

—¿Qué rayos te pasa?—preguntó ella sintiendo la respiración más pesada de lo normal—. ¿Qué quieres?—espeto con molestia y él guardó silencio unos segundos.

Luego habló sin apartar la mirada.

—No le digas a nadie lo de anoche—pidió con calma en un tono suave. Artemis parpadeó una vez y luego la rabia volvió de golpe.

—Desocúpate—respondió con hostilidad inmediata—. Lo de anoche no pasó.

Gael sostuvo su mirada unos segundos más.

Y entonces soltó un suspiro cansado muy profundo.

Como si el peso entero del mundo acabara de caerle encima, después le soltó la muñeca lentamente y ella se dio vuelta para empezar a alejarse.




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