Capítulo 13—
El aire dentro del camerino se había vuelto demasiado pesado y caluroso, Gael estaba tan cerca que Artemis podía sentir el calor de su respiración mezclándose con la suya y eso era un problema… Enorme, porque aunque una parte racional de ella sabía perfectamente que debía apartarse, su cuerpo no reaccionaba.
Como si algo más fuerte la mantuviera clavada en el mismo sitio.
Gael tampoco se movía solo la observaba con una intensidad tan directa que resultaba imposible sostenerla sin sentir el pulso acelerarse. Artemis tragó saliva lentamente y los ojos de Gael descendieron apenas hacia su boca. Ese pequeño gesto hizo que el corazón le golpeara con fuerza contra las costillas.
Rayos, odiaba que le estuviera sucediendo eso, el hecho de sentirse vulnerable la irritaba. Odiaba el efecto que tenía sobre ella y como si las cosas no estuviesen mal, él dio medio paso más acercándose lo suficiente para dejarla prácticamente acorralada entre él y la pared. Ella apoyó una mano detrás de sí buscando algo de estabilidad, pero lo único que encontró fue más nervios.
Gael lo notó, por supuesto que lo había notado, y algo cambió apenas en su expresión esa arrogancia habitual desapareció un poco dando paso a algo más oscuro y a la vez más honesto. Como si él también estuviera luchando contra sí mismo.
Su mano subió despacio . Con una lentitud tan tortuosa que ella pudo percibir el sonido de sus dedos rozando la pared, pero él solo estaba dándole tiempo a apartarse. Sin embargo, Artemis estaba tan sumergida en el momento que no pudo retroceder, no logró huir como su mente le ordenaba, ahora su cuerpo era prisionero de un sentimiento más profundo que la razón.
Los dedos de Gael rozaron apenas su mandíbula antes de sostenerle la barbilla con una delicadeza que la tomó completamente desprevenida.
Porque no había brusquedad esta vez. La rabia y el impulso del hombre acostumbrado a ser quien tenía el control había desaparecido, ahora lo que ambos experimentaban era solo tensión contenida.
Artemis levantó apenas la vista hacia él.
Y quedó atrapada nuevamente, en esos ojos intensos que parecían mirarla demasiado profundo.
Gael inclinó ligeramente el rostro acercándose todavía más y el corazón de Artemis latía tan fuerte que podía escucharlo.
O quizá sentirlo. La verdad es que ya había pedido la noción de todo. El mundo al rededor desapareció y aquel lugar se había vuelto su realidad.
Ella sentía como sus respiraciones chocaban entre sí.
Y por un instante... Realmente creyó que iba a besarlo de nuevo. Esos labios acercándose a los suyos, esa firmeza feroz con la que sostenía su cintura, ella se había convertido en lo que tanto condenó.
Gael rozó con su pulgar los labios de Artemis, ella cerró los ojos tomando aire por la nariz al tiempo que lo contenía.
—Por qué es tan difícil ignorarte—murmuró Gael como si se lo estuviera diciendo así mismo, acercó su rostro al de ella y… Entonces.
Toc toc.
El sonido de unos golpes en la puerta rompió el momento como un disparo, ambos se quedaron inmóviles y la tensión se quebró de golpe.
Gael cerró los ojos apenas un segundo soltando aire lentamente mientras apoyaba la frente contra la de ella como si estuviera intentando recuperar control.
Y ese pequeño gesto inesperadamente vulnerable hizo que el pecho de Artemis se tensara aún más.
—Gael, ¿estás ahí?—se escuchó una voz desde afuera.
Christian. Y Artemis reaccionó primero abriendo los ojos de golpe y se apartó rápidamente como si acabara de despertar de algo peligroso, él soltó su barbilla lentamente y ese simple gesto dejó un vacío en su pecho.
Ella evitó mirarlo mientras intentaba controlar su respiración.
El silencio dentro del camerino se volvió incómodo por primera vez. Porque ambos sabían exactamente lo cerca que habían estado de cruzar otra línea.
Christian volvió a tocar la puerta.
—Gael—repitió su nombre un poco exasperado. Él pasó una mano por su rostro claramente frustrado antes de responder:
—Sí. Ya salgo.
Artemis dio un paso más hacia atrás acomodándose el vestido innecesariamente, solo para ocupar las manos en algo porque no sabía qué decir, tampoco sabía ni siquiera cómo mirarlo ahora. Algo dentro de ella se revolvía, esa tormenta de pensamientos y preguntas cuestionables la abordaron con vehemencia.
Gael en cambio seguía observándola fijo con esa misma profundidad imposible de ignorar, como si el momento interrumpido todavía siguiera suspendido entre ambos.
Ella finalmente levantó la vista hacia él.
—Esto fue una mala idea—murmuró apenas y Gael sostuvo su mirada, aunque parecía igual de alterado que ella... Sonrió apenas.
—Sí—murmuró con voz baja—. El problema es que ya no estoy tan seguro de querer detenerlo—confesó y ella contuvo la respiración.
¿A qué se refería con eso? ¿Acaso Gael pretendía seguir con ese juego absurdo?
Apenas él abrió la puerta del camerino para salir con Christian... Artemis espero y salió por la otra puerta para evitar malos entendidos, aunque claramente eso estaba más que explicado, ella había cedido ante Gael, estuvo a punto de besarlo nuevamente y en esa ocasión no hizo nada para detenerlo.
Empezó a cuestionarse si realmente estaba tan loca como para actuar de esa manera, se regañó a sí misma porque estaba cruzando límites peligros, y esas palabras de Gael aún seguían dando vueltas en su cabeza.
Artemis salió por un pasillo que conectaba hacia la decepción, porque necesitaba aire y distancia. También salir de ahí antes de cometer una estupidez monumental. Porque todavía sentía el roce de la mano de Gael en su barbilla, su respiración mezclándose con la suya.
Y peor aún...
Todavía recordaba esa mirada e intensidad peligrosa que parecía desarmarla sin esfuerzo.
Caminó tan rápido por el pasillo intentando recuperar estabilidad mientras el corazón seguía latiéndole demasiado fuerte.