Más allá del ring

Sarcasmos y algo más

Capítulo 14—

El trayecto hacia casa fue mucho más silencioso que las veces anteriores. La ciudad avanzaba detrás de las ventanas del auto en destellos de luces blancas, anuncios brillantes y calles húmedas por la humedad de la madrugada, pero dentro del vehículo el ambiente era distinto. Todo estaba más quieto, como si ambos supieran el peso que los oprimía y al mismo tiempo intentarán ignorarlo.

Christian conducía con una mano apoyada en el volante mientras de vez en cuando miraba a Artemis de reojo, pero en esa ocasión no era la mirada casual de siempre.

Había algo más, algo que empezaba a instalarse lentamente dentro de él sin que pudiera detenerlo porque durante toda la noche no había logrado quitarse de la cabeza la imagen de ella bailando con él.

La manera en que había encajado tan perfectamente entre sus brazos y esa pequeña sonrisa que apareció por momentos en su rostro, pero sobre todo... La forma en que Gael la había mirado, Christian no era estúpido.

Conocía demasiado bien a Gael Thomas y sabía reconocer tensión cuando la veía y lo que existía entre ellos definitivamente no era simple odio.

Eso lo inquietaba más de lo que quería admitir. Artemis en cambio permanecía apoyada contra la ventana perdida en sus propios pensamientos, porque demasiadas cosas giraban dentro de su cabeza. Y la que ocupaba todo el espacio de sus pensamientos tenía nombre y apellido. Gael Thomas.

Un flash de recuerdos sobrevino con fuerza, el camerino, la casi confesión y esa manera en que se fue de la fiesta unido con la sensación en el pecho que no lograba desaparecer. Por eso ella no notó la intensidad con la que Christian la observó cuando se detuvieron frente a su edificio. Artemis estaba ignorando más de lo que debía y poco a poco esa idea en la cabeza de Christian se hacía más real, y desde ese instante ya nada podría ser igual que antes.

—Llegamos—murmuró él. Artemis parpadeó apenas regresando a la realidad.

—Gracias por traerme—expresó en un tono bajo, casi sin ánimo, pero Christian sonrió suavemente.

—Siempre—respondió con amabilidad. Ella tomó su bolso preparándose para bajar, pero antes de abrir la puerta él habló otra vez.

—Artemis—dijo su nombre como si temiera pronunciarlo, debido al plan que ya se había instalado en su cabeza. Ella giró apenas el rostro, él dudó un segundo extrañamente nervioso.

—¿Te gustaría almorzar conmigo mañana?—preguntó finalmente. La pregunta la tomó desprevenida y lo observó unos segundos como analizándolo, Christian seguía sonriendo tranquilo, pero algo en sus ojos parecía mucho más atento esta vez.

Ella dudó apenas, pero finalmente asintió.

—Sí... claro.—contestó suavemente. La sonrisa de Christian se volvió un poco más genuina.

—Perfecto—comentó satisfecho—¿Puedo pasar por ti en la tarde?—preguntó.

—Eh... si, claro, está bien—dijo aún confundida.

—Genial, entonces te veré mañana—concluyó y Artemis se despidió de él mientras bajaba del auto sin darse cuenta de que Christian se quedó observándola hasta que desapareció dentro del edificio y solo cuando ya no pudo verla soltó lentamente el aire.

Porque algo había cambiado esa noche.

Algo importante.

A la mañana siguiente el gimnasio estaba casi vacío.

El sonido lejano de las máquinas mezclado con música baja creaba aquel ambiente frío y familiar que normalmente ayudaba a Artemis a concentrarse. Sus pasos eran pesados porque por primera vez los problemas en su cabeza no la dejaron dormir bien, pasó la noche dando vueltas en la cama incapaz de conciliar el sueño.

Nada estaba normal desde que ese insufrible hombre había llegado a su vida, aunque en parte ella era culpable, porque aceptó ser su "entrenadora".

Ella intentó enfocarse en el entrenamiento desde el primer minuto sus movimientos fueron rápidos con golpes precisos, mantenía la respiración controlada.

Pero su cabeza seguía llena de pensamientos irritantes.

Y todos llevaban el mismo nombre.

Gael.

Por eso cuando escuchó pasos detrás de ella...

Ni siquiera necesitó girarse para saber quién era.

—Llegas tarde—dijo ella secamente sin detenerse.

Gael soltó una pequeña risa por la nariz.

—Buenos días para ti también, entrenadora. Tu expresión de "quiero matarte" en la mañana es mi mayor motivación—saludo con ese sarcasmo instalado casi imposible de obviar.

Artemis siguió golpeando el saco con fuerza conteniendo las ganas de llevar su puño al rostro de él.

—Creí que estabas ocupado. Como ayer te fuiste de pronto—lanzó ella el primer golpe bajo y ni siquiera había calentado.

Gael se rio ante ese comentario y encogió los hombros.

—¿Ocupado? Sabes que soy un hombre muy solicitado, siempre estoy ocupado —respondió tan indiferente que Artemis ya estaba sintiendo el gancho a su estómago. Pero ella encogió un hombro intentando demostrar que no le afectaba.

—Lo sé... Además tu amiga la francesa dijo que te veías muy raro, como enojado —soltó ella con una sonrisa ladina aunque él estaba a sus espaldas. Pero con solo escuchar su tono de voz ya Gael podía imaginarse la expresión del rostro de Artemis.

Hubo un pequeño silencio detrás de ella.

Y cuando finalmente Gael habló...

Su voz llevaba una sonrisa apenas disimulada.

—Parece que te has enfocado mucho en mi anoche—devolvió otra vez el golpe y aunque ella no lo quisiera admitir Gael era muy bueno en hacer irritar a la gente, esa era su mayor virtud.

Ella apretó más fuerte la mandíbula.

No había querido que sonara así.

—No quise decir eso. Sino que es raro que te hayas ido de pronto sin avisar.

—Mm.

De nuevo ese "mm".

Artemis se giró fulminándolo con la mirada.

Gael estaba apoyado contra una columna observándola con una calma insoportable y había un brillo peligroso en sus ojos. Uno que claramente decía que había entendido perfectamente el comentario.




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