Más allá del ring

Miradas intensas

Capítulo 16 —

El almuerzo terminó mucho mejor de lo que Artemis había esperado. Estaba más relajada, de hecho fue un momento tan agradable que no pudo notar como las horas se volvieron nada y el atardecer daba paso a una hermosa noche, que develaba los altos edificios de Nueva York como un iluminado árbol de navidad.

Ella suspiró en un acto de pura satisfacción interior. Porque por primera vez en todo el día, consiguió olvidarse de Gael. O al menos casi, y siendo honesta con ella misma Christian era una excelente compañía. Por supuesto que debía serlo, todo él gritaba: Soy perfecto.

Y en teoría la palabra correcta para describirlo era esa, porque sabía cómo tratar a una mujer. Hablar con él era fácil. No había juegos extraños ni desafíos ocultos en cada palabra. Tampoco esa sensación constante de estar caminando sobre una cuerda floja.

Simplemente conversaban.

Y después del desastre emocional que había sido su día, aquello se sentía como un respiro.

—Debo admitir que me divertí más de lo que esperaba —comentó Artemis cuando salieron del restaurante.

La noche era fresca y las luces de la ciudad brillaban alrededor de ellos. Y Christian sonrió al escuchar sus palabras, porque sin darse cuenta empezaba a notar ese relucir en su mirada cuando ella no estaba tensa y eso le agradaba más de lo que podía admitir.

—¿Eso significa que pensabas que iba a ser aburrido?—bromeó y ella negó con la cabeza.

—No exactamente…

—Entonces me siento ofendido—continuó, pero se le escapó una sonrisa breve.

—Sobrevivirás—terminó por contestar con un sarcasmo sutil y él soltó una carcajada.

—Probablemente.

Caminaron hasta el vehículo mientras seguían intercambiando comentarios ligeros. Cuando Christian le abrió la puerta, Artemis volvió a agradecer aquel gesto educado que parecía tan natural en él.

Durante el trayecto de regreso continuaron hablando de cualquier cosa. Películas, viajes y deportes.

Incluso discutieron durante varios minutos sobre cuál era la mejor pizza de Nueva York.

Una discusión completamente absurda que terminó con ambos defendiendo lugares distintos.

Cuando finalmente llegaron frente a la casa de Artemis, ella observó por la ventana unos segundos. No quería admitirlo, pero la noche había sido espectacular, Christian logró ayudarla a liberar ese estrés acumulado y a olvidarse del caos, por eso se giró y lo miró con un gesto que demostraba su gratitud.

En realidad fue más agradable de lo que esperaba. Era como si algo dentro de ella estuviera impulsándola a ser más sincera.

—Gracias por… Por un día diferente—dijo mientras se giraba hacia él.

Christian negó suavemente con la cabeza.

—Gracias a ti por aceptar venir. Realmente he pasado una tarde maravillosa—respondió viéndola a los ojos y una corriente le recorrió la columna.

Por un instante se hizo un pequeño silencio, no fue incómodo sino solo tranquilo.

—Entonces… ¿seguimos siendo amigos? —preguntó él con una sonrisa divertida.

Artemis levantó una ceja.

—Depende.

—¿De qué?

—De si admites que mi elección de pizza es superior.

—Jamás.

Ella soltó una risa.

—Entonces tendremos que discutirlo otro día.

La expresión de Christian se suavizó.

—Me gustaría eso—confesó y nuevamente Artemis sintió aquella misma sensación extraña que la había acompañado toda la noche.

Como si hubiese algo que él quería decir y todavía no encontraba el momento adecuado.

Pero antes de que pudiera analizar nada, Christian habló nuevamente.

—Sabes, eh… Bueno, el fin de semana tendremos un asado en casa de mis padres, yo…—hizo una pausa rascándose el cuello y ella alzó las cejas levemente, porque le pareció que la invitación se volvía más personal.

¿Realmente la invitaba a casa de sus padres? Eso sonaba más serio. Ella lo pensó unos segundos sin darse cuenta que Christian aún buscaba las palabras para proseguir.

—Bueno, en realidad es bastante informal, pero no tienes que ir sino quieres, es…

—Tranquilo, no debes explicarme tanto. En realidad me gustaría—respondió finalmente y la sonrisa de él se expandió. Eso hizo que ella notara un gesto distinto donde en su mejilla izquierda se formaba un hoyuelo realmente atractivo. Lo ignoró desviando la atención a otro punto de su rostro porque aquella gesticulación la había descolocado un poco.

—Eso es genial, de verdad te vas a divertir—expresó intentando controlar la emoción que lo envolvió.

—Seguro que sí. De nuevo gracias Christian—contestó con amabilidad, abrió la puerta del vehículo y bajó, no sin antes despedirse una vez más de él.

Las luces del auto iluminaron brevemente la entrada de su casa. Christian esperó hasta verla llegar a la puerta.

Solo entonces levantó una mano en señal de despedida y arrancó.

Artemis observó cómo el vehículo desaparecía calle abajo y cuando finalmente soltó un suspiro y giró para entrar a casa… Se congeló.

Porque alguien estaba apoyado contra la cerca de su jardín.

Al principio la oscuridad ocultó parcialmente su figura.

Pero solo durante un segundo lo reconoció inmediatamente. Por supuesto que lo conocía a la perfección, esa forma de proyectar un ego inquebrantable aún en silencio solo era característica de él.

Ella notó la camiseta negra, los brazos cruzados revelando músculos marcados por el entrenamiento. Mantenía una postura relajada y esos ojos oscuros que parecían verla incluso desde la distancia.

Gael. El hombre más insufrible del planeta y su tortura personal.

El corazón le dio un vuelco tan brusco que casi se molestó consigo misma.

—No puede ser —murmuró entre dientes rebuscando las llaves de su casa en la bolsa que traía.

Él se separó de la cerca lentamente.

—Buenas noches, entrenadora—expresó con una sonrisa de medio lado.

Artemis abrió la puerta de su casa con rapidez.

—No—dijo apresurada en terminar eso antes que iniciara.




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