Capítulo 17 —
Artemis permaneció inmóvil contra la puerta durante varios segundos.
El silencio de la casa la envolvió lentamente, pero no consiguió tranquilizarla. Al contrario. Era como si el eco de la voz de Gael todavía siguiera flotando alrededor de ella, recorriéndole la piel de una forma insoportablemente viva.
Cerró los ojos con fuerza.
Perfecto.
Simplemente perfecto.
Porque después de una noche tranquila, agradable y absurdamente normal con Christian... Gael había aparecido para desordenarle otra vez la cabeza y odiaba eso. Odiaba el efecto que tenía sobre ella.
Se apartó finalmente de la puerta y dejó las llaves sobre la mesa de la entrada con más fuerza de la necesaria. El sonido metálico rompió el silencio. Pensó que necesitaba dormir, eso era todo.
Dormir, olvidar aquella conversación y levantarse al día siguiente como una persona funcional que definitivamente no estaba pensando en los ojos oscuros de un hombre insoportable apoyado en la cerca de su jardín.
"No Artemis, finge que no es cierto que pierdes la cabeza cuando vez sus ojos"
Subió las escaleras quitándose los zapatos a mitad del camino. Mientras ese pensamiento odioso la atormentaba.
La casa estaba tibia, tranquila, iluminada apenas por algunas lámparas tenues que había dejado encendidas antes de salir. Pero incluso así sentía el pecho demasiado inquieto, como si muy adentro reconociera la respuesta, pero era tan peligrosa que ni siquiera podía pensarlo.
Cuando llegó a su habitación soltó un largo suspiro y se dejó caer sentada al borde de la cama.
Entonces ocurrió lo peor. Pensó en ambos, Christian y Gael. La diferencia entre ellos era tan absurda que casi le daban ganas de reír porque Christian era estabilidad, cortesía y seguridad. A diferencia de Gael que era exactamente lo contrario. Un desastre o un incendio forestal que amenazaba con quemar la ciudad entera.
Lo peor de todo, era que a Artemis le empezaba a atraer ese fuego y estaba obviando las consecuencias de ese incendio.
Porque definitivamente él era la clase de hombre que parecía entrar en un lugar solo para comprobar cuánto tardaba en destruir el equilibrio de todos los presentes.
No obstante de nuevo y aun así...
Apretó los labios, aun así su corazón no había reaccionado igual con Christian y eso era lo que más rabia le daba.
Porque Christian había sido amable toda la noche. Dulce. Atento. La hizo reír. La escuchó hablar como si cada palabra tuviera importancia. Incluso parecía nervioso al invitarla a casa de sus padres.
Con él se sentía cómoda y con Gael se sentía viva de una forma mucho más peligrosa.
Artemis se dejó caer hacia atrás sobre el colchón cubriéndose el rostro con ambas manos.
—Necesito terapia —murmuró hacia el techo.
Porque claramente algo estaba mal con ella.
Demasiado mal.
Su teléfono vibró sobre la mesa de noche y lo tomó esperando distraerse.
Christian.
Sonrió apenas al abrir el mensaje.
Christian:
"Espero que hayas entrado sana y salva. Y sigo sosteniendo que la mejor pizza de Nueva York es la de Brooklyn."
Una pequeña risa escapó de sus labios.
Artemis:
"Tu opinión sigue siendo incorrecta."
La respuesta llegó casi de inmediato.
Christian:
"Eso dolió."
Ella negó con la cabeza mientras sonreía sin darse cuenta.
Christian:
"Gracias otra vez por venir conmigo esta noche."
La sonrisa de Artemis se suavizó un poco.
Porque ahí estaba nuevamente esa sinceridad tranquila que él tenía sin juegos o tensión calculada. Sin esas miradas que parecían querer arrancarle pensamientos directamente de la cabeza.
Simplemente honestidad.
Artemis:
"Yo también la pasé bien."
Observó la pantalla unos segundos después de enviarlo.
Y por alguna razón... sintió culpa. Ella no podía comprender por qué, ya que ni siquiera tenía motivos.
Christian no era nada suyo.
Gael tampoco.
Pero aun así aquella sensación incómoda seguía instalada en su pecho. Por lo cual lanzó el teléfono a un lado antes de que su mente continuara arruinándole la paz.
Definitivamente necesitaba dormir para borrar de su mente todo el embrollo que se le había vuelto conocer a Gael.
...
A la mañana siguiente, Artemis descubrió que dormir no había servido absolutamente de nada.
Porque él seguía en su cabeza y eso la irritaba profundamente. Se fue directamente a la cocina para preparar un café y con fortuna empezar el día pensado en una bebida caliente con un anhelo profundo de que le borrara la memoria.
Era mucho pedir eso…
El gimnasio estaba particularmente lleno aquella mañana, ya que se acercaban las nacionales y todos de preparaban, aunque ya se sabía quién era el ganador antes de que iniciara aquel evento importante. Gae… No, no pensaría en ese nombre porque ya estaba harta de que él viviera en su cabeza 24/7 de forma gratuita y permanente.
El sonido constante de las máquinas, la música de fondo y las conversaciones mezcladas creaban el caos que ella estaba acostumbrada a ver solo en las tardes porque ese lugar de mañana era un desierto, y en cierto modo Artemis sabía que a todos en ese lugar les faltaba disciplina. Ella caminaba revisando unas rutinas en la tablet intentando concentrarse únicamente en el trabajo.
Y lo estaba logrando finalmente, después de semanas sin tener un momento de descanso mental.
Hasta que escuchó unas risas femeninas cerca del área de peso libre y en realidad no iba a mirar, de hecho estaba dispuesta a ignorarlas, empero fue esa voz conocida lo que la hizo voltear el rostro.
Levantó la vista sin intención alguna de buscarlo, pero fue un gravísimo error porque ahí estaba él.
Gael tenía una camiseta gris ajustada que marcaba cada músculo de sus brazos y espalda mientras acomodaba unas pesas como si el mundo entero no estuviera mirándolo descaradamente.