Más allá del ring

El fuego que amenaza con quemar la ciudad

Capítulo 18 —

Toda la tarde fue un desastre.

Artemis intentó convencerse de que podía seguir con normalidad después de lo ocurrido aquella mañana, pero cada vez que bajaba la vista a una rutina de entrenamiento o revisaba alguna tabla de rendimiento, terminaba recordando la forma en que Gael la había mirado.

“Empezó a importarme más de lo que debería.”

Que hombre tan insoportable.

Ni siquiera había tenido la decencia de decir algo razonable, no. A diferencia la dejo con esa frase capaz de perseguirla durante horas. Resopló por quinta vez mientras cerraba la laptop sobre la mesa del comedor.

Su concentración estaba oficialmente muerta, porque cada vez que cerraba los ojos Gael estaba ahí y ella se odiaba por permitirlo.

Él era un problema con el que tenía que lidiar y era uno enorme. Uno con sonrisa arrogante, ojos peligrosos y una habilidad sobrenatural para desordenar todo lo que ella llevaba años manteniendo bajo control.

Tomó una taza de café intentando despejarse, pero ridículamente no funcionó, miró por la ventana y que sorpresa, tampoco funcionó. Por último abrió un libro, pero leía la misma línea porque se distraía prácticamente al instante. Nada funcionaba y empezaba a sentirse atrapada, incapaz y desde luego muy vulnerable.

Su teléfono comenzó a sonar y apenas vio la pantalla encendida notó que era Christian. Artemis parpadeó y contestó inmediatamente.

—¿Hola?

—Por favor dime que no olvidaste qué día es hoy—preguntó en un tono que se sentía un poco cargado de humor. Ella frunció el ceño.

—¿Qué…?—interpeló ceñuda, pero hubo un silencio y entonces la realidad la golpeó como un camión, los ojos se le abrieron de golpe.—Oh no.

Christian soltó una carcajada.

—Sí. Exactamente esa fue mi reacción cuando pensé que quizá lo habías olvidado—mencionó y Artemis cerró los ojos.

Era perfecto, simplemente perfecto. Entre el caos que Gael había provocado en su cabeza había olvidado algo fundamental. Aquella noche era la segunda pelea clasificatoria y la última antes de disputar el título. Ese idiota no se había tomado el tiempo de ni siquiera recordarle algo tan relevante como eso.

Desde luego que lo golpearía de nuevo el las pelotas.

Ese día era importante porque ahora ella debía estar allí. No como espectadora sino como la entrenadora oficial de Gael.

—No puedo creer que lo olvidé.

—Tranquila —rió Christian—. Todavía tienes tiempo.

—No debería haberlo olvidado—se condenó así misma.

—Artemis…

—Es importante.

—Lo sé. Pero no te auto castigues, lo importante es que ya lo sabes y estarás ahí—expresó él con suavidad, pero ella se pasó una mano por el rostro. No podía seguirse permitiendo estar así de distraída, de lo contrario empezaría a ser obvio que algo pasaba entre ella y Gael.

La culpa apareció de inmediato porque aquello sí era importante, era su trabajo y responsabilidad y lo había sacado completamente de su cabeza.

—Voy para allá—dijo poniéndose de pie inmediatamente.

—Sabía que dirías eso. Te veo en un rato.

—Christian.

—¿Sí?

—Gracias por llamar.

—Para eso estoy—respondió con amabilidad.

La sonrisa suave en su voz hizo que la culpa aumentara todavía más.

—Nos vemos en el gimnasio.

—Te veré allá apenas salga de la oficina—se despidió él.

Cuando la llamada terminó, Artemis soltó un largo suspiro y avanzó para cambiarse de ropa e ir directamente al gimnasio. Era hora de dejar de comportarse como una adolescente confundida porque tenía una pelea que preparar. Y un boxeador extremadamente problemático que supervisar.

Media hora después cruzó las puertas del gimnasio el lugar estaba mucho más tranquilo que durante la mañana. Algunos terminaban sus rutinas y otros recogían equipo, las luces blancas iluminaban el enorme espacio y allí estaba él esperándola como si hubiera sabido exactamente cuándo llegaría.

Gael estaba sentado sobre el borde del ring con los antebrazos apoyados sobre las rodillas. Al verla entrar levantó la cabeza y sonrió con esa sonrisa lenta y satisfecha que solía usar para enloquecerla.

—Vaya—empezó subiendo un poco más las comisuras de sus labios y al mismo tiempo con un brillo peligroso en sus ojos. Artemis ya conocía ese tono.

—Ni se te ocurra—dictaminó.

—Hoy debe ser Navidad—anunció con un toque divertido y ella suspiró.

—Gael…

—Recibo regalo doble en un mismo día—continuó, Artemis entornó los ojos por fuera. Porque por dentro algo traicionero se estremeció.

—No estoy para bromas—amenazó

—Qué sorpresa—contestó él acomodándose para acercarse a ella.

—Tenemos una pelea esta noche.

—Lo sé.

—Una importante.

—También lo sé—contestó como si eso en realidad ya estuviera bajo su completo control.

Artemis dejó la mochila sobre una banca.

—Entonces escucha bien—lo señaló con el dedo índice.

Gael cruzó los brazos.

—Te escucho.

—No arruines nada.

—Qué voto de confianza.

—Sigue exactamente todas las instrucciones que te he dado durante los entrenamientos—ordenó y la sonrisa de él se ensanchó. Y aquello hizo que Artemis frunciera el ceño, porque claramente estaba pensando en algo que no tenía nada que ver con puños ni patadas.

—¿Qué es tan gracioso?—espetó frunciendo el entrecejo.

—Nada.

—Gael.

—Nada, entrenadora—sostuvo él con tranquilidad y ella volvió a soltar aire por la nariz.

—Estoy hablando de la pelea—sintió la necesidad de aclarar.

—Yo también—respondió, pero aún mantenía esa expresión juguetona que desde luego lo delataba, él pensaba en otra cosa y claramente le estaba mintiendo.

Gael dio un paso hacia ella, pero Artemis retrocedió automáticamente. La sonrisa de él se volvió más divertida.

—¿Tan rápido me tienes miedo?—cuestionó ceñudo

—No te tengo miedo—respondió tan rápido que la voz le tembló un poco.




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