Capítulo 20 —
La noche había sido horrible.
Y el amanecer no había mejorado absolutamente nada.
Artemis había llorado hasta quedarse dormida en algún momento de la madrugada, agotada física y emocionalmente. Ni siquiera recordaba cuándo había cerrado los ojos por última vez, solo sabía que al despertar todo seguía ahí, el dolor, la culpa y confusión uniéndose como un huracán que amenazaba con destruirla por dentro.
Ahora estaba sentada en el sofá de su sala, envuelta en un enorme pijama gris, con el cabello recogido de cualquier manera y una taza de café frío abandonada sobre la mesa.
La televisión permanecía encendida únicamente porque el silencio la estaba volviendo loca y eso era un terrible error porque tampoco ayudaba.
—Y continúa la polémica tras la explosiva victoria de Gael Thomas en el evento de anoche…
—Ay, por favor…—gruñó. Artemis tomó un cojín y se cubrió el rostro.
Las noticias seguían hablando de la pelea, de la agresividad de Gael. Aquella advertencia del árbitro
Y por supuesto… De ella.
Las imágenes aparecieron nuevamente en pantalla como una burlesca forma de decirle en su cara que era una completa idiota. Siempre ahí, justo el momento en que entraba a la jaula y le había sujetado el rostro a Gael para intentar calmarlo y que no terminara asesinando a su rival.
El comentarista siguió hablando.
—Las redes sociales continúan especulando sobre la relación entre el campeón y su entrenadora…—expresó mientras su mirada parecía ir exactamente hacia ella.
Artemis lanzó el cojín directamente contra el televisor.
—¡No tenemos una relación!—gritó exasperada. El aparato siguió funcionando tranquilamente como si quisiera burlarse de ella.
Tomó el teléfono, pero esa fue una peor idea todavía porque las redes sociales estaban llenas de videos, fotografías, titulares e incluso memes de ellos dos.
Los comentarios eran la peor parte porque todo el mundo parecía haber decidido que aquello era asunto suyo.
”¿Entrenadora o nuevo amor?”
“La única persona capaz de controlar a Gael.”
”¿Romance secreto?”
“La mirada entre ambos no pasó desapercibida.”
Artemis cerró la aplicación y finalmente lanzó el teléfono sobre el sofá. No iba a seguir sufriendo, necesitaba dejar eso ya o se volvería loca.
—Estoy harta—soltó mientras se dejaba caer hacia atrás. Sus ojos se concentraron en el techo y luego en el reloj que marcaba las 4:00 PM.
No había sabido nada de Christian, ni de Gael, pero honestamente deseaba que siguiera así. Porque no tenía energía para lidiar con ninguno de los dos, ni siquiera tenía la fuerza para soportarse así misma y mucho menos a los problemas que ellos dos en la misma sala podían ocasionarle.
⸻
Más tarde sonó el timbre, Artemis se incorporó con desgano.
—Por fin—declaró mientras arrastraba los pies hasta la puerta.—Más te vale que esté caliente porque llevo más de treinta minutos esperando… Abrió y se quedó congelada—…la pizza.
No era el repartidor, era Christian quien se hallaba frente a la puerta de su casa, tan impecable como siempre, correcto e insoportablemente atractivo.
Aunque aquella vez había algo distinto en él, era una expresión de alguien que lucía más cansado, con ese tipo de tristeza que es imposible de ocultar. Ella parpadeó dos veces.
—Christian—dijo su nombre entre sorprendida y nerviosa. Él sonrió apenas y aquella sonrisa parecía pesarle.
—Hola—contestó
—¿Qué haces aquí?—fue lo primero que le salió, la verdad no quería parecer grosera preguntando eso, pero estaba un poco en shock. Él metió las manos en los bolsillos, se notaba algo nervioso
—¿Puedo pasar?—pidió con amabilidad y ella tardó apenas un segundo en reaccionar.
—Sí. Claro.— se hizo a un lado—Pasa—Lo condujo hasta la sala y mientras caminaban añadió—Perdona las fachas—completó mientras señalaba su propia pijama—Necesitaba descansar.
Esta vez la sonrisa de Christian fue un poco más genuina.
—No tienes que disculparte.
—Créeme, sí debería.
—No—Su voz fue suave.
—Entiendo perfectamente—Artemis suspiró porque ella sentía que ese iba a ser un momento incómodo. Ambos tomaron asiento y por unos segundos ninguno habló, hasta que Christian tomó aire como alguien intentando encontrar el valor para iniciar una conversación difícil.
—No sé por dónde empezar.
—Yo tampoco, créeme que estoy haciendo un gran esfuerzo por mantenerme tranquilo porque estoy a un problema más de internarme en un manicomio.
Ella soltó una pequeña risa sin humor.—Toda esta situación me tiene agotada—admitió y Christian movió su cabeza de manera afirmativa.
—Lo imagino.
—No sé cómo demonios llegamos hasta aquí.
—Artemis—dijo su nombre como el forma de regaño porque el definitiva, él no toleraba que ella fuera tan dura consigo misma. Ella levantó la vista y Christian la observaba con una seriedad poco habitual.
—Se que no es la manera de iniciar esta conversación, pero…¿Sabes qué le pasó a Gael?—cuestionó. Artemis frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
—¿Conoces su historia?—volvió a preguntarle, y aunque ella imaginaba que quizás no podía ser color de rosas, a fin de cuentas todos tenían un pasado oscuro, hasta ella huía de un pasado que no deseaba recordar, pero nada que no pudiera dejar de superar. Así que negó lentamente y entonces Christian comenzó a hablar.
⸻
Mientras escuchaba, Artemis sintió cómo algo dentro de ella se iba rompiendo poco a poco, porque cada palabra, recuerdo y detalle la golpeaba con fuerza.
—Nos conocemos desde hace muchos años—inició mientras mantenía la mirada fija en algún punto de la sala.—Mucho antes de que se volviera famoso—comentó y Artemis permaneció en silencio.—Hace unos días vio a su padre—señaló y aquello hizo que ella recordara inmediatamente el restaurante de cómo la expresión de Gael había cambiado, su reacción había sido distinta porque en el rostro de él solo existía furia y de pronto todo encajó de golpe.